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Adolfo Hernández: "Ceuta y Melilla nunca han pasado de incógnito en la historia"

El doctor en Ciencias Políticas y miembro del Instituto de Estudios Ceutíes analiza el valor histórico y estratégico de ambas ciudades, explica las diferencias jurídicas con el Sáhara Occidental y reflexiona sobre los paralelismos que algunos establecen entre la Marcha Verde de 1975 y la actual presión migratoria sobre Ceuta

por Alejandra Gutiérrez
07/08/2026 10:12 CEST
Adolfo Hernández: "Ceuta y Melilla nunca han pasado de incógnito en la historia"

Adolfo Hernández Lafuente, doctor en Ciencias Políticas y miembro del Instituto de Estudios Ceutíes. -Archivo-


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Sobre cualquier mapa del Mediterráneo occidental pueden parecer dos pequeños puntos situados en la costa norte de África. Sin embargo, detrás de esa aparente dimensión reducida existe una trayectoria histórica marcada por conflictos internacionales, movimientos de población, disputas estratégicas y decisiones políticas que han trascendido sus propios límites territoriales. Para Adolfo Hernández Lafuente, doctor en Ciencias Políticas y miembro del Instituto de Estudios Ceutíes, comprender la realidad actual de Ceuta y Melilla exige mirar mucho más allá de los acontecimientos recientes y recuperar una perspectiva histórica amplia.

"Han sido dos ciudades, dos territorios, que no han pasado de incógnito en la historia", explica. Para el politólogo, la singularidad de ambas ciudades reside precisamente en que nunca fueron espacios secundarios dentro de los cambios acontecidos en el Mediterráneo. Su ubicación en el Estrecho de Gibraltar las convirtió durante siglos en enclaves fundamentales para diferentes civilizaciones que buscaron controlar una zona donde confluyen dos continentes y dos grandes espacios marítimos.

La historia de Ceuta y Melilla, sostiene, no comienza con las tensiones contemporáneas ni puede analizarse únicamente desde su relación con el actual Estado de Marruecos. Antes incluso de la configuración del Reino alauita, cuya existencia sitúa en aproximadamente tres siglos, ambos territorios ya estaban vinculados a una posición estratégica que había atraído a diferentes pueblos. Fenicios, romanos y posteriormente otras civilizaciones dejaron su huella en un espacio donde la presencia humana ha sido constante.

"Por aquí ha pasado todo el mundo", señala Hernández Lafuente, que considera que esa continuidad histórica es una de las claves para explicar la excepcionalidad de ambas ciudades. El Estrecho no era únicamente una frontera geográfica, sino una vía de comunicación esencial para el comercio, la navegación y el control militar del Mediterráneo.

Esa importancia estratégica obligó a desarrollar sistemas defensivos que todavía hoy forman parte del patrimonio urbano de Ceuta y Melilla. Las murallas y fortificaciones no fueron, según explica, simples elementos de protección local, sino piezas dentro de una estructura mucho más amplia destinada a garantizar el control de dos enclaves considerados fundamentales para los intereses europeos.

Durante siglos, ambas ciudades funcionaron como posiciones avanzadas frente a las amenazas que atravesaban el Mediterráneo. En la época de Carlos V y Felipe II, su papel adquirió una dimensión internacional al convertirse en puntos de apoyo frente al avance otomano y frente a la piratería que afectaba a las rutas comerciales y a las costas peninsulares.

Junto a plazas como Malta u Orán, Ceuta y Melilla formaban parte de una red defensiva mediterránea. "Somos la base de donde salen las armadas que vienen a luchar contra la piratería, contra el imperio otomano", explica Hernández Lafuente. Desde su perspectiva, ambas ciudades no solo defendieron su propia existencia, sino que desarrollaron una función estratégica vinculada a la protección de la Península e incluso del conjunto europeo.

Esa condición explica también la sucesión de episodios de asedio y presión militar que han marcado su historia. El politólogo recuerda especialmente el protagonizado por Muley Ismail sobre Ceuta, un cerco prolongado durante más de tres décadas que considera uno de los más largos de la historia moderna. La ciudad no solo tuvo que afrontar la presión del sultanato, sino también los intereses de otras potencias que comprendían el valor estratégico del Estrecho.

Tras la conquista inglesa de Gibraltar, el control de las dos orillas se convirtió en una cuestión esencial para las potencias europeas. "Lo que querían -los ingleses- era tener las dos orillas del Estrecho", recuerda Hernández Lafuente, aludiendo a la importancia geopolítica de una zona que continúa teniendo relevancia en la actualidad.

Esa trayectoria histórica vinculada a España es también la base desde la que aborda la diferencia jurídica entre Ceuta y Melilla y otros territorios africanos que sí estuvieron inmersos en los procesos de descolonización durante el siglo XX.

El caso del Sáhara Occidental se sitúa precisamente en ese contexto. La Marcha Verde de 1975 se produjo en un momento en el que la comunidad internacional estaba inmersa en una profunda transformación del mapa político mundial, marcada por la descolonización de numerosos territorios. El derecho internacional había incorporado el principio de autodeterminación como uno de los elementos centrales para resolver la situación de territorios coloniales y modificar la configuración territorial de numerosos Estados.

Sin embargo, el escenario internacional de aquel momento estaba condicionado además por la lógica de la Guerra Fría. En 1975, el mundo se encontraba dividido en dos grandes bloques enfrentados, con Estados Unidos y sus aliados occidentales por un lado y la Unión Soviética y sus aliados por otro. Esa estructura bipolar hacía que muchos conflictos regionales estuvieran atravesados por la rivalidad entre las grandes potencias y que las decisiones de los Estados estuvieran condicionadas por ese equilibrio internacional.

En ese marco de tensión global que continuaba en 1975, España afrontaba los últimos meses del franquismo en una situación de especial debilidad política e incertidumbre institucional. Hernández Lafuente considera que Marruecos aprovechó precisamente esa circunstancia para impulsar una operación que introdujo una nueva forma de ejercer presión sobre un Estado.

Para el politólogo, la principal enseñanza de la Marcha Verde fue la utilización de grandes masas de población civil como instrumento frente a un sistema defensivo militar tradicional. "La Marcha Verde puede desanudar un sistema defensivo de ejército tradicional de la defensa dura, utilizando como carne de cañón a miembros, personas, masas", explica.

Según su análisis, aquella estrategia planteaba un desafío enorme porque situaba al Estado defensor ante un dilema complejo: responder militarmente contra personas aparentemente desarmadas provocando una masacre o permitir el avance de una movilización masiva. "Descubren que pueden hacer la guerra sin utilizar los medios técnicos de la guerra", afirma.

Hernández Lafuente recuerda que sobre el terreno existía una enorme desproporción entre los sistemas militares preparados para la defensa y las miles de personas que avanzaban hacia el Sahara Occidental. Frente a posiciones minadas, armamento y estructuras militares, se encontraba una multitud cuya presencia modificaba completamente las reglas del enfrentamiento. "Tenías que hacer una de las dos cosas: lo que se hizo, dejarlos pasar, o lo que se podía haber hecho como otra alternativa, empezar allí una masacre", sostiene.

A su juicio, aquella fórmula tuvo un importante impacto porque demostró que una movilización de masas podía reducir la capacidad de disuasión de un ejército convencional sin recurrir a una guerra tradicional. Desde entonces, considera que Marruecos ha utilizado estrategias similares en diferentes momentos y con distintas intensidades. "Esto lo ha aprendido muy bien Marruecos, porque no es la primera vez que nos lo ha hecho", afirma.

No obstante, insiste en que la situación jurídica de Ceuta y Melilla es diferente. Mientras el Sáhara Occidental estaba integrado en el proceso internacional de descolonización, las dos ciudades españolas quedaron fuera de ese marco. "Ceuta y Melilla quedaron inmunes, nadie atentó de meterlas en un proceso descolonizador", explica. Para Hernández Lafuente, la diferencia fundamental está en la continuidad histórica de soberanía española que mantienen ambas ciudades desde el medievo.

La comparación con la actualidad, por tanto, no se basa únicamente en los acontecimientos concretos, sino en la forma en la que pueden utilizarse determinadas situaciones de presión. El politólogo considera que el contexto actual presenta diferencias respecto a 1975, especialmente por la pertenencia de España a la Unión Europea. Frente al escenario bipolar propio de la Guerra Fría, donde los conflictos podían quedar condicionados por la rivalidad entre dos grandes bloques, Hernández Lafuente considera que hoy existe la posibilidad de una respuesta multilateral mediante las instituciones europeas. "Este tema se habría resuelto si se pide ayuda a la Unión Europea, que tiene regulado este caso de ayuda, y habrían venido aquí los miembros de Frontex", afirma.

En relación con la reciente crisis vivida en Ceuta, Hernández Lafuente rechaza que pueda interpretarse únicamente como un episodio migratorio. En su opinión, la llegada masiva de personas debe analizarse también desde la perspectiva de la utilización política de una situación previamente existente. "Se ha querido destacar como una crisis migratoria, pero la crisis ya está ahí; lo que se ha hecho es una manipulación de la crisis para hacer una invasión", sostiene.

Como elemento dentro de ese análisis sitúa la llegada este jueves de dos fragatas españolas a las costas de Ceuta que divisaba en el momento de la entrevista. Para él, la presencia de estos buques responde a una lógica de disuasión y contradice la idea de que los acontecimientos respondían únicamente a la actuación de redes de tráfico de personas. "Dos grandes fragatas españolas, con una tecnología tremenda, no vienen aquí por cualquier cosa", señala.

Respecto a la situación sobre el terreno ceutí, considera que la normalidad todavía no se ha recuperado. Aunque reconoce que se han producido actuaciones para despejar determinadas zonas del centro, asegura que continúa existiendo una importante concentración de personas en áreas próximas a los montes.

También describe el impacto que la situación ha tenido en algunos barrios de la ciudad, especialmente en El Príncipe, donde asegura que determinados comercios llegaron a quedarse sin provisiones debido al aumento repentino de la demanda. A ello añade la aparición de situaciones de aprovechamiento económico vinculadas a la excepcionalidad del momento. "Hay mucha gente que está haciendo maldad y su agosto cobrando las cosas con precios excesivos y aprovechándose precisamente de la crisis migratoria", afirma.

El politólogo diferencia además la situación actual de otros episodios anteriores por el perfil de las personas llegadas a la ciudad. Según explica, frente a crisis previas con una presencia más significativa de población subsahariana, en esta ocasión la mayoría de las personas serían de origen marroquí, aunque también existirían otros grupos.

Más allá del análisis político y estratégico, Hernández Lafuente destaca un elemento que considera esencial: la respuesta de la población ceutí. En un contexto de enorme presión, considera que el comportamiento ciudadano ha sido una de las claves para evitar una mayor tensión social. "El comportamiento cívico de la ciudadanía ha sido muy importante", concluye.

Esta visión de conjunto es precisamente el objetivo del estudio que prepara el Instituto de Estudios Ceutíes y que, según adelanta Hernández Lafuente, verá la luz previsiblemente en septiembre bajo el título de Las dos ciudades europeas de Ceuta y Melilla en el Mediterráneo Sur. El trabajo pretende reunir en un único documento la dimensión histórica, jurídica y estratégica de ambas ciudades para explicar su singularidad ante las instituciones europeas y ante el conjunto de la sociedad española. "Tenemos mucha historiografía, mucha producción en libros históricos, pero no tenemos un libro explicativo en su conjunto de toda esa documentación, de las razones jurídicas, las históricas y las de evidencia", concluye.

Tags: Adolfo Hernández LafuenteCeutacrisis migratoriaHistoriaInstituto de Estudios CeutíesMarcha VerdeMelillasoberanía española

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