• Contacto
  • Barcos
  • Portal del suscriptor
viernes 17 de abril de 2026   - 02:34 CEST
El Faro de Melilla
  • Sucesos
  • Frontera
  • Tribunales
  • Sociedad
  • Cultura
  • Educación
  • Política
  • Deportes
  • Marruecos
  • Opinión
Sin resultados
Ver todos los resultados
El Faro de Melilla
  • Sucesos
  • Frontera
  • Tribunales
  • Sociedad
  • Cultura
  • Educación
  • Política
  • Deportes
  • Marruecos
  • Opinión
Sin resultados
Ver todos los resultados
El Faro de Melilla
Sin resultados
Ver todos los resultados
Inicio » Noticias

Isabel Oses, la última nacida en Chafarinas, cumple 100 años

Un recorrido por la vida de una mujer con coraje, que ha vivido un siglo lleno de injusticias, amor, pérdidas y triunfos con fuerza y dignidad

por Carmen González
04/01/2026 09:00 CET
Isabel Oses, la última nacida en Chafarinas, cumple 100 años

Compartir en WhatsappCompartir en FacebookCompartir en Twitter

Isabel Oses Huertas cumple hoy cien años. Cien. La cifra impresiona por sí sola, pero aún más cuando se sienta frente a ti, te mira a los ojos, recuerda fechas, nombres, escenas minúsculas de hace ochenta o noventa años y las cuenta con una claridad y una ironía que descolocan. No hay rastro de niebla en su memoria ni solemnidad en su manera de estar. Hay vida. Mucha vida. Y una lucidez que obliga a escucharla con atención, casi con respeto reverencial.

No hay discursos aprendidos. Isabel habla como ha vivido. Sin rodeos, con franqueza y con una energía serena que explica, en gran parte, cómo se llega al siglo de vida con la cabeza tan bien amueblada.

Isabel no solo celebra un siglo de existencia. Celebra también una condición única. Es la última persona nacida en las islas Chafarinas, un territorio español hoy sin población civil, reducido a guarnición militar y científicos. Con ella se cierra una página de la historia humana de aquel archipiélago. Cuando Isabel falte —y nadie se atreve a poner fecha— no quedará nadie que pueda decir “yo nací allí”.

Su vida es, por tanto, también la crónica de un lugar desaparecido, de una forma de vivir extinguida y de una memoria que se mantiene gracias a voces como la suya.

“Me llamo Isabel Oses Huertas. Nací el 4 de enero de 1926. Antes de ayer”, dice entre risas, con ese humor fino que aparece una y otra vez a lo largo de la conversación. Cuando se le recuerda que va a cumplir 100 años, responde sin aspavientos. “Ya, y tan ya”. Esa es Isabel, consciente del tiempo, pero no aplastada por él.

Nacer en Chafarinas

Isabel nació en la isla de Isabel II, la única habitada del archipiélago de las Chafarinas, situado a apenas dos millas de la costa africana. Allí vivió hasta los ocho años. Ocho años que, al evocarlos, se convierten en un refugio emocional al que vuelve constantemente. "Fue una infancia muy feliz", recuerda Isabel.

“Aquello era una delicia. Todos los días en la calle. Mucho mar. En Chafarinas, donde te pongas, ves el mar”, recuerda. La infancia en la isla era libertad, naturaleza y agua. Mucha agua. “Allí no tenías más remedio que aprender a nadar. Yo estaba todos los días en el agua”.

El tiempo parecía medirse de otra manera. La comunidad era pequeña y estaba muy unida. “La isla entera éramos familia”, resume. Su padre, Antonio Oses, era funcionario de Aduanas. Su madre, Isabel, se ocupaba del hogar, como tantas mujeres de su generación. "No quedaba otra", decía apenada.

Su madre era natural de Málaga y pertenecía a una familia formada por cinco hermanas, sin ningún varón. Una de ellas residía en Melilla, y fue precisamente ese vínculo el que marcó el inicio de una historia que Isabel recuerda con especial cariño.

En uno de aquellos viajes en barco, el mal tiempo impidió que la embarcación atracara en Melilla y tuvo que refugiarse en las islas Chafarinas. Allí, casi por azar, su madre conoció al que sería su futuro marido, el padre de Isabel. A partir de ese encuentro inesperado nació una relación paciente y sólida. Estuvieron ocho años de novios.

Isabel fue una de cuatro hermanos, aunque la vida se encargó de reducir ese número demasiado pronto. Uno de ellos, Pepito, murió antes de que ella naciera. Otro, Antoñito, falleció cuando Isabel tenía apenas ocho meses. “De esos no tengo recuerdos”.

Su hermano Paco sí fue una figura central en su vida. Sacerdote, entregado hasta el extremo, vivió para los demás. “No he visto a una persona más entregada”, dice con orgullo. Fue capellán del cementerio, recorrió pueblos, vivió con austeridad absoluta. Cuando murió, le dedicaron una calle. Isabel aún habla de él con una mezcla de admiración y nostalgia.

La familia Oses

Hablar de Isabel es hablar también de la familia Oses, una de las sagas más ligadas a la historia de las islas Chafarinas. Desde que en 1871 Francisco Oses Cortés, más conocido como Curro, se estableciera allí con su familia, los Oses echaron raíces en la roca. El escritor Francisco de Cossío escribió que “la historia de Chafarinas y la historia familiar de los Curros marchan paralelas”, porque no había suceso importante en la isla en el que no estuvieran presentes.

Los Oses fueron pescadores, tenderos, hombres y mujeres de mar. Su abuelo, destinado inicialmente a Alhucemas y después a Chafarinas, se jubiló del ejército y montó una tienda con la que sacó adelante a doce hijos. “Yo no me explico lo que han hecho con Chafarinas. Cómo se ha abandonado todo aquello”, lamenta Isabel.

Hoy, las islas solo están habitadas por militares, guardas y científicos. Donde hubo tiendas, escuela, familias y hasta una fábrica de conservas, queda el silencio. Sus abuelos están enterrados en la isla del Congreso, en el pequeño cementerio al que se accedía en barca.

“De Chafarinas ya no queda nada”, dice con una mezcla de resignación y tristeza. “Yo creo que soy la última. Por lo menos, la más vieja”.

El traslado a Melilla

La marcha de Chafarinas no fue por elección. Cuando su hermano tuvo que empezar el bachillerato, la familia se trasladó a Melilla. En la isla solo había educación primaria. “No era como ahora. Así que nos vinimos a Melilla, y ya de aquí no me he ido”.

El cambio fue grande, pero Melilla terminó siendo su hogar definitivo. Allí estudió, se formó y empezó a construir una vida marcada por un coraje poco común para una mujer de su tiempo.

Isabel fue deportista en una época en la que no era habitual que las mujeres lo fueran. Practicó baloncesto —llegó a formar parte de la selección nacional—, natación, hockey, remo, piragüismo, esgrima. “Yo me metía en todo”, dice sin darle importancia.

Recuerda competiciones, campeonatos y viajes. “Antes había aquí más deportes de los que parece que hay ahora”.

Isabel reconoce, entre risas, que en el instituto no era especialmente aplicada en todas las asignaturas. “Entre el diez que sacaba en idioma y el diez en educación física, hacía la media. Geografía podía quedarse en un tres, pero aprobaba". Lo cuenta sin pudor, con esa sinceridad que solo da el paso del tiempo. No presume de brillantez académica, pero sí de haber sabido salir adelante.

Mujer con coraje

Isabel fue funcionaria de sindicatos durante cinco años. Aprobó una oposición local en 1951. El episodio de su acceso a la función pública resume como pocos su carácter firme y su negativa a aceptar injusticias.

Isabel realizó el examen en Melilla para dos plazas y obtuvo el número uno. Sin embargo, pasaban los meses y nadie la llamaba. Fue entonces cuando una trabajadora de la administración del sindicato le advirtió de algo insólito. Su nómina estaba llegando, pese a que ella no estaba ejerciendo. Al reclamar explicaciones al delegado local, la respuesta fue tan clara como descarnada: "No quiero mujeres en el puesto".

Lejos de resignarse, Isabel decidió dar un paso que, en su época, muy pocas se atrevían a dar. Viajó sola a Madrid y expuso su caso ante el delegado nacional de personal. La reacción fue fulminante. El responsable local fue reprendido, Isabel se incorporó de inmediato a su puesto de trabajo y cobró todos los atrasos correspondientes. “Me eché para adelante”, dice, como si fuera lo más natural del mundo.

Ese carácter decidido la acompañaría siempre. También le tocaría enfrentarse a otra norma injusta de la que no pudo librarse. Al casarse, debía renunciar a su trabajo. “Las cosas tan raras que había”, resume.

El amor

En el trabajo conoció a su marido, Pedro, jefe de la oficina de colocación. La historia de amor fue tan recta como honesta. Cuando empezaron a salir, pidieron que los separaran de puesto. Fueron novios durante cinco años. Se casaron en 1956, cuando Isabel tenía casi treinta años, algo poco común entonces.

Quisieron que los casara su hermano, sacerdote y esperaron a que cantara su primera misa. La boda fue en la iglesia del Sagrado Corazón. “Todo el mundo llorando. Fue una ceremonia preciosa’”, recuerda.

Habla de su marido con una mezcla de ternura y admiración profunda. “Era una persona excepcional. Los hombres antes no hacían nada en casa y el me ayudaba con todo”. Pedro falleció hace más de treinta años por cáncer de Colon, tras una larga enfermedad. Isabel lo cuidó día y noche. “Yo no me moví de su lado”.

Pedro cumpliría este 2026 también 100 años y aunque no esté en cuerpo presente, seguro que desde donde esté estará celebrando el cumpleaños de Isabel y viendo la bonita familia que formaron.

Familia

La vida familiar no estuvo exenta de dolor. Tuvo un hijo que falleció con dos años y otro con 31. Además, tuvo dos abortos, uno espontáneo y otro provocado por el contacto accidental con un medicamento contraindicado para embarazadas.

"Tenía una vecina que yo era su paño de lágrimas. Ella no sabía leer. Un día recibió una carta acompañada de un medicamento y me pidió que se lo leyera para entender las instrucciones. El prospecto estaba mojado por el medicamento y cuando lo leí ponía mucho cuidado con las embarazadas y que no se tocara". Isabel no vio esa advertencia a tiempo, lo tocó sin saberlo y, poco después, sufrió un aborto. Lo cuenta sin dramatismos, con la serenidad de quien ha aprendido a convivir con el dolor.

Para ayudarla a superar esas perdidas vinieron sus dos hijas, Isabel Carolina y Rosa Isabel, ambas maestras. Y más tarde, seis nietos y tres bisnietos. Una familia amplia que es, en buena medida, su mayor orgullo.

Vida social

Durante años, Isabel fue una apasionada de las manualidades: cosía, hacía punto, ganchillo, bolillos y frivolité. Se reunía con amigas por las tardes: charla, café y labores. “Primero el chismorreo, claro”, bromea.

Se hizo incluso su propio traje de novia. “Dicen que da mala suerte, pero a mí no me dio ninguna”.

Hoy ya no cose, pero sigue leyendo, informándose y hasta utilizando el móvil con WhatsApp. Se adaptó sin problemas a la tecnología. “Es fácil”, dice, restándole importancia.

Viajó mucho, tanto por deporte como acompañando a su marido en reuniones. Recorrió buena parte de España. Estuvo cinco meses en el Castillo de la Mota, en Medina del Campo, en un curso de formación femenina. “Allí aprendí de todo. Cultura, monumentos, historia".

Mantiene recuerdos vivos de amistades que duraron décadas. Hace poco recibió la visita de una compañera de colegio a la que no veía desde hacía setenta años. “Vino expresamente a verme”, dice emocionada. Eso, para Isabel, es la prueba de haber vivido bien.

El secreto

¿A qué atribuye llegar a los cien años? Isabel no duda. “A haber nacido en Chafarinas. Y al agua de allí”. Cree firmemente en el efecto del mar. También en la genética.  Las mujeres de su familia fueron longevas. “La más joven murió con 95 años”.

Pero hay algo más. Una forma de entender la vida. “Las cosas malas no puedes olvidarlas, pero no hay que estar constantemente recalcándolas. Es mejor guardarlas. Las buenas, esas sí me gusta compartirlas para animar a la gente”.

La huella de Isabel

Cuando se le pregunta cómo le gustaría ser recordada, responde con sencillez. “Como una buena persona. No creo haberle hecho mal a nadie”.

Isabel Oses Huertas cumple cien años siendo testigo vivo de un siglo, de una isla desaparecida y de una manera de estar en el mundo basada en el coraje, la alegría y la honestidad. Es la última nacida en Chafarinas, pero también es memoria, carácter y ejemplo. Una mujer moderna antes de que la modernidad tuviera nombre.

Tags: Noticias de Melilla

RelacionadoEntradas

Melilla inaugura en la Plaza de las Culturas la escultura ‘Nuevo Mundo’

hace 39 minutos
Firma del convenio de colaboración entre el Gobierno de Melilla y la asociación Activas.

El Gobierno local renueva su convenio con Activas para impulsar el emprendimiento femenino

hace 2 horas
Portavoz Juventudes Socialistas

Juventudes Socialistas acusan a Acedo de “alimentar el miedo” sobre migración

hace 3 horas
Melilla

Ya son seis los detenidos en la operación antiyihadista en Melilla

hace 3 horas
Sagrado Corazón

El Sagrado Corazón organiza un taller infantil para acercar el cirio pascual a los más pequeños

hace 3 horas
Melilla

La Administración General del Estado aplica la jornada laboral de 35 horas semanales

hace 3 horas

Comments 3

  1. Manolo comentó:
    hace 3 meses

    ¡¡¡ Muchas felicidades, Doña Isabel !!!

  2. Rogelio Segura comentó:
    hace 3 meses

    Que gran historia..

  3. Cabrerizas comentó:
    hace 3 meses

    Un verdadero ejemplo de superación, tenacidad y una vida llena a plenitud.
    Me ha llegado Usted al corazón y muchas gracias por compartir parte de su vida.

Lo más visto

  • Melilla

    Ya son seis los detenidos en la operación antiyihadista en Melilla

    0 shares
    Share 0 Tweet 0
  • Inaugurado el nuevo puesto de control del puerto con una inversión de 447.000 euros

    0 shares
    Share 0 Tweet 0
  • Un lugar para quedarse: las Aulas de Mayores, más allá del aprendizaje

    0 shares
    Share 0 Tweet 0
  • Listas provisionales de 237 contratos de planes de empleo

    0 shares
    Share 0 Tweet 0
  • Imbroda critica el “paroxismo” por las lapas y el coste de su traslado de 50.000 euros

    0 shares
    Share 0 Tweet 0
  • Medio auditado por   
  • Contacto
  • Aviso legal
  • Términos de uso
  • Política de privacidad
  • Política de Cookies

Grupo Faro © 2023

Sin resultados
Ver todos los resultados
  • Sucesos
  • Frontera
  • Tribunales
  • Sociedad
  • Cultura
  • Educación
  • Política
  • Deportes
  • Marruecos
  • Opinión

Grupo Faro © 2023