Cada año, cuando se acerca el final del Ramadán y los musulmanes se preparan para celebrar el Aid al-Fitr, vuelve a surgir una cuestión que cada vez se escucha con más frecuencia dentro de la propia comunidad islámica española. ¿Por qué el rezo colectivo de una de las celebraciones más importantes del calendario musulmán tiene que ser conducido por imanes procedentes de Marruecos?
La pregunta no nace del enfrentamiento ni del cuestionamiento de la fe, sino de una reflexión cada vez más extendida entre musulmanes españoles, muchos de ellos nacidos y criados en ciudades como Melilla. Son ciudadanos plenamente integrados en la sociedad española, con identidad propia y con un sentimiento creciente de que la práctica religiosa que desarrollan en su país debería estar guiada también por referentes formados aquí.
Hace apenas unos días se conocía que Marruecos ha enviado este año a 51 imanes a España para colaborar en los rezos del Ramadán. Se trata de una iniciativa que Rabat viene desarrollando desde hace años a través de sus instituciones religiosas con el objetivo de acompañar espiritualmente a su diáspora en distintos países.
Sin embargo, esta práctica empieza a ser vista por algunos fieles desde otra perspectiva. Muchos se preguntan si tiene sentido que una celebración tan importante para miles de musulmanes que viven en España siga dependiendo de la llegada de religiosos enviados desde otro país.
En Melilla, donde la presencia de ciudadanos españoles de confesión islámica es significativa y donde la convivencia entre culturas forma parte de la vida cotidiana, esta cuestión se plantea con especial claridad. Hay quienes sostienen que existen personas con formación teológica, conocimientos religiosos y capacidad suficiente para dirigir oraciones colectivas y pronunciar sermones en momentos tan señalados como el Aid al-Fitr.
Son hombres preparados, con estudios y trayectoria religiosa, que además comparten con los fieles el mismo contexto social y cultural. Conocen la realidad de la comunidad, hablan su mismo lenguaje y viven los mismos retos cotidianos que afrontan los musulmanes en España.
Algunos nombres incluso son mencionados en conversaciones privadas entre miembros de la comunidad. Y a modo de ejemplo se puede citar a Abderrahim Mohamed Hammú, Mustafa Abdeselam Mohamed, Abdeselam Hassan Abdeselam y Amaruch Mohamedi, todos ellos ciudadanos españoles muy vinculados a organizaciones como la Comisión Islámica de Mellilla, la Junta Islámica y la Comisión Islámica de España.
El debate de fondo no es religioso, sino institucional y comunitario. España cuenta con una Comisión Islámica que representa a los musulmanes ante el Estado. Si existe un órgano de representación dentro del propio país, hay quienes consideran legítimo preguntarse por qué debe intervenir un Estado extranjero en aspectos relacionados con la organización de la vida religiosa de quienes residen en España.
En este punto aparece inevitablemente el papel que Marruecos mantiene sobre su diáspora. Rabat ha desarrollado durante años una política activa para mantener vínculos culturales y religiosos con los marroquíes que viven fuera de sus fronteras. Esa estrategia incluye el envío de imanes y predicadores durante el Ramadán a distintos países europeos.
Pero la realidad social está cambiando. Entre los musulmanes que viven en España hay cada vez más ciudadanos con nacionalidad española, con arraigo en sus ciudades y con una identidad religiosa que se desarrolla dentro del marco de la sociedad española.
Por eso algunos consideran que ha llegado el momento de avanzar hacia una mayor autonomía religiosa. No para romper vínculos ni para negar la historia compartida, sino para reconocer que la comunidad musulmana en España tiene la madurez suficiente para contar con sus propios referentes.
Disponer de imanes formados en el propio país, conocedores de la realidad social española y capaces de guiar espiritualmente a sus comunidades sería, para muchos fieles, un paso natural en la evolución del islam en España.
Porque cuanto más fuerte y autónoma sea la comunidad musulmana dentro de la sociedad española, más sólida será también la convivencia entre todos los ciudadanos. Y esa convivencia, al fin y al cabo, es uno de los mayores valores de lugares como Melilla.









Es un disparate que en España haya imanes marroquíes que siguen la línea ideológica marcada desde Rabat y que estén financiados por el rey narcotraficante alauí. Hay que cortar todo vínculo con Rabat y estar MUY VIGILANTE en las mezquitas con los sermones que lanzan esos clérigos extranjeros al servicio del mayor enemigo exterior que tiene España