El presidente del Gobierno de España, Pedro Sánchez, anunció ayer en el Congreso de los Diputados su intención de promover que la Unión Europea redefina el estatus que Ceuta y Melilla tienen en este club. Más concretamente, habló de conseguir que las dos ciudades autónomas en el norte de África obtengan el reconocimiento como regiones ultraperiféricas de Europa, lo cual supondría contar con un régimen de ayudas muy beneficioso para el desarrollo socioeconómico de ambos territorios. Y, además, también comentó que se va a solicitar la inclusión en la Unión Aduanera.
Se trata de un cambio radical de la postura del Gobierno con respecto al futuro de ceutíes y melillenses. Tan es así que incluso adelantó que Felipe VI viajará en las próximas semanas a Ceuta y Melilla cuando precisamente trascendió ayer que el jefe de la Casa del Rey, Camilo Villarino, está empezando ya a organizar la visita junto con el ministro de la Presidencia, Justicia y Relaciones con las Cortes, Félix Bolaños. Sánchez defiende incluso ahora que existen "argumentos y razones" para que ese desplazamiento del monarca se produzca, si bien es cierto que sigue sin tener una fecha concreta para su materialización.
La tercera pata guarda relación, por su parte, con medidas de carácter fiscal. Los contratos indefinidos que se celebren a partir del pasado 1 de septiembre serán bonificados al 75% del coste de la Seguridad Social, porcentaje idéntico al de los emprendedores desde el 1 de octubre. Igualmente se aumenta del 50% al 60% la rebaja en el impuesto de sociedades. Todo ello, independientemente del paquete económico previsto para Ceuta por su especial situación en esta grave crisis.
Viendo las decisiones adoptadas inicialmente por Sánchez se puede llegar a la conclusión de que, por fin, se toman en serio parte de las demandas que viene realizando la Ciudad Autónoma desde hace años y bajo dirección del popular Juan José Imbroda. Lamentablemente ha tenido que ocurrir una flagrante "violación de la integridad territorial" de España con la invasión de Ceuta en los dos últimos días de julio pasado, para que el Ejecutivo nacional haya reaccionado ante lo que ha sido una reivindicación constante de los gobernantes en Melilla.
Resta tan solo compronar que, efectivamente, el Gobierno se pone a la tarea, sabiéndose como se sabe que tanto la redefinición del estatus europeo de las dos ciudades como la visita del Rey no van a ser muy bien acogidas en Rabat. Menos aún en estas semanas previas a las próximas elecciones legislativas en Marruecos, propicias para ejercer presión sobre las dos localidades españolas para agitar la bandera nacionalista por los intereses electorales de unos y otros al otro lado de la frontera.








