Una vez más, Guelaya Ecologistas en Acción se ve obligada a alzar la voz ante lo que consideran una gestión catastrófica del patrimonio natural de la ciudad. En esta ocasión, la denuncia se centra en el Parque Hernández, donde árboles centenarios están siendo víctimas de prácticas que los propios ecologistas califican de "ignorantes y destructivas".
"Es que ya no sabemos qué más hacer para que entiendan", expresa con visible indignación Manuel Tapia, responsable de Guelaya. "Una vez más Goliath sale a alzar la voz, y en esta ocasión por los árboles. Se han talado cinco ficus macrofilas, árboles que no se pueden podar, que ya está demostrado científicamente que si se podan mueren".
La situación es especialmente dramática. Estos mismos árboles fueron podados hace quince años y, tal como advirtieron entonces los expertos, han terminado muriendo debido a esas intervenciones. "Les caen hongos, es inevitable. Y ahora volvemos a repetir los mismos errores", lamenta Tapia.
El panorama que describe el responsable de Guelaya es desolador: "Son ya muchos árboles centenarios los que se están perdiendo en el Parque Hernández. Nos está quedando un parque que parece un jardín de barrio". Donde antes había majestuosos ejemplares que proporcionaban sombra y frescor, ahora quedan espacios que recuerdan más a "jardines de urbanizaciones" que al pulmón verde que debería ser este emblemático parque melillense.
Pero las denuncias van más allá de las podas inadecuadas. Rosa González, también responsable de Guelaya, señala otro problema grave: "Estamos viendo el riego desmesurado que está teniendo el parque. Eso es no saber gestionar un parque".
El resultado es visible para cualquier ciudadano que pasee por el Parque Hernández: "Está todo el parque encharcado", explica González. "Este encharcamiento de la tierra lo que hace es que los árboles que están enfermos empeoren su estado y terminen cayendo. Claro que terminan siendo peligrosos, pero por las malas prácticas, por las podas y por no tratarlos bien".
Es un círculo vicioso que refleja una gestión sin criterio técnico ni conocimiento especializado.
La gota que colma el vaso llegó cuando los ecologistas observaron algo que consideran inadmisible: "Hasta ayer estaba puesto en General Villalba un anuncio de podas. Estamos en junio", denuncia González con incredulidad.
"No se puede podar en esta época", explica la responsable de Guelaya. "No ya por la sombra, porque nos vamos a morir sin sombra, sino también porque los pájaros tienen derecho a anidar. Pero independientemente de los pájaros, es que los peatones necesitamos sombra en verano".
Para González, esto es la prueba definitiva de la incompetencia: "Cuando una ciudad poda en verano, es que no hay nadie al mando del timón en la Consejería de Medio Ambiente".
Ante esta situación, Guelaya no se limita a la denuncia, sino que propone soluciones concretas. "Son los técnicos de medio ambiente y la consejería de medio ambiente la que tiene que liderar un proceso de cambio", explica Rosa González.
Las medidas que proponen son claras y técnicamente fundamentadas:
Elaboración de planes de gestión del arbolado urbano, Creación de un catálogo de árboles singulares a proteger, planificación técnica sobre qué especies plantar y dónde, establecimiento de calendarios adecuados para intervenciones, contratación de personal cualificado que "sepa y entienda de jardín y de árboles" y un patrimonio que se desvanece.
"Nos estamos quedando sin esos árboles centenarios y sin esas sombras tan necesarias", resume González. Es un patrimonio natural que ha tardado décadas en crecer y que se está perdiendo por decisiones administrativas que los ecologistas consideran irresponsables.
La reflexión final de Guelaya es contundente: mientras otras ciudades invierten en recuperar y proteger su patrimonio arbóreo, Melilla parece empeñada en destruir el suyo. "Todo el patrimonio arbóreo de centenarios que tiene el Parque Hernández está sufriendo la desidia y las malas prácticas de estos últimos años por el poco respeto que tienen los políticos, la administración por estos árboles".
La pregunta que se hacen, y que debería hacerse toda la ciudadanía melillense, es simple pero demoledora:
"¿Hasta cuándo van a permitir que se destruya este legado natural irreemplazable?"
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