Es viernes de verano y en la Ensenada de los Galápagos se repite una escena que ya es habitual cuando aprieta el calor. Toallas sobre la arena, sombrillas abiertas y familias que buscan un hueco cerca del agua.
Pero si hay algo que marca la jornada es el calor. Y la mejor forma de combatirlo, para muchos, está justo delante. El mar.
Desde primera hora empiezan a llegar bañistas. Algunos vienen en familia. Otros quedan con amigos. Y están también quienes bajan simplemente para darse un baño y refrescarse antes de continuar con el día.
La sombrilla se convierte en imprescindible. Sobre todo cuando el sol empieza a ganar fuerza. Bajo ella se refugian los mayores, descansan los niños y se guardan las cosas para evitar que el calor las convierta en un horno.
Y después, al agua. Un chapuzón. Un rato en la orilla. Volver a la toalla. Y repetir.
Los niños son los que menos ganas tienen de salir. Juegan, corren, se mojan, vuelven a entrar e incluso se tiran desde las rocas. Para ellos, el calor parece importar poco siempre que haya agua cerca.
Los adultos, en cambio, administran mejor las fuerzas. Muchos prefieren alternar el baño con ratos a la sombra. Beber agua también es parte del plan. La nevera llega cargada de bebidas frías, fruta y algo para picar durante la mañana.
Porque pasar un viernes en la playa en pleno verano tiene mucho de rutina.
Crema solar antes de salir de casa. Sombrilla. Toalla. Chanclas. Gafas de sol. Y una botella de agua que, si se deja demasiado tiempo al sol, deja de estar fría en cuestión de minutos.
Pero el calor obliga a hacer cambios. Las horas centrales son las más duras. El sol pega con fuerza y la arena puede llegar a resultar incómoda. Por eso algunos optan por llegar temprano y aprovechar las primeras horas. Otros prefieren esperar a última hora de la tarde, cuando el sol pierde intensidad.
Y entre medias, el mar. Galápagos se convierte así en uno de los puntos donde los melillenses buscan alivio durante los días más calurosos del verano. No hace falta mucho. Un baño y unos minutos a la sombra pueden cambiar por completo la sensación térmica.
También están los que no necesitan más plan. Una silla, una sombrilla y el sonido del agua. Leer, hablar, mirar el móvil o simplemente descansar.
Pero en una playa llena de gente siempre hay movimiento. Niños que van y vienen. Padres detrás de ellos. Grupos de amigos que llegan con música. Personas que pasean por la orilla. Y bañistas que entran al agua cada pocos minutos.
Es viernes y se nota. Hay más ganas de quedarse. De alargar la mañana. De aprovechar el día antes de que llegue el fin de semana.
Y cuando el calor sube, la fórmula es sencilla. Sombra, agua y un poco de paciencia.
En Galápagos, este viernes de verano transcurre así. Con el sol como protagonista, pero con el mar como respuesta. Porque cuando el termómetro aprieta, pocos remedios son tan sencillos como quitarse las chanclas, caminar hasta la orilla y meterse en el agua. Y volver a hacerlo un rato después.
Así se combate el calor en la playa. Sin grandes planes. Con lo de siempre. Una sombrilla, una toalla y un buen baño.








