El Gobierno español ha dado por concluido el “proceso piloto” de apertura de las aduanas comerciales con Marruecos en Ceuta y Melilla, tras un nuevo encuentro bilateral celebrado este miércoles en Rabat entre el ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares, y su homólogo marroquí, Nasser Bourita. La declaración conjunta considera zanjado un asunto que lleva más de dos años generando expectativas en ambas ciudades autónomas, a pesar de que la operativa real de las aduanas sigue sin estar plenamente en marcha, ni en Melilla ni en Ceuta.
Lejos de anunciar una fecha definitiva para el funcionamiento estable de la infraestructura aduanera, el comunicado oficial emitido por ambos países califica el proceso como un “éxito”, sin aportar detalles sobre los mecanismos, plazos ni condiciones logísticas que permitan a los operadores económicos retomar con normalidad la actividad comercial interrumpida durante años.
En el caso de Melilla, la aduana comercial fue clausurada unilateralmente por Marruecos en agosto de 2018, en un movimiento que no tuvo entonces respuesta diplomática firme por parte del Gobierno español. Desde entonces, la reapertura ha sido un compromiso reiterado en múltiples ocasiones sin materialización real.
El carácter crítico de la situación ha sido señalado por diversos analistas y medios nacionales, que han puesto el foco en la asimetría con la que se están produciendo estas negociaciones. España ha evitado durante el encuentro cualquier alusión a la soberanía de Ceuta y Melilla o a los obstáculos que aún persisten para que estas aduanas operen con normalidad.
Tampoco hubo referencias a cuestiones clave como el uso del espacio aéreo, las aguas territoriales o la delimitación de fronteras marítimas, puntos que continúan sin resolverse desde la llamada “hoja de ruta” pactada entre Pedro Sánchez y Mohamed VI en abril de 2022.
Desde el entorno del Ministerio de Exteriores se insiste en la voluntad de mantener unas relaciones “basadas en el respeto mutuo y la no injerencia”, pero la lectura que se impone en numerosos sectores políticos y sociales de Ceuta y Melilla es que España sigue sin ejercer con contundencia la defensa de su soberanía y sus intereses.
Marruecos, por su parte, evita referirse a las ciudades autónomas como territorio español y su silencio persistente respecto a la aduana de Melilla refuerza la idea de que el control comercial sigue subordinado a decisiones unilaterales desde Rabat.
La falta de una operativa regular en la aduana de Melilla ha generado un impacto económico notable para la ciudad. Desde 2018, el tránsito de mercancías se ha visto limitado al contrabando menor o a sistemas logísticos alternativos que no suplen la dimensión que antes tenía el comercio bilateral.
Aunque desde principios de 2023 se han realizado operaciones puntuales en el marco del llamado “proceso piloto”, la ausencia de una estructura aduanera sólida, con horarios, normativas y procedimientos claros, impide hablar de una reapertura real. Lo mismo ocurre en Ceuta, donde se han realizado algunos cruces simbólicos de mercancías, sin que ello haya supuesto la reactivación formal del tránsito comercial.
Los medios nacionales han coincidido en señalar el contraste entre la postura española y la firmeza con la que Marruecos defiende sus posiciones. La Razón, por ejemplo, ha calificado la actitud del Gobierno como una muestra más de su disposición a “seguir el rebufo” de Rabat, aceptando una narrativa en la que se omiten temas sensibles para preservar una relación asimétrica.
En esta misma línea, El Español subraya que España ha evitado incluso pronunciarse sobre la soberanía marroquí del Sáhara Occidental durante el encuentro en Rabat, algo que también contribuye a debilitar la posición negociadora española.
El antecedente más directo de esta situación se remonta al acuerdo alcanzado en 2022 entre ambos gobiernos, en el que se comprometieron a restablecer la circulación de personas y mercancías “de manera ordenada”, un punto clave en la hoja de ruta pactada por Sánchez y Mohamed VI.
Sin embargo, más de dos años después, la ejecución de ese acuerdo sigue sin consolidarse. El informe elaborado por Newtral en enero de 2025 ya advertía que las aduanas seguían sin estar operativas y que no existían garantías de que lo estuvieran a corto plazo.
Pese a este contexto, el Gobierno central ha optado por cerrar este capítulo con una nota de autocomplacencia. La falta de concreciones y de compromiso firme sobre plazos y condiciones vuelve a dejar a Ceuta y Melilla en una posición de indefinición, con consecuencias económicas y simbólicas que van más allá del comercio.
La exigencia de una verdadera normalización del tránsito aduanero y la defensa clara de la soberanía de ambos enclaves siguen siendo asignaturas pendientes en la agenda bilateral con Marruecos.








