Saber que la juventud melillense se implica cada vez más en la celebración de la Semana Santa es una buena noticia para esta ciudad. Desde hace unos años a esta parte son muchísimos los jóvenes que participan en las cofradías, que colaboran con ellas en todo cuanto necesitan para preparar y realizar sus salidas procesionales. Sean labores de limpieza, de reparación, de penitentes, de portadores, de mantilla, etc., se va viendo cómo van tomando el relevo de sus mayores a la hora de mantener viva la tradición cristiana.
Es muy frecuente escuchar a estos chicos relatar que de pequeños, sus abuelos los llevaban año tras año a la salida de los pasos, a conocer las imágenes y su significado en la historia de Jesucristo, a recorrer las calles siguiendo las procesiones... Y ahora son ellos los que han recogido el testigo para que la belleza de la Semana Santa de Melilla brille cada vez más y no se pierda una de las manifestaciones estéticas más emblemáticas de su cultura.
Reconocía Joaquín Callejón, propietario de una mercería en Álvaro de Bazán, que, efectivamente, se ve un aumento en el número de chicas jóvenes que acuden a su tienda para comprar el atavío propio de las mantillas o "manolas", como han sido conocidas siempre en esta ciudad. Desde el vestido negro a medias, peinas y abalorios, Callejón dejaba claro que el aumento de las ventas y la juventud de las compradoras pone sobre la mesa que la tradición se renueva cada año. Y eso es realmente bonito.
Dejando a un lado el sentido profundo y religioso de la Semana Santa, si bien también se aprecia un incremento en el número de jóvenes que se acercan a la iglesia católica, la renovación al frente de quienes hacen posible las procesiones es algo esperanzador. Melilla, en ese sentido, se está viendo muy reforzada, un aspecto positivo de cara al futuro.








