Los melillenses conocen el secreto para tener un día tranquilo de playa: ir por las mañanas. Y si es entre semana, mejor. Para el mediodía, la estampa en la zona de La Hípica y Los Cárabos suele ser bastante relajada. Tan solo algunos vecinos y vecinas ocupan unas cuantas sombrillas, ataviados con sus trajes de baño, e incluso disfrutando de una bebida fría cuando el reloj marca apenas las 11:00 horas.
Los fines de semana, la historia cambia. Sin ir más lejos, desde que comenzó junio, la ciudad autónoma está viviendo ya un verano anticipado por el calor que ha tardado en llegar pero finalmente se ha instalado en el ambiente. Hasta el mismo mes de mayo, todavía se hacía necesaria la chaqueta, pero ahora, es una prenda que queda reservada para noches puntuales.
De hecho, en los últimos días del mes pasado hubo una subida en las temperaturas notable que casi no se ha vuelto a repetir. El termómetro registraba 28 grados de máxima, que, junto a la humedad, dio como resultado un bochorno que invitaba a encender los aires acondicionados por primera vez en la temporada. Esta semana, las nubes han vuelto al cielo melillense pero tiene pinta de que será pasajero.
Las máximas rondan los 25 o 26 grados, y las mínimas se mantienen estables en los 21 grados. Para el fin de semana habrá un nuevo incremento, situándose en torno a los 27 y 28 grados. Bien es cierto que el jueves habrá una breve tregua, con una probabilidad de precipitaciones del 65 %. El viernes, las rachas de viento serán superiores con respecto al resto de días. Es el pronóstico típico y cambiante a estas alturas del año en la zona del mar de Alborán.
Con este panorama, las playas se abarrotan especialmente a partir del viernes a mediodía. El clima es absolutamente veraniego: familias cargadas de neveras, tuppers, sombrillas, jóvenes jugando a las palas o disfrutando de las pistas de fútbol y voleibol, cientos de toallas, crema solar, baños salados… Entre semana, muchas personas mayores, sobre todo las que están ya jubiladas, plantan su silla en la arena y gozan de la tranquilidad que les ofrece la costa de Melilla.
Pese a que, a veces, el sol se esconde por las nubes, el calor está muy presente y apetece darse un chapuzón. No había muchos bañistas, pero, los que se han atrevido, parece que estaban muy a gusto dentro del agua. Algunos han aclarado que esta semana hace algo más de frío y que el baño mejor para otro momento. Una vecina ha asegurado que estos instantes mañaneros son de pura relajación.
Los que viven en primera línea de mar lo tienen fácil. Con caminar unos pocos metros, ya pisan la arena. Pero la ciudad autónoma, con sus poco más de 12 kilómetros de costa, es perfecta para llegar en tan solo unos minutos a cualquiera de las playas que se encuentran en el paseo marítimo. Si disponen de vehículo propio, o cogiendo un taxi, podrán acceder sin dificultad a los acantilados de Aguadú o a la Playa de Horcas Coloradas.
Hasta el mediodía, muchos saborean esta paz y luego regresan a casa para almorzar, echarse una siesta y seguir con los quehaceres del hogar. El plan ideal para un día entre semana es, para ellos, desayunar primero en algún bar de confianza, y luego echar las horas bajo la sombrilla o en el agua. Un vecino afirmaba que solo le faltaba “la tapita de calamares fritos”. Si los chiringuitos llegan a tiempo para el verano, este deseo también será posible.
Personas leyendo, solas o acompañadas, charlando, y la novedad ha sido un grupo numeroso de alumnos del CEIP Velázquez que han acudido a San Lorenzo para una jornada de convivencia en la que se lo estaban pasando “la mar de bien”. Una profesora explicaba que el miércoles acudieron los grupos del primer ciclo, el jueves del segundo y el viernes del tercero. Bajo la sombra o en el agua, el sonido reinante era el de las risas y el alboroto de los niños y niñas, que han estado jugando sin parar.
Además de desayunar en la arena, algo que se sale de su rutina, es una oportunidad magnífica para estrechar lazos entre compañeros. El perfil de bañista cambia según se avanza hacia La Hípica. Por allí cerca, una melillense comentaba que baja a la playa todas las mañanas desde que se jubiló. “Mientras haga calor, estoy feliz”, señalaba su vecina. Si tienen que poner algún pero, será que falta un poco de limpieza en la zona, una queja dirigida a la ciudadanía que no recoge su basura y la deja esparcida por todas partes.
Los servicios son excelentes, añadían algunas personas; las duchas y los baños ya están funcionando. Estos días, el agua no estaba igual de limpia que otros, y una residente cree que faltan sombrillas en Los Cárabos, puesto que son insuficientes cuando el espacio se abarrota. Por lo demás, parece que algunos locales han descubierto el secreto para tener una jornada tranquila de playa: ir entre semana.








