Este jueves, a las 19:00 horas, el Teatro Kursaal se ha convertido en el epicentro de la solidaridad y la danza con la celebración del Festival Solidario de Fin de Curso organizado por la Escuela de Danza Noe Mata. Una cita que ha terminado superando todas las previsiones iniciales y congregando a una gran multitud de asistentes que llenaron prácticamente por completo el aforo del recinto.
Desde bien temprano, el ambiente en los alrededores del Kursaal ya anticipaba lo que finalmente se confirmó. Familias enteras, alumnos, amigos y curiosos se acercaron al teatro con bolsas de alimentos no perecederos, requisito imprescindible para acceder al evento. A las 18:00 horas se abrieron las puertas y un equipo de voluntarios del Banco de Alimentos de Melilla comenzó a recibir las donaciones, en una entrada que no dejó de registrar movimiento constante hasta el inicio del espectáculo.
El festival, que tradicionalmente se venía celebrando en el IES Leopoldo Queipo, dio este año un salto significativo al trasladarse a un espacio escénico de mayor capacidad como el Kursaal. Este cambio permitió dar cabida a una edición especialmente ambiciosa, en la que participaron cerca de 140 alumnos de la escuela de Noe Mata, con edades comprendidas “desde los 3 hasta los 99 años”, tal y como había destacado la propia directora en la previa del evento.
Sobre el escenario se sucedieron coreografías de danza moderna, zumba y pilates, disciplinas que forman parte de la actividad habitual del centro. La respuesta del público fue entusiasta desde el primer número, con aplausos continuos y un ambiente festivo que se mantuvo durante toda la gala. Muchas familias no quisieron perderse la oportunidad de ver actuar a sus hijos, nietos o hermanos, lo que contribuyó a generar una atmósfera especialmente emotiva.
La directora y profesora, Noe Mata, había explicado en los días previos que la iniciativa surgía de una reflexión personal tras la experiencia vivida durante la pandemia, cuando ella misma fue consciente de la importancia de la ayuda social en momentos de dificultad. Ese enfoque se trasladó al festival, concebido no solo como una exhibición artística, sino como un acto de conciencia colectiva. “Me vi obligada a decir, bueno, pues ya que muevo gente, que toda esa gente hagamos algo solidario y ayudemos a personas que realmente les hace falta”, había señalado.
El carácter solidario del evento se materializó en la recogida de alimentos, con la entrada simbólica de tres kilos de productos no perecederos. La respuesta ciudadana fue notable, con una afluencia que superó las expectativas y que permitió al Banco de Alimentos reforzar sus reservas en una campaña especialmente importante de cara al verano.
Durante el acto, también se destacó la labor de la Consejería de Cultura, Patrimonio Cultural y del Mayor, cuya colaboración permitió la celebración del festival en el Teatro Kursaal. La cesión del espacio fue clave para que el evento pudiera desarrollarse con mayor visibilidad y capacidad de asistencia.
El presidente del Banco de Alimentos, Pedro Paredes, agradeció públicamente la implicación de la organización y de las familias participantes, destacando el valor de iniciativas como esta para fortalecer la red de ayuda social en la ciudad. También subrayó el papel de la ciudadanía, recordando que pequeñas aportaciones individuales pueden convertirse en un impacto colectivo significativo.
Uno de los momentos más emotivos de la velada llegó con el cierre especial del festival, dedicado a las madres, que arrancó una ovación generalizada del público. La emoción en la sala fue palpable, con numerosos asistentes visiblemente conmovidos por la actuación final, que puso el broche de oro a una jornada marcada por la sensibilidad y el compromiso social.
El festival concluyó con una sensación generalizada de éxito, tanto artístico como solidario. La combinación de danza, participación ciudadana y compromiso social convirtió la cita en uno de los eventos más destacados del calendario cultural reciente en la ciudad. Al abandonar el Teatro Kursaal, muchos asistentes coincidían en la idea de que no solo habían presenciado un espectáculo, sino que habían formado parte de una acción colectiva de ayuda real.
Con esta edición, el Festival Solidario de Danza de Noe Mata consolidó su evolución hacia un formato de gran evento ciudadano, demostrando que la cultura y la solidaridad pueden caminar de la mano y generar un impacto tangible en la comunidad.
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