Las ciudades autónomas y cualquier otro asunto conflictivo en las relaciones entre España y Marruecos quedó aparcado. En la agenda de la reunión de alto nivel no hubo lugar para tratar la problemática relación de vecindad de Melilla y Ceuta con el país vecino. Al menos, ésa es la idea que ha trascendido del encuentro del presidente Rajoy y siete de sus ministros con sus homólogos marroquíes. Ayer el asunto central giró entorno a la economía, las relaciones comerciales y los proyectos de cooperación. “Esta RAN no es el final de un camino, sino el principio del mismo”, manifestó de manera grandilocuente el presidente Rajoy, que es consciente de que en ese caminar con el presidente Benkirán tarde o temprano deberá hacer un alto para abordar los asuntos que preocupan a Melilla y Ceuta.
Las declaraciones de ambas partes hacen ver que la reunión ha sido un éxito. Si es así o no podremos comprobarlo los melillenses y ceutíes en las próximas semanas observando los acontecimientos que sucedan en la frontera o relacionados con la inmigración. En cualquier caso, la cumbre sirvió para demostrar una vez más que ambos países están condenados a entenderse y más aún ahora que la crisis económica les obliga compartir intereses. Y precisamente la economía es la que está obrando el ‘milagro’ del acercamiento basado en “la confianza y la cooperación sin límites”, como defendió el presidente Benkirán. Prueba de este interés mutuo es el foro empresarial organizado por las patronales española y marroquí que se celebró en Rabat de forma paralela a la cumbre entre ambos países.
Las raíces de la Unión Europea se hunden en intereses económicos compartidos por Estados que encuentran más ventajas en la colaboración que en avivar viejas rencillas. Ese es el camino que parecen haber tomado por fin España y Marruecos.







