"Una lluvia ligera fue suficiente para que el Río de Oro, en pleno centro de Melilla, se viera de nuevo convertido en una cloaca a cielo abierto". Así lo ha denunciado Guelaya-Ecologistas en Acción, que vuelve a alertar sobre la situación de la Estación de Bombeo de Aguas Residuales (EBAR), cuya incapacidad para funcionar correctamente ante precipitaciones mínimas provoca la liberación de aguas fecales sin tratar directamente al cauce fluvial.
La organización ecologista considera que este problema, lejos de resolverse, se ha cronificado ante la pasividad de las administraciones y constituye un grave riesgo ambiental y sanitario para la ciudad.
Según el comunicado emitido por Guelaya, los vertidos al río se produjeron la semana pasada tras una lluvia leve. Lejos de tratarse de un fenómeno meteorológico extremo, la situación se repite cada vez que llueve ligeramente en la ciudad.
En ese sentido alerta de que el sistema de saneamiento colapsa y lo que debería ser un flujo canalizado hacia la estación depuradora se transforma en un vertido descontrolado de residuos orgánicos, toallitas y aguas fecales al río, que desemboca directamente en el mar Mediterráneo. El foco del problema está, según afirman estos ecologistas, en la estación de bombeo situada en la desembocadura del Río de Oro, una infraestructura que "no está funcionando como debería, a pesar de haberse reformado hace apenas siete años".
La obra que conecta la EBAR con la estación depuradora de la Hípica se realizó en 2018, en el marco de los trabajos del carril bici del Paseo Marítimo. Sin embargo, desde Guelaya consideran que no ha cumplido su función.
La organización asegura que lleva meses intentando obtener información de la Consejería de Medio Ambiente a través del portal de transparencia sobre el número de bombas activas en la EBAR y su estado de funcionamiento, sin haber recibido respuesta hasta la fecha. Esta "falta de transparencia y de medidas correctivas" por parte de la administración refuerza, según denuncian, la "sensación de abandono institucional frente a un problema que vulnera la normativa ambiental europea".
La Directiva 91/271/CEE de la Unión Europea obliga a los Estados miembros a disponer de sistemas eficaces de recogida y tratamiento de aguas residuales urbanas. Para Guelaya, lo que ocurre en Melilla representa un incumplimiento flagrante de esta norma.
Los vertidos recurrentes ponen de manifiesto que la red de saneamiento de la ciudad es incapaz de separar las aguas pluviales de las fecales, lo que evidencia el uso de una red unitaria obsoleta que no responde a las exigencias legales ni ambientales del siglo XXI. El resultado, advierten, es un ciclo constante de contaminación que empieza en las calles y termina en las playas.
Los impactos son múltiples. Desde el punto de vista ecológico, el vertido de materia orgánica al cauce provoca procesos de eutrofización que agotan el oxígeno del agua e impiden cualquier forma de vida. En términos sanitarios, la presencia de residuos y patógenos en zonas urbanas supone un riesgo directo para la población. Y en el plano marino, la contaminación afecta directamente a la biodiversidad del Mar de Alborán y a zonas protegidas que deberían estar a salvo de este tipo de agresiones ambientales.
Guelaya considera inaceptable que Melilla, con acceso a fondos europeos para la mejora de sus infraestructuras hídricas, no cuente aún con tanques de tormenta ni redes separativas que permitan una gestión adecuada del agua.
La organización recuerda que España ha sido sancionada en varias ocasiones por su deficiente tratamiento de aguas residuales, y advierte que la situación de Melilla podría acarrear nuevas multas por parte del Tribunal de Justicia de la Unión Europea. Guelaya insiste en que no se trata de un problema climatológico, sino de una gestión deficiente y negligente que tiene consecuencias reales para el medio ambiente y la salud pública. La ciudad, concluyen, no puede seguir esperando a que no llueva para evitar contaminar.








