El sonido de los discos al colocarse en la consola, las estanterías repletas de cajas brillantes y los carteles anunciando “lanzamiento mundial” empiezan a ser recuerdos del pasado. En Melilla, el formato físico de los videojuegos está viviendo su propia pantalla final. En tiendas especializadas como Digital Life apenas queda espacio para las novedades en disco. “Ya no se vende casi nada físico”, reconoce su propietario. Solo la Nintendo Switch resiste, y no por mucho más tiempo.
El cambio no es exclusivo de Melilla. En toda España, el 94 % de las ventas de videojuegos en 2024 se realizaron en formato digital, según los últimos datos de la Asociación Española de Videojuegos (AEVI). El sector facturó más de 2.400 millones de euros, impulsado principalmente por las descargas online y las suscripciones, mientras las ventas físicas cayeron un 18 %. Lo que antes era un negocio de cajas y discos ahora se ha convertido en un mercado de códigos, cuentas y almacenamiento en la nube.
Aun así, Nintendo mantiene viva la llama del formato físico. En Digital Life, los títulos más vendidos siguen siendo los de la familia de Mario, Zelda y Pokémon, auténticos pilares del catálogo navideño. Super Mario Bros. Wonder, Pokémon Escarlata y Púrpura y The Legend of Zelda: Tears of the Kingdom son los preferidos por los padres que buscan un regalo seguro para sus hijos. En estas fechas, la Switch continúa siendo la consola más demandada, gracias a su carácter familiar y a su amplia oferta de juegos aptos para todas las edades.
Sin embargo, fuera de ese pequeño oasis, el negocio ha cambiado de rumbo. Digital Life ha reducido drásticamente su sección de videojuegos y ha apostado cada vez más por los juegos de mesa, un sector que, curiosamente, vive un resurgimiento. Mientras los videojuegos se digitalizan, los melillenses vuelven a reunirse alrededor de un tablero. Donde antes había vitrinas llenas de carátulas de FIFA o Call of Duty, ahora se apilan cajas de Catan, Dixit, Virus o Uno Flip.
El declive del formato físico tiene varias causas. Por un lado, las plataformas digitales ofrecen precios más competitivos, actualizaciones automáticas y contenido adicional sin necesidad de acudir a la tienda. Por otro, la propia industria ha cambiado su modelo. Ya no se trata solo de vender un juego, sino de mantener al jugador conectado con suscripciones mensuales, expansiones o micropagos. En ese contexto, el disco o cartucho se ha vuelto casi un vestigio del pasado.
En Melilla, el perfil de comprador físico ha quedado reducido casi exclusivamente a los padres que compran para sus hijos pequeños. Son quienes aún valoran el gesto de regalar algo tangible, un objeto que se pueda envolver y abrir. Para ellos, las sagas de Nintendo siguen siendo la opción más fiable. Juegos coloridos, sin violencia, llenos de aventuras y aptos para toda la familia. En cambio, los adolescentes y adultos prefieren descargar sus títulos directamente desde la consola o el ordenador, especialmente los de géneros deportivos y de acción.
El precio sigue siendo un factor importante. Los juegos nuevos para Switch rondan los 50 o 60 euros, mientras que los lanzamientos “premium” alcanzan los 80 o 90. Pese a ello, en las semanas previas a Navidad las ventas repuntan. Para muchos, un videojuego sigue siendo el regalo perfecto, aunque cada vez sean menos los que lo compran en formato físico.
Mirando atrás, la evolución de los videojuegos en Melilla refleja la del resto del mundo. De los cartuchos de la Super Nintendo o la Mega Drive a los discos de la PlayStation y los lanzamientos digitales de hoy, el sector ha pasado por todas las fases posibles. En los noventa, los jóvenes melillenses se reunían en videoclubs y cibers para alquilar juegos o competir en torneos improvisados. Hoy, juegan conectados en línea, muchas veces con personas a miles de kilómetros. La comunidad sigue ahí, pero el punto de encuentro ya no es físico, sino virtual.
Aun así, algo del espíritu original permanece. En Digital Life todavía se respira esa nostalgia que acompañó a los primeros jugadores.
Puede que el futuro del formato físico esté escrito y que su “Game Over” sea inevitable, pero Melilla demuestra que aún queda partida por jugar. En tiempos en los que todo parece pasar por una pantalla, tal vez esa conexión humana —entre generaciones, entre padres e hijos, entre amigos— sea el verdadero “nivel extra” que el formato físico todavía puede ofrecer.








