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Carta desde la purísima (LXVIII)

por Juan J. Aranda
14/10/2023 06:52 CEST
Carta desde la purísima (LXVIII)

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Los pueblos de España, como saben, tienen los nombres más singulares, y si me lo permiten, algunos son tan raros, que jamás hayan podido oír; pero todos ellos tienen su historia, y son cunas de grandes hombres, como el de éste Héroe, un sencillo y humilde soldado de Extremadura, que se encuentra, esperándome, sentado en los escalones del Panteón de Héroes, para ‘entregarme su Carta’, dirigida a ustedes, en la que dice así:

“Queridos melillenses: me llamo Álvaro Ambrona Vivas, y soy Soldado de Infantería del Batallón de las Navas nº 10. Estoy soltero, y tengo 21 años. Nací en Cheles, un pueblecito de Badajoz, de apenas 500 habitantes, muy cercano a la frontera con Portugal. Hoy, un siglo después, me dicen que casi dobla el número de personas que residen allí. El día 27 de julio de 1909, escondidos detrás de una peña, unos moros me mataron en el Barranco del Lobo, y desde entonces me encuentro paseando por estos patios, junto a muchos de mis compañeros, que también cayeron en el mismo lugar. Siempre tengo en mi memoria el consejo que mi madre me hizo al incorporarme a filas: ‘Hijo, debes permanecer siempre junto al Dios bueno y bondadoso y al dios triste, soso, y mal alumbrado por su candil, olvídalo, y no te acerques a él’. También he escuchado por aquí que nuestras almas, por el recuerdo de nuestras gestas y el espanto de la muerte, nunca envejecen, ni tampoco se marchitan; y creo que es así, porque como ejemplo, tengo a mi lado a Eustaquio Bournier, que aparenta tener unos 30 años, y ya cuenta con 150. Al parecer, por el lenguaje afrancesado con que se expresa, es belga, y pertenece al Regimiento de Bruselas. Dice que, cuando el Rey de Marruecos puso sitio a la Plaza (1774-1775), el 1 de febrero de 1775, los moros fronterizos, lo mataron en las cercanías del Fuerte de San Miguel, y creo que debe ser poeta, porque a este Panteón lo llama: <Tabernáculo de la muerte / yerta cámara de Héroes difuntos>. Él está enterrado en la Bóveda de la Soledad, en la Iglesia de la Concepción, desde donde se desplaza, de vez en cuando, para visitarnos y charlar con nosotros. También se ha acercado mi buen amigo, Pedro Alonso Hernández, Cabo de Infantería del Batallón de Llerena nº 11. Este está casado, y tiene 25 años, y fue el que intentó salvarme la vida parapetando mi cuerpo con el suyo, malherido, pero con tal mala suerte que los dos caímos al instante, en esos inhóspitos barrancos. Desde que nos trajeron aquí, no cesa de nombrar a su esposa, Brígida Blázquez, embarazada de varios meses, con la pesadumbre de cómo va a poder vivir ésta con la pensión de 273´75 pesetas anuales que le abonará el Estado, por su muerte en el campo de batalla.

Después de este relato, mis queridos melillenses, para que conozcan nuestros nombres, lugares y gestas donde caímos, nos despedimos de ustedes con nuestro más sincero cariño. Reciban, de tres humildes soldados, el más sincero abrazo”.

Yo creo que nuestros Héroes, se merecen una ristra de rimas, todas ellas llenas de cariño. Esos poetas ‘versistas de la Puerta de la Marina, que antaño cada domingo nos deleitaban con sus poemas, desde estas líneas, les invito a que de nuevo escriban de la vida y la muerte de todos los que están enterrados en La Purísima, y lancen al viento, junto a la diosa Niké (nuestro Ángel de Bronce), como pétalos de flores, sus versos en el recuerdo. Verán que, aunque sean versos sueltos, blancos o libres, y aparentemente hueros, el agradecimiento desde sus tumbas, y panteones silenciosos, será eterno.

Yo, sin ser poeta, allá por los 80, una ‘musa’ amiga mía, algo casquivana y protestona, me hizo escribir, con todo el atrevimiento: “¡Españoles, que de Melilla, habláis / sin honor, y sin razón / os suplico que penséis, / que es: España, / y como tal, / lo hagáis con el corazón!”.

Tags: Opinión

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