En cementerio atestado de público volverá hoy a poner de manifiesto el apego de los melillenses cristianos por sus tradiciones. Las flores frescas adornarán la mayoría de las tumbas y, especialmente, la de Benito López Franco, “el soldado de los milagros” al que tantos creyentes profesan una convencida fe. El día, preñado de recuerdos de los que ya no están con nosotros, no es simplemente una jornada de culto a los muertos. Es un festejo de la vida y de la memoria que, por tal motivo, se celebra también con dulces propios de la fecha y reuniones familiares que contribuyen a festejar que estamos vivos y continuamos protagonizando nuestra propia historia.
En este año se ha puesto de manifiesto también, más que nunca, el apego de las nuevas generaciones por la festividad de Halloween, de marcado seguimiento en Estados Unidos y que cada vez suscita más devoción y seguimiento entre los más pequeños, lo que no es de extrañar si tenemos en cuenta la fascinación de los menores por el mundo de los disfraces, de la magia y de personajes tan mediáticos como Harry Potter.
Melilla comenzó así en este largo puente festivo una celebración que hoy retorna a nuestra tradición más propia en torno al cementerio, a la fiesta de la memoria y la honra de nuestros ancestros como pilares del presente que, en gran medida gracias a ellos, hoy tenemos la suerte de vivir y disfrutar.
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