Las vacaciones se han convertido en un momento central en la vida de cualquier persona para lograr desconectar —de verdad— y recargar pilas antes de continuar con el actual ritmo de vida. Desde trabajadores a estudiantes pueden necesitar un respiro en los tiempos frenéticos que corren. Un modo de vivir cada vez más acelerado, hiperconectado y con menos espacio para todo aquello que no implique una responsabilidad o estar pegado a una pantalla.
No hace falta retirarse a un país lejano ni gastarse miles de euros en el periodo vacacional. También es cierto que no todas las personas van a poder desprenderse de las obligaciones diarias y tener unos días dedicados por completo al propio bienestar o a pasar tiempo de calidad con los que nos rodean. Cada situación es un mundo y lo mejor será siempre evitar compararse. No obstante, si se tienen las herramientas adecuadas, será algo más fácil dar con los huecos necesarios para atender a las propias necesidades.
Desconectar suena muy bien pero tiene cierta complicación. Muchas personas, al llegar este momento y especialmente si han sufrido estrés o tensión en el trabajo, no consiguen descansar cuando llegan las ansiadas vacaciones. Es un problema que acarrea efectos más a largo plazo si no se hace una pausa como es debido. Además, tomarse una pausa reparadora tiene beneficios importantes para la salud física y mental. Pero hay que saber cómo hacerlo, porque pasar del todo a la nada puede provocar el efecto contrario.
Si paramos y sentimos que hemos dedicado tiempo a todo aquello que, irremediablemente, pasa a un segundo plano en el día a día —aficiones, planes que se han pospuesto demasiado—, es probable que regresemos a la rutina con más ganas. Y no solo es una cuestión de energía, la motivación también sube y nos sentimos más entusiasmados y creativos. En definitiva, las vacaciones ayudan a retomar el equilibrio y el impacto es también positivo en el ámbito del trabajo.
Profesionales de la psicología ofrecen algunas recomendaciones para poder descansar y recuperarse de la agotadora vida diaria durante, al menos, unos días al año.
Consejos para desconectar en vacaciones
Quizá no puedas dejar todo cerrado en tu puesto de trabajo antes de cogerte vacaciones pero lo más importante es que no se crucen las llamadas o mensajes laborales mientras dure este periodo. Por lo tanto, siempre que sea posible, lo mejor será cerrar todos los asuntos que sean urgentes, delegar responsabilidades y ya que te pongan al día una vez te reincorpores.
Dejar a un lado las pantallas es vital. Con tanta información, la cabeza suele ir a mil por hora y no desaparece esa sensación de tener que estar conectado para no perderse nada. Bajar algunas revoluciones ante tanto estímulo se traduce en un mayor descanso mental. No habría ni que decir que nada de consultar el correo electrónico y, mucho menos, el teléfono del trabajo.
En cuanto a los planes, conocer lugares nuevos que no necesariamente tengan que estar súper lejos resulta muy estimulante. Cambiar de entorno, relacionarse con otras personas o probar nuevas actividades nos mantiene activos y motivados durante las vacaciones. Descansar como es debido y practicar la meditación o ejercicios de relajación son otras herramientas que favorecen el equilibrio entre cuerpo y mente. Básicamente, pasea por la playa, por el campo, párate, observa lo que hay a tu alrededor.
Deja espacio para la improvisación y para darte en cada momento lo que el cuerpo te pida. Si es descanso o movimiento, hazlo posible. Igualmente, pasar tiempo de calidad con los nuestros y buscar esa conexión que muchas veces se pierde en la rutina es esencial. Tener ratos a solas escribiendo, leyendo, cocinando o haciendo cualquier cosa que nos guste y nos mantenga entretenidos aumenta la sensación de bienestar al prestarse la atención o regalarse el tiempo que muchas veces no se tiene.
A nivel mental, intenta no pensar todo el tiempo en lo que tienes que hacer a la vuelta ni en lo que haya pasado anteriormente. El foco está en los momentos de descanso que estás viviendo y no más. Prueba con el mindfulness a ver qué tal, porque la atención plena en cualquier acción del día te ancla al presente y disipa las preocupaciones aunque estas sigan existiendo. Unos días antes de la vuelta al trabajo, puedes organizar un poco la agenda para que el shock no sea tan grande pero sin obsesionarse ni anticiparse demasiado.
Por último, es conveniente mantener cierta rutina dentro de la flexibilidad que es imperativa en las vacaciones. Los horarios cambian y el descanso se multiplica, así como los planes. El mejor consejo será dejar a un lado el piloto automático y el teléfono móvil para hacernos la siguiente pregunta: ¿qué me apetece hacer ahora que no pueda hacer un día cualquiera? Escucharse a uno mismo sin exigirse demasiado ni tratar que todo salga perfecto. La espontaneidad, con cierto margen de organización, será tu mejor aliada en este momento que tanto llevas esperando.








