Cultura y Tradiciones

De los 10 a los 70 años: una misma pasión por el flamenco

Sevillanas, rumbas, soleás y bulerías protagonizan una noche de arte en la Plaza de las Culturas

Pese al calor de la noche, la Plaza de las Culturas volvió a convertirse este sábado en un gran escenario para el flamenco melillense. Un centenar de personas se dieron cita para asistir al Festival de Verano de la Escuela de Flamenco de Melilla, una actuación que sirvió para poner el broche final al curso y mostrar el trabajo realizado por alumnos y profesores durante los últimos meses.

Familiares, amigos y aficionados al arte jondo llenaron el recinto desde mucho antes del inicio del espectáculo. Entre conversaciones, aplausos y la expectación propia de una gran cita cultural, los estudiantes afrontaban los últimos minutos antes de salir al escenario. Los nervios estaban presentes, aunque pronto quedaron eclipsados por la ilusión de compartir con el público todo lo aprendido durante el año.

La velada arrancó con un instrumental de guitarra y percusión, “Roma”, del maestro Vicente Amigo, que recibió una cálida acogida por parte de los asistentes. A partir de ahí, se sucedieron distintas actuaciones que reflejaron la evolución de los alumnos en los diferentes niveles de formación. Sevillanas, rumbas, fandangos, soleás, alegrías y bulerías fueron desfilando por el escenario en un repertorio variado que mantuvo la atención del público durante toda la noche.

Uno de los aspectos más destacados fue la participación conjunta de los estudiantes de cante, guitarra y percusión, conformando el tradicional “cuadro flamenco” al que se refiere el director de la escuela, José Heredia. Sobre las tablas coincidieron alumnos de edades muy diferentes, desde jóvenes de apenas diez años hasta personas mayores que han encontrado en el flamenco una oportunidad para cumplir una antigua ilusión.

Los espectadores respondieron con entusiasmo, acompañando muchas de las interpretaciones con palmas y espontáneos “oles” que contribuyeron a crear una atmósfera cercana y festiva. También hubo espacio para los homenajes a figuras imprescindibles de la música española, con guiños a artistas como Camarón de la Isla, Paco de Lucía o Nino Bravo, adaptados al lenguaje flamenco.

Con esta actuación, la Escuela de Flamenco cierra una nueva etapa de aprendizaje y convivencia artística, dejando patente que el flamenco continúa gozando de una excelente salud en Melilla y que sigue siendo capaz de reunir a generaciones enteras alrededor de la música y la emoción compartida.

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