Comienza una nueva semana en Melilla con una notable diferencia con respecto a las demás: los equipos de la Gran Movida siguen compitiendo para lograr la victoria en esta nueva edición. Recapitulando, el domingo se convocaron tres pruebas: la de “Kin-Ball” en la Plaza Multifuncional, un circuito de obstáculos en el Origen Box, y una kata de kárate en horario nocturno. En esta última, debían demostrar la originalidad y la compenetración a la hora de enseñar las secuencias de movimientos que llevaban algunos días preparando.
El lunes ha amanecido bastante nublado, pero eso no ha impedido el desarrollo de la prueba acuática de la mañana: una carrera de barcos. El encuentro se ha organizado para las 11:00 horas en la playa de San Lorenzo, y debían participar dos integrantes de cada equipo. Los grupos tenían que diseñar y construir una embarcación artesanal a partir de materiales reciclados o reutilizados. Tras una inspección técnica previa, los concursantes debían subirse al barco, remar hasta el punto de giro señalado y regresar a la salida.
La clasificación dependía del tiempo empleado para completar de forma correcta el recorrido. La creatividad, la capacidad de construcción, la flotabilidad, estabilidad y, como siempre, el trabajo en equipo, eran los criterios más importantes. En este caso, el respeto por el medioambiente tenía bastante peso en la prueba. Para su construcción se han empleado botellas y garrafas de plástico vacías, corcho, madera reutilizada, palés desmontados o piezas procedentes de ellos, cartón plastificado o protegido, cuerdas, bridas, redes resistentes… Si eran materiales seguros y no contaminantes, estaban permitidos por la organización.
Estaba absolutamente prohibido reunir embarcaciones o flotadores comerciales ya fabricados, evitando también elementos que pudieran resultar peligrosos para la prueba. Igualmente, las embarcaciones debían estar bien atadas y fijadas y ser, como ya se ha mencionado antes, de elaboración propia. Si se desprendía y caía algún residuo en la zona, los concursantes tenían que recogerlo o podían ser penalizados o descalificados. Momentos antes del inicio de la actividad, la organización ha realizado una inspección técnica para comprobar la flotabilidad, estabilidad o resistencia de la estructura, pudiendo sugerir ciertas modificaciones antes de su inicio.
Solo los dos miembros que participaban podían empujar la embarcación. Estaba autorizado el uso de remos normales y corrientes o creados por ellos mismos. El tiempo se detenía cuando el barco, con sus integrantes subidos a él, cruzaba la línea de meta, siempre que se cumpliera el recorrido correctamente. Se repartían de diez puntos a uno, en función del desarrollo de la prueba y del tiempo que se tardase en completarla. Al finalizarla, debían dejar todo limpio sin restos ni residuos de la propia actividad.
La prueba de tarde es “Efecto dominó”, en el Pabellón Guillermo García Pezzi a las 17:00 horas. Participa todo el equipo, con un tiempo de montaje de dos horas. El objetivo es diseñar y construir un gran recorrido de efecto dominó en el que una única acción inicial comience una reacción en cadena hasta llegar al final. Se valorarán la creatividad, ingeniería y complejidad de los mecanismos, así como la duración, que es el criterio de mayor relevancia en la puntuación final. De nuevo, sobre diez puntos.
Cada grupo dispondrá de un espacio delimitado para la construcción y solo hay un intento posible. Está prohibido intervenir de algún modo durante la reacción en cadena, que ha de ser continua. Los recorridos pueden ser en vertical u horizontal, con desniveles, rampas, plataformas, estructuras elevadas y mecanismos de cambio de dirección. Está permitido que surjan elementos decorativos y se generen efectos visuales o sonoros, y debe llegar a su fin con un elemento final claramente identificado.
En cuanto a los materiales empleados, la organización acepta fichas de dominó, piezas de madera, cartón o cartón pluma, corcho, botellas, tubos, canicas, pelotas, cuerdas, libros, vasos… Incluso piezas Lego, muñecos, interruptores mecánicos y elementos naturales. Por supuesto que deben ser seguros y no poner en peligro la propia seguridad ni la de los demás. Además, mecanismos como contrapesos, poleas, palancas, ejes y otros que incorporen efectos de gravedad o equilibrio para continuar el movimiento se pueden utilizar en la prueba.
Si el recorrido se detiene por completo antes de terminar, la participación del equipo también lo hace. El tiempo total medido en segundos juega un papel fundamental en la decisión final: a más tiempo, más puntuación. La originalidad, la complejidad técnica, la calidad de construcción, el valor artístico o el funcionamiento global de la estructura serán determinantes si hubiese un empate. Los equipos ya están preparándose después de la refrescante prueba de la mañana para este momento en el pabellón deportivo.
La última prueba, que se anunció en la noche del domingo, tiene que ver con los comercios de Melilla. La meta es que los equipos reúnan el máximo número de tickets posible de los distintos establecimientos con un importe de cero euros. Tienen todo el lunes para cumplir esta acción y presentarlos a la noche a la organización, que anotará los puntos correspondientes. De esta forma, el concurso demuestra su interés por cuestiones como la sostenibilidad y la economía local, que afectan a toda la ciudadanía. Porque en este gran concurso hay espacio para todo y todos.








