La presentación de la nueva novela de Jaime de los Santos, El evangelio según Caravaggio, convirtió este miércoles la Consejería de Cultura en un lugar para la reflexión y el diálogo, donde la figura del pintor barroco sirvió como hilo conductor para pensar el arte, la verdad y las tensiones que atraviesan a las sociedades de ayer y de hoy. Lejos de un acto estrictamente literario, el encuentro se articuló como una conversación abierta sobre la condición humana, la creación artística y la mirada crítica sobre el mundo.
El autor fue introducido por el vicepresidente de la Ciudad Autónoma, Miguel Marín, que se encargó de su presentación a través de su biografía, y por la actriz Alejandra Acedo, quien condujo el intercambio con el escritor. El acto contó con la presencia de representantes políticos de la Ciudad, entre los que se encontraba la consejera de Cultura, Fadela Mohatar, a la que Jaime de los Santos se refirió destacando la visión compartida del "poder transformador de las Bellas Artes".
Desde el inicio, el escritor situó la narrativa en un plano íntimo, personal y reflexivo con tono elocuente y cercano. Habló de la necesidad que tiene de encontrar momentos de felicidad en medio de un mundo complejo y de cómo escribir se ha convertido para él en uno de esos espacios de bienestar. En la escritura, de los Santos encuentra placer, evasión y desconexión, una manera de apartarse de los “enredos” que, a su juicio, sostienen muchas de las dinámicas del presente, no solo en el ámbito político en el que se desenvuelve.
Esta novela es la segunda del autor, tras Si te digo lo que hice, y es el resultado de 17 meses de trabajo en los que se sumergió en la vida de Caravaggio y en el contexto histórico que lo rodeó, también en las personas que lo acompañaron en vida. Más allá de dar forma narrativa a la figura del pintor, Jaime de los Santos planteó la obra como una reivindicación de la verdad como parte imprescindible para comprender a Caravaggio y su obra. En ese sentido, abordó cómo el artista fue denotado por sus contemporáneos por su genialidad. Unos acontecimientos que generaron sombras y leyendas que han perdurado siglos. Caravaggio ha sido definido a lo largo del tiempo a partir del relato del momento en el que vivió, especialmente en lo relativo a la violencia y a su orientación sexual. Sobre lo primero, de los Santos sostuvo que no fue más violento que la propia sociedad occidental del Barroco; sobre lo segundo, explicó que se trata de una interpretación ligada a determinados retratos de figuras masculinas realizados en una etapa concreta de su trayectoria artística.
En la novela, y durante el conservatorio de este miércoles, adquiere un papel fundamental Costanza Colonna, una figura imprescindible en la vida del pintor y también en el relato que construye el escritor. Colonna, que dio cobijo y apoyo a Caravaggio, representa para Jaime de los Santos una feminista que lo fue por su coherencia vital, por su manera de actuar, de pensar, de leer y de relacionarse con el mundo.
El conservatorio con Alejandra Acedo permitió ampliar la reflexión hacia el concepto del amor. El escritor se alejó de una visión romántica, que vinculó a la sociedad posmoderna occidental, para hablar de un amor que sostiene como el que marcó la relación entre Colonna y Caravaggio. “Dar espacio al que tiene que brillar, para que brille”, concretó de los Santos.
Junto a ella, el escritor rescata también a Pierre Paolo Pasolini como una referencia clave para entender determinadas miradas sobre el arte y la verdad. Convirtiéndose esta última en uno de los ejes centrales de la presentación del libro. Para Caravaggio, explicó el autor, la verdad era la única forma posible de entender el mundo. Su pintura retrataba la vida que tenía delante: mujeres prostituidas, pescadores, albañiles, escenas cotidianas que rompían con los cánones idealizados y que resultaban incómodas para los poderosos de su tiempo, en pleno contexto de Contrarreforma. Esa manera de representar la realidad fue percibida como una provocación y una falta de respeto por parte de las élites.
Durante el encuentro también se habló de la genialidad del artista y de la mediocridad que lo rodeó, una mediocridad que, según se señaló, tiende a cercar aquello que deja al descubierto las propias vergüenzas y que condicionó la vida del artista. A pesar de ello, el talento de Caravaggio evitó que su obra se perdiera, aunque el reconocimiento pleno no llegaría hasta siglos después.
“La verdad, a veces sorprende, a veces incomoda”, recordó Jaime de los Santos ante el público. Sus palabras dejaron una reflexión sobre los estereotipos que aún persisten, sobre los espacios que se evitan para no enfrentarse a la verdad y sobre la necesidad de asumir una mirada honesta y compleja sobre el ser humano, una mirada que conecta la obra de Caravaggio con los desafíos del presente.








