Los vecinos de la zona Centro de Melilla reclaman soluciones urgentes ante una situación de ruido que describen como insoportable y que, denuncian, ha llegado a límites intolerables. A la creciente población de gaviotas, cuyo griterío incesante impide conciliar el sueño durante la noche, se suma cada mañana el estruendo de los sopladores de aire que emplean los operarios de limpieza del Parque Hernández y una música que arranca a primera hora, incluso los domingos. Los residentes de calles como O'Donnell, Prim, Marina, Chacel, General Pareja, Sidi Abdelkader o Ejército Español piden a la Consejería de Medio Ambiente y a las empresas encargadas del servicio que actúen ante un problema que, aseguran, hace imposible el descanso y la vida cotidiana.
Una noche que no termina
El primer frente es el de las gaviotas. Los vecinos coinciden en que su número no deja de crecer temporada tras temporada y que su presencia se ha vuelto especialmente ruidosa en las horas nocturnas, precisamente cuando el barrio debería quedar en silencio. El griterío, describen, es continuo y se prolonga durante toda la madrugada, sin tregua.
La consecuencia más inmediata es la imposibilidad de dormir. Familias enteras aseguran encadenar noches en vela, con el descanso roto una y otra vez por un sonido que no cesa. Para muchos, la falta de sueño ha dejado de ser una molestia puntual para convertirse en un problema que arrastran cada día al trabajo y a sus tareas cotidianas.
El estruendo de los sopladores
Cuando por fin amanece, el respiro no llega. Los residentes del entorno del Parque Hernández señalan que el verdadero problema son las máquinas manuales que portan los operarios para arrastrar las hojas y la suciedad empujándolas con aire a presión. Ese soplado, denuncian, genera un ruido que califican de insostenible y que atraviesa las fachadas desde primera hora de la mañana.
El malestar aumenta por un detalle que los propios vecinos aseguran haber constatado. Al preguntar directamente a los operarios, estos les habrían explicado que existen máquinas más silenciosas para realizar la misma tarea, pero que no disponen de ellas. Los residentes no cuestionan la limpieza del parque, que consideran necesaria, sino que se recurra a equipos especialmente ruidosos cuando, según se les ha trasladado, hay alternativas menos molestas en el mercado.
Música fuerte y temprana, también en domingo
A la maquinaria se suma un tercer elemento que ha terminado por colmar la paciencia del vecindario: la música del Parque Hernández. No se trata, precisan los residentes, de un estruendo a todo volumen, pero sí de una música lo bastante fuerte como para escucharse con claridad en las viviendas del entorno, y que comienza a sonar muy temprano, sin distinción entre días laborables y festivos.
Lo que más rechazo genera es que la consideran completamente innecesaria a esas horas. Los vecinos no encuentran sentido a un ambiente musical a partir de las ocho y media de la mañana, cuando quienes transitan y utilizan el parque a esa hora no demandan ninguna música de fondo. El domingo, la jornada en la que la mayoría espera recuperar horas de sueño, la melodía irrumpe igualmente cuando el barrio aún descansa.
Piden soluciones
Ante este panorama, los residentes de la zona Centro trasladan una reclamación concreta a la Consejería de Medio Ambiente y a las empresas encargadas de los servicios afectados. Piden que se aborde de una vez el control de la población de gaviotas, que se doten equipos de limpieza menos ruidosos como los que, según los operarios, ya existen, y que se revise el horario y la propia necesidad de la música del parque a primera hora.
Los vecinos insisten en que no buscan que se deje de cuidar el Parque Hernández, uno de los espacios más emblemáticos de la ciudad, sino que se compatibilicen esas tareas con el derecho al descanso de quienes viven a su alrededor. La sensación generalizada, subrayan, es la de un barrio castigado por el ruido a todas horas, de noche por las aves y de madrugada por la actividad del parque.
Un problema que ya se ha hecho insostenible
Los residentes coinciden en que la situación ha alcanzado un punto que califican de intolerable. Entre el griterío nocturno y el ruido matinal, aseguran, apenas quedan horas de silencio real en el corazón de Melilla, y la convivencia con este problema se ha vuelto incompatible con una vida normal.
A la espera de una respuesta institucional, los vecinos de O'Donnell, Prim, Marina, Chacel, General Pareja, Sidi Abdelkader, Ejército Español y calles del entorno confían en que su reclamación no caiga en saco roto y en que la próxima temporada no repita el mismo guion de noches sin dormir y mañanas rotas por el ruido.








