Los trabajadores del cementerio aseguran que la crisis no ha llegado al campo santo y desean, como cada año, que pase el ajetreo de la festividad de Todos los Santos y el lugar vuelva a recobrar su calma habitual.
Más de 3.000 personas acudieron el jueves al cementerio de Melilla. La tranquilidad que habitualmente reina entre los pasillos del campo santo se convierte en los días, previos a la celebración del día de Todos los Santos y el de los Difuntos, en una utopía. De hecho, son muchos los que optan por adelantar o atrasar la visita a sus seres queridos para evitar la multitud. Los que más sufren este cambio de aspecto del cementerio son, sin duda, sus trabajadores. José es enterrador y lleva trece años dando sepultura a melillenses en la Purísima. Yolanda se encarga de que los accesos al cementerio estén siempre lo más limpios posibles, desde hace cuatro años. Y Hasaan es uno de los responsables de que, además de las flores que ahora adornan los jarrones de las tumbas, en el resto del espacio también haya lugar para plantas y árboles. Los tres coinciden en dos cosas. La primera que la crisis no ha llegado al cementerio. La segunda, que cada año, cuando llega el día 1 de noviembre, están deseando que pase cuanto antes para volver a la tranquilidad y la paz que reina en este lugar. Y es que el silencio es, sin duda, una de las principales ventajas de trabajar en un cementerio, siempre y cuando los empleados no sean temerosos de la muerte ni de los espíritus.
José afirmó que para su trabajo no hay mucha diferencia entre que este día y otro cualquiera. El enterrador señaló que su labor depende, como es evidente, de que haya o no fallecimientos y esto es algo que no entiende de fechas. Sin embargo, si reconoció que en estos días el ajetreo es mucho mayor que en otras fechas.
Yolanda, por su parte, apuntó al igual que José, que el trabajo es similar al de otros momentos del año. No obstante, sí reconoció que el hecho de que haya más gente en el cementerio provoca que siempre haya un poco más que limpiar, pero el principal inconveniente es el ruido y el bullicio que se forma en estas fechas. La joven indicó, en cuanto a la crisis, que ellos no han notado que la gente deje de ir a visitar las sepulturas de sus seres queridos.
Por su parte, Hassan afirmó que en el caso de los jardineros sí que hay más trabajo, especialmente en los días previos a la festividad. Así, señaló que normalmente se traen nuevas plantas y se embellece un poco el cementerio, para que tanto el día de Todos los Santos, como el de los Difuntos, ofrezca su mejor cara.
El jardinero señaló, al igual que sus compañeros, que para él es más cómodo trabajar el resto del año, cuando todo es mucho más tranquilo. “En los días normales conocemos a muchos de los que vienen a visitar las tumbas, porque la mayoría lo hacen de forma asidua”, indicó. Sin embargo, este fin de semana el número de personas que se acercan al campo santo a recordar a sus fallecidos se multiplica.
En pocos días el silencio volverá a reinar en el cementerio y la tranquilidad volverá a convertirse en la protagonista de este lugar. Todos los que pasan sus días en el campo santo recuperarán la normalidad y tendrán que esperar 365 días para que el bullicio, las caras desconocidas y el colorido de las flores que ocupan ahora casi todos los rincones, vuelvan. Desde mañana los asiduos de este lugar disfrutarán de la calma de su vida cotidiana.







