Nos están tomando el pelo. Y esta vez lo hacen con la bandera verde en una mano y el informe del lobo en la otra. Mientras las comunidades autónomas del Partido Popular denuncian la manipulación del informe sexenal sobre el lobo ibérico, nosotros asistimos a un espectáculo donde la información se desperdicia más que los alimentos que dicen querer salvar.
El pasado 30 de junio, trece comunidades autónomas enviaron una carta a la vicepresidenta Sara Aagesen denunciando la "profunda deslealtad institucional" en el manejo del informe sobre el lobo. ¿El motivo? Que se hizo público un documento que ni siquiera había sido aprobado por el órgano competente. Vamos, que se saltaron todos los protocolos para crear titulares alarmistas.
La ironía es deliciosa: mientras nos venden la Ley 1/2025 de prevención del desperdicio alimentario como la panacea contra el hambre, la cuelan disposiciones adicionales sobre el lobo que nada tienen que ver con tirar menos comida a la basura. Es como meter cláusulas sobre el precio del gasóleo en una ley de protección de ballenas. Pero claro, si lo llamas "economía circular", suena mejor.
Hugo Morán, secretario de Estado de Medio Ambiente, protagonizó una actuación digna de estudio cuando abandonó la Comisión Sectorial sin dar explicaciones tras intentar forzar un debate sobre un tema que las autonomías habían pedido retirar del orden del día. Un comportamiento más propio de un niño enfadado que de un alto cargo del Estado.
Cifras que no engañan, políticos que sí
Mientras tanto, iniciativas reales como FESBAL han distribuido 115.000 toneladas de alimentos a más de un millón de personas necesitadas en 2024. La Reina Sofía, con su Fundación, ha destinado más de 600.000 euros este año para mejorar la red de bancos de alimentos. Trabajo serio, transparente y con resultados medibles.
En Melilla, el impacto de estas políticas mal enfocadas es especialmente grave. Una ciudad autónoma que no tiene lobos pero sí problemas reales de desperdicio alimentario y necesidades sociales, se ve arrastrada a debates estériles mientras las soluciones reales esperan.
La economía circular de la mentira
Empresas como Mercadona han demostrado que la economía circular funciona: 27% menos de emisiones desde 2015, sistemas eficientes de redistribución de excedentes y políticas claras de sostenibilidad. No necesitan trucos legislativos ni enmiendas de contrabando para demostrar su compromiso.
Pero parece que algunos prefieren el show mediático a los resultados. Prefieren agitar el miedo al lobo antes que enfrentar el verdadero depredador: la demagogia que convierte cada debate ambiental en un circo político.
El verdadero lobo está en el Gobierno
Al final, el verdadero lobo de este cuento no tiene cuatro patas ni aúlla en las montañas. Tiene despacho en Moncloa y convierte cada política ambiental en una operación de marketing verde mientras las soluciones reales se quedan en el cajón.
Las autonomías del PP han hecho bien en plantarse. Han dicho "hasta aquí" a la manipulación de informes técnicos y al desprecio hacia los procedimientos democráticos. Porque si algo hemos aprendido es que cuando alguien grita "¡que viene el lobo!" sin razón, hay que preguntarse qué está intentando ocultar.
La sostenibilidad real no necesita trucos, ni mentiras, ni informes cocinados. Necesita rigor, transparencia y respeto hacia las instituciones. Y sobre todo, necesita que dejemos de tirar a la basura lo más valioso que tenemos: la confianza en nuestras instituciones.








