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Cucho L.Capilla (sobre su cortometraje 'Co -Do'): "Me interesaba situar la historia en una época donde la imagen documental tenía una autoridad muy especial"

El cineasta premiado en la última edición de la Semana de Cine de Melilla por su obra en corto explora sus conceptos creativos, el desarrollo de sus obras y su emoción al recibir el galardón

por Alejandra Gutiérrez
24/05/2026 15:10 CEST
Cucho L.Capilla (sobre su cortometraje 'Co -Do'): "Me interesaba situar la historia en una época donde la imagen documental tenía una autoridad muy especial"

Cucho L. Capilla posando junto a los extraterrestres. -Cedida por Capilla-


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Cucho L. Capilla habla del cine con la misma mezcla de pasión y precisión con la que construye sus cortometrajes. Lo hace desde la experiencia de quien lleva años trabajando detrás de cámaras, montajes y proyectos audiovisuales, pero también desde la mirada casi artesanal de alguien que sigue entendiendo el cine como una necesidad íntima antes que como una industria.

- Durante tu trayectoria audiovisual has realizado también cortometrajes cinematográficos. ¿Cómo fue dar el salto al cine y qué te llevó a narrar historias en formato corto?

- Soy un enamorado del cine desde la infancia. Siempre he visto el cine como el medio perfecto para contar historias, porque reúne imagen, emoción, ritmo, música, interpretación y montaje. En mi caso, más que un salto al cine, fue una necesidad natural de contar historias desde el lenguaje que mejor conozco.

Por mi profesión como técnico audiovisual, cámara, editor y montador, afronto muchas parcelas del proceso creativo: la imagen, la composición, el ritmo, la narración, el sonido, la atmósfera… y eso me encanta. Me permite tener una visión bastante global de cada proyecto y cuidar mucho cómo se construye emocionalmente una historia desde el primer plano hasta el último corte.

El formato corto me atrae especialmente porque obliga a ir a lo esencial. No puedes esconderte detrás de una gran duración ni de muchas tramas. Tienes pocos minutos para emocionar, inquietar, hacer reír o dejar una imagen en la cabeza del espectador. Esa capacidad de condensar una emoción o una idea me parece muy poderosa.

Además, ahora la inteligencia artificial me ha abierto nuevas posibilidades creativas. Me permite generar efectos, construir atmósferas visuales y crear bandas sonoras que arropan mejor el cortometraje. Pero siempre lo entiendo como una herramienta al servicio de la historia, no como el centro de la obra.

El cortometraje me permite experimentar, probar tonos, géneros y formas narrativas, y sobre todo contar historias personales con libertad, sin depender necesariamente de grandes estructuras de producción.

- Has sido premiado por CO-DO en la última Semana de Cine de Melilla. La historia se enmarca en una visita extraterrestre a Melilla durante la primera mitad del siglo pasado. ¿Qué significa CO-DO?

- CO-DO significa “Comunicado Documentado”. El título nace de esa idea de documento oficial, de NO-DO, pieza informativa antigua institucional, como si estuviéramos viendo un NO-DO recuperado de un archivo perdido.

El origen del cortometraje surgió casi de una prueba, de un tanteo con una nueva herramienta de creación de imagen mediante inteligencia artificial. Empecé a experimentar con imágenes antiguas de Melilla y se me ocurrió mezclarlas con personajes de ficción. En este caso, introduje alienígenas.

De pronto, ver una imagen de la Melilla antigua con una gran nave extraterrestre sobre el cielo, o una avenida de los años 40 con alienígenas paseando entre la gente de la época, me explotó la cabeza. Ahí vi que había una historia. Esa fue la mecha.

A partir de esa combinación visual surgió la idea de construir un viejo NO-DO ficticio que recogiera la supuesta llegada, en 1945, de una civilización extraterrestre a la ciudad de Melilla. Me interesaba mucho jugar con esa contradicción: una situación absolutamente fantástica contada con la solemnidad de un documento oficial antiguo.

Después hice el storyboard, fui creando las imágenes necesarias para contar la historia y comencé a animarlas una a una, construyendo poco a poco ese falso documento histórico donde Melilla se convierte, de forma absurda y maravillosa, en el punto de encuentro entre la humanidad y unos visitantes de otro planeta.

- Escoges una fecha y una estética muy singular, incluso construyes una narración muy cuidada de NO-DO y unos colores muy acertados. ¿Por qué decidiste acercarte a este momento histórico para crear la atmósfera cinematográfica?

- Me interesaba situar la historia en una época donde la imagen documental tenía una autoridad muy especial. Ese tipo de piezas antiguas, con voz solemne, música enfática y una forma casi oficial de contar las cosas, convertían cualquier acontecimiento en algo aparentemente incuestionable.

Precisamente por eso me parecía muy atractivo contar una historia imposible desde ese lenguaje. Si planteas la llegada de una civilización extraterrestre a Melilla con una estética seria, institucional y reconocible, aparece una contradicción muy potente entre lo que se cuenta y cómo se cuenta.

La fecha de 1945 también me permitía trabajar visualmente con una Melilla antigua, misteriosa, casi suspendida en el tiempo. Quería que la ciudad pareciera observada desde un archivo secreto, como si esas imágenes hubieran estado ocultas durante décadas.

El color, la textura y el ritmo eran fundamentales. No quería que pareciera simplemente una imagen vieja, sino un documento recuperado: algo deteriorado, solemne, extraño y a la vez creíble dentro de su propia mentira. Ahí estaba parte del juego cinematográfico de CO-DO.

- Al verlo me ha parecido que existe cierta sátira. ¿Qué tono pretendías darle?

- Sí, la sátira era totalmente buscada. Quería construir un falso documental, un falso NO-DO, sustentado en una crónica simpática y absurda sobre la visita de una colonia extraterrestre a Melilla durante un solo día.

Me interesaba que el corto se tomara muy en serio algo completamente disparatado. Ahí estaba parte del humor: narrar una llegada alienígena con el tono solemne, institucional y aparentemente objetivo de una pieza documental antigua.

No pretendía hacer una sátira agresiva, sino más bien una ironía amable, con cierto cariño hacia la ciudad y hacia ese lenguaje audiovisual de otra época. El corto juega a contar lo imposible como si hubiera ocurrido realmente, y a mirar Melilla desde una perspectiva externa, como si unos visitantes de otro planeta intentaran comprendernos.

- Utilizas secuencias y planos de la ciudad, pero incluyes un montón de personajes, incluidos los alienígenas ¿Cómo fue el rodaje, cómo fuiste incorporando estos elementos que recuerdan a las grandes comitivas? ¿Utilizas nuevas tecnologías para los personajes o es vestuario y decorado?

En este caso no hubo un rodaje convencional con decorados, vestuario o actores físicos. CO-DO es un cortometraje realizado íntegramente con herramientas de inteligencia artificial, pero trabajado desde una dirección visual muy concreta.

Primero construí el storyboard y definí qué escenas necesitaba: la llegada, la presencia de los alienígenas en la ciudad, las comitivas, los planos de ambiente, la integración con esa Melilla antigua imaginada… Después fui generando las imágenes una a una, buscando que todas pertenecieran al mismo universo visual y a la misma época.

Los personajes, las multitudes y los alienígenas están creados con IA, pero no de forma automática ni aleatoria. Hay un trabajo de dirección detrás: elegir encuadres, corregir atmósferas, controlar el tono, buscar coherencia estética y luego animar cada plano para que funcionara dentro del montaje.

Lo planteé casi como un rodaje virtual. En lugar de colocar una cámara en una calle real y dirigir a actores construía la escena, creaba toda la parte visualmente, y posteriormente durante meses animaba cada una de las imágenes y después la llevaba al montaje. La tecnología me permitió crear algo que, con medios tradicionales, habría sido prácticamente imposible para una producción pequeña y personal. En mi caso, suelo afrontar mis proyectos sin financiación externa y de una forma muy artesanal, llevando personalmente muchas partes del proceso. Lo hago por pasión, por amor al cine , por necesidad creativa y con los medios que tengo a mi alcance.

- ¿Qué ha sido lo más complejo de llevar a cabo este relato audiovisual?

- Lo más complejo fue conseguir que todo pareciera pertenecer al mismo universo. Cuando trabajas con imágenes generadas, archivo visual, estética antigua, narración en off, música y montaje, el gran riesgo es que cada elemento vaya por su lado.

Había que lograr una coherencia muy precisa: que los colores no rompieran la época, que los personajes no parecieran modernos, que el tono de la voz no se pasara de cómico, que la sátira no destruyera la atmósfera y que Melilla siguiera teniendo presencia real dentro de una historia fantástica.

También fue complejo encontrar el equilibrio entre humor y respeto. CO-DO tiene un punto absurdo, pero no quería que se convirtiera en una parodia sin alma. Quería que tuviera gracia, pero también cariño por la ciudad y por esa estética antigua que estaba reinterpretando.

- ¿Cómo recibiste la noticia del galardón y qué crees que han valorado de tu obra?

- La recibí con mucha alegría, claro. Cuando uno hace un cortometraje de este tipo, tan particular, nunca sabe exactamente cómo va a ser recibido. No es una historia convencional: mezcla falso documental, ciencia ficción, humor, memoria visual e inteligencia artificial. Que un jurado conecte con esa propuesta significa mucho.

Creo que han podido valorar la originalidad del planteamiento, el trabajo de atmósfera y la forma de integrar Melilla dentro de una ficción diferente. También quizá el riesgo de intentar hacer algo poco habitual: una pieza que juega con el lenguaje documental, con la estética del pasado y con herramientas contemporáneas.

Además, me ha sorprendido mucho comprobar que, siendo una historia estrictamente melillense, ha conectado también fuera de la ciudad. CO-DO fue premiado en Málaga, en el Festival de Cortos de El Palo “Paco Leal”, y también ha sido seleccionado y proyectado en festivales como Daganzo Trascámara, en Madrid, o Rodinia, en Valladolid, entre otros festivales.

Para mí eso es muy importante, porque confirma que se pueden contar historias desde Melilla con una mirada propia, arriesgada y personal, sin que lo local sea una limitación. Al contrario: cuando está contado con una forma clara, lo local puede volverse perfectamente universal.

Imágenes de Cucho L. Capilla

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- Anteriormente has realizado otros cortometrajes. En ¿Me perdonas? relatas la pérdida y la emoción humana ante ella en unos pocos minutos. Cuando un creativo quiere contar una historia en formato corto, la síntesis, la depuración del concepto y la capacidad de condensar sin perder el grueso es todo un reto. En este corto, que parte de una enorme sensibilidad, ¿cómo fue el proceso? ¿Qué fuerza tiene el guion? ¿Cómo mantuviste el hilo narrativo sin perder coherencia?

- ¿Me perdonas? nace de un deseo muy concreto: me apetecía hacer un cortometraje dramático en plano secuencia. Ese antojo surgió durante la Semana de Cine de Melilla 2017, en la que tuve la suerte de recibir el tercer premio y compartir escenario con un director al que admiro muchísimo, Rodrigo Sorogoyen, que se llevó el primer premio de cortometrajes por Madre, una pieza dramática potentísima realizada precisamente en plano secuencia.

El simple hecho de compartir escenario con él, hablar con él y ver la fuerza de su trabajo me empujó a querer contar una historia desde ese mismo riesgo formal: una escena continua, sin cortes, donde la emoción no pudiera esconderse.

A partir de una historia minimalista y dramática de Tony Pérez, y contando con mi mujer y mi hija como protagonistas, me lancé a construir ¿Me perdonas?. Quería que fuera una pieza muy seca, directa y contenida. Una historia de pérdida y culpa contada en apenas dos minutos y medio, sin artificios y sin subrayar más de la cuenta.

El plano secuencia ayudaba mucho a mantener la coherencia, porque obligaba a que todo ocurriera en un mismo flujo emocional. No había posibilidad de manipular demasiado con el montaje: la interpretación, el ritmo interno y el silencio tenían que sostenerlo todo.

Creo que la fuerza del corto está precisamente ahí: en su sencillez. Es una pieza mínima, pero muy concentrada emocionalmente. Y quizá por eso terminó funcionando tan bien y fue multipremiada en festivales nacionales e internacionales.

- Usas la imagen en blanco y negro, lo que aporta dramatismo a la pieza. Es curioso que busques usar el color de la imagen en ambas propuestas para transmitir parte de la esencia de tus obras. ¿Cómo dedicas tiempo a calibrar el poder del color en la estética y el tono? ¿Qué te permite construir una pieza audiovisual a partir de ellos?

- Para mí el color es muy importante en el cine. No lo entiendo como un simple acabado visual ni como algo que se añade al final para embellecer la imagen, sino como una parte fundamental de la narración. El color también cuenta la historia.

Soy un enamorado del etalonaje, de la temperatura de las escenas, de cómo un tono puede acercarte a una emoción concreta. Jugar con el color, con los contrastes, con las luces y con la textura de la imagen te ayuda a construir la atmósfera que necesita cada historia.

En ¿Me perdonas? utilicé el blanco y negro porque aportaba dramatismo y, sobre todo, quitaba distracciones. Con color, quizá la escena habría perdido parte de su fuerza. El blanco y negro dejaba la historia más desnuda, más seca, más centrada en la emoción de los personajes.

En CO-DO, en cambio, el color está justificado desde otro lugar. Buscaba un tono ocre, envejecido, de old movie, que ayudara a dar la apariencia de un viejo NO-DO de 1945. Ahí el color y la textura eran esenciales para que el espectador entrara en esa mentira visual y aceptara el juego del falso documento antiguo.

Cada proyecto pide su propio tratamiento visual. A veces el color tiene que emocionar; otras veces tiene que desaparecer. Pero siempre debe estar al servicio del tono, de la atmósfera y de lo que quieres que el espectador sienta.

Ha sido una obra muy galardonada, pero ¿de dónde nace la idea, cuál fue tu inspiración y qué crees que es lo que permite al público adentrarse en la pérdida desde un estilo tan depurado y respetuoso?

Creo que ¿Me perdonas? conectó porque habla de algo muy reconocible y muy duro: que la vida puede cambiar en cuestión de segundos. Esa línea finísima que separa la tranquilidad, la felicidad cotidiana, de la pérdida, la pena y el horror de la muerte.

La historia parte precisamente de ahí: de la pérdida inesperada de un ser querido, de todo lo que queda suspendido cuando alguien desaparece de golpe. Las palabras que no se dijeron, la culpa, el amor, la necesidad de pedir perdón o de reparar algo cuando quizá ya es demasiado tarde.

Me interesaba contar todo eso desde la contención, sin melodrama y sin invadir al espectador. Por eso el corto es tan seco y tan depurado. No quería explicar demasiado la pérdida, sino dejar que el espectador entrara en ella desde su propia experiencia.

Al no darlo todo masticado, cada persona completa los silencios con su vida, con sus recuerdos y con sus propias ausencias. Y creo que ahí es donde aparece la emoción verdadera.

En todos tus proyectos cinematográficos, ¿cuál es la importancia de rodearte de un buen equipo técnico, así como de actores, actrices, guionistas, etc.?

Rodearse de un buen equipo siempre es importante. El cine, por naturaleza, suele ser un trabajo colectivo, y cuando cuentas con buenos técnicos, actores, actrices o colaboradores, la historia puede crecer muchísimo.

Pero en mi caso concreto, la mayoría de mis cortometrajes nacen de una forma muy personal. Para mí hacer cortos no es una actividad profesional en el sentido industrial, sino una necesidad artística, casi un hobby llevado con mucha pasión. Son historias que necesito contar, ideas que nacen de mí y que intento sacar adelante con mis propios medios.

Por mi profesión controlo muchas partes del proceso técnico: cámara, edición, montaje, ritmo, sonido, imagen, tratamiento visual… y eso me da mucha libertad. Me permite hacer y contar lo que quiero, sin depender demasiado de estructuras externas ni de financiación. Esa independencia tiene dificultades, claro, pero también me permite mantener una mirada muy propia.

Solo en alguna ocasión, como en El Taconeo, me rodeé de un equipo técnico y actoral más amplio. Fue una experiencia muy enriquecedora. Pero, en general, suelo afrontar mis cortometrajes de manera artesanal y personal, porque para mí nacen del amor al cine y de la necesidad de contar algo que me mueve por dentro.

En el futuro, ¿el cine formará parte de tu trayectoria? ¿Seguiremos viendo cortos, y tal vez largos, con tu forma?

Sí, el cine seguirá formando parte de mi vida siempre que tenga algo que contar. Pero mi medio natural es el cortometraje. Recurro a él como una necesidad artística, como una forma personal de expresarme y contar historias desde mis propios medios.

No me llama especialmente el largometraje como objetivo. Lo veo ya como un formato mucho más profesional e industrial, con una producción compleja, financiación, equipos amplios y una estructura difícil de afrontar desde la independencia con la que yo suelo trabajar. No me llama.

El cortometraje, en cambio, sí me permite esa libertad que necesito: pensar una historia, construirla, montarla, darle forma y afrontarla personalmente de principio a fin. Ahí me siento cómodo.

Además, con la llegada de la inteligencia artificial estoy entrando cada vez más en la creación de pequeños cortometrajes de animación y piezas experimentales. Aunque me lleven meses de trabajo, disfruto muchísimo el proceso: crear una historia desde cero, diseñar su universo visual, animarla, buscar su tono, su música, su atmósfera y tratar de llamar la atención del espectador.

Creo que la inteligencia artificial está entrando a pasos agigantados en nuestras vidas y también en el mundo del cine. Yo me lo tomo como una mezcla de pasión, hobby y entrenamiento. Una forma de seguir aprendiendo, estar al día de las nuevas herramientas que aparecen cada semana y explorar hasta dónde pueden llevarnos cuando se usan con criterio, emoción y mirada cinematográfica.

Tags: Co - DoCucho L. Capilla

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