Dicen que los seres humanos son los únicos animales que tropiezan dos veces con la misma piedra y a la vista de lo sucedido en Ceuta, no les falta razón. Cinco años después, los ceutíes han vivido una jornada caótica como consecuencia de la entrada ilegal de miles mayoritariamente de marroquíes (aunque también algunos argelinos y subsaharianos), que pudieron llegar a la ciudad hermana a nado e incluso a pie ante la más que evidente, cuando no ayuda, de las autoridades marroquíes. Es evidente que los gobernantes españoles no aprendieron nada de aquel triste episodio de 2021, antesala de lo ocurrido ayer.
Si hubieran querido poner medidas, ya las habrían adoptado porque la facilidad de la entrada a nado en las playas ceutíes, junto con la sentencia del Tribunal Supremo publicada el 8 de este mes de julio que hoy termina, que impide la devolución de los que entren por mar, han llevado a un auténtico caos en Ceuta; algunos medios calculan en 20.000 el número de migrantes que han invadido la población ceutí y eso, desde luego, no es obra de las mafias sino de la permisividad de Rabat, que vaya usted a saber qué le pidió España y España no le dio.
En algunas tertulias radiofónicas de la jornada se planteaban dos posibles razones: el reciente acercamiento del Gobierno de Sánchez a Argelia y el desbloqueo de las nacionalidades españolas para los saharauis. A saber qué habrá pasado por la cabeza del rey para adoptar semejante postura, pero está claro que la tropa del PSOE ya no puede asegurar eso de que las relaciones entre los dos vecinos del sur "son excelentes".
No se actuó hace cinco años con medidas eficaces ni tampoco se ha desarrollado una política migratoria que hiciera difícil semejante invasión. Desde primeros de julio, el PP había presentado la proposición de ley para modificar la Ley de Extranjería para permitir las devoluciones de quienes entran a nado. Si el Gobierno del PSOE hubiese querido, esa ley estaría ya más que aprobada y en vigor.
Otro detalle no menor es el alejamiento de España de la postura común de la Unión Europea, que alcanzó hace semanas un pacto que endurece las condiciones para la residencia legal y la concesión del asilo. Los españoles no solo no apoyaron a sus socios europeos sino que, además, abrieron un procedimiento extraordinario de legalización que, según fuentes policiales, incluye a 400.000 inmigrantes que nunca han vivido en territorio hispano.
Entre la política errática del Gobierno en materia migratoria, la sentencia del Supremo, la negativa a reformar la Ley de Extranjería para proteger a Ceuta y Melilla, y la actitud de Marruecos, se formó al final la tormenta perfecta que hoy en día padecen por desgracia los ceutíes, a los que desde Melilla mandamos un enorme abrazo y todo nuestro apoyo.








