El Gobierno de Melilla pondrá en marcha durante los dos próximos años un proyecto piloto para intentar frenar la expansión del alga invasora Rugulopteryx okamurae en la ensenada de Los Galápagos, una iniciativa con un presupuesto cercano a los 60.000 euros que combinará actuaciones de control poblacional con el seguimiento científico de una especie cuya presencia en el litoral melillense fue confirmada en 2024.
La Consejería de Medio Ambiente y Naturaleza ha optado por una intervención continuada en el tiempo después de que los informes técnicos concluyeran que la erradicación de esta especie no resulta viable con los conocimientos actuales. El objetivo del contrato será desarrollar un proyecto experimental que permita reducir su presencia en una de las zonas donde ya se ha detectado y obtener información que sirva para definir futuras estrategias de gestión.
La iniciativa supone un paso más dentro de las actuaciones que la Ciudad viene desarrollando desde que se confirmó la llegada de esta especie al litoral melillense. Además del proyecto de dos años, la Administración mantiene la posibilidad de intervenir con rapidez cuando la evolución de la invasión así lo requiera, en línea con las recomendaciones recogidas en la estrategia nacional para el control de esta especie exótica.
La Rugulopteryx okamurae, un alga parda originaria de las costas asiáticas del Pacífico, está incluida desde 2020 en el Catálogo Español de Especies Exóticas Invasoras debido al grave impacto ecológico que provoca sobre los ecosistemas marinos. Su expansión por el Estrecho de Gibraltar ha sido especialmente rápida desde que fue detectada por primera vez en Ceuta en 2015, convirtiéndose en una de las invasiones biológicas marinas más importantes registradas en España.
Aunque la proliferación de esta especie comenzó años atrás en otros puntos del litoral andaluz y ceutí, no fue hasta el verano de 2024 cuando los servicios de Playas de la Ciudad Autónoma observaron un incremento significativo de la presencia de algas en las costas de Melilla.
Ante esta situación, la Administración solicitó a finales de agosto un informe técnico a la Universidad de Granada dentro del III Convenio específico de colaboración para el estudio de la Zona Especial de Conservación (ZEC) y del litoral melillense. El documento, remitido el 28 de agosto de 2024, confirmó la presencia de Rugulopteryx okamurae en las aguas melillenses.
Estrategia de ámbito nacional
A partir de ese momento, la Ciudad comenzó a preparar una estrategia específica. El 27 de septiembre de 2024 adjudicó un contrato de asistencia técnica para elaborar el Plan de Gestión y Control del alga invasora, un trabajo desarrollado por investigadores especializados que permitió conocer el alcance de la colonización en el litoral local.
El resultado de ese estudio quedó plasmado en el Informe de actualización y diagnóstico de la situación de Rugulopteryx okamurae en Melilla, presentado el 23 de diciembre de 2024 por los investigadores Julio de la Rosa Álamos, de la Universidad de Granada, y María Altamirano Jeschke, de la Universidad de Málaga.
Las conclusiones del informe coinciden con la Estrategia de control del alga Rugulopteryx okamurae en España, que advierte de que actualmente no existen protocolos eficaces ni técnicas específicas para lograr la erradicación de esta especie. De hecho, la documentación técnica señala que únicamente existe constancia de un ensayo de eliminación manual, sin que se hayan desarrollado métodos consolidados capaces de frenar su expansión una vez que logra asentarse en un territorio.
Precisamente por esa ausencia de soluciones definitivas, la Ciudad ha optado por desarrollar un proyecto piloto de carácter experimental durante dos años, que permitirá evaluar distintas actuaciones de control poblacional en un entorno concreto como la ensenada de Los Galápagos.
La estrategia nacional también recomienda que, cuando se detecten focos incipientes de invasión con una extensión todavía limitada, las administraciones actúen con la máxima rapidez para valorar si resulta posible una intervención de erradicación. El documento destaca que una respuesta temprana reduce tanto los costes económicos como el impacto ambiental que genera la expansión de la especie.
Alteración de los ecosistemas marinos
En ese sentido, el expediente del contrato recuerda la necesidad de disponer de mecanismos administrativos ágiles que permitan movilizar recursos humanos, técnicos y económicos cuando aparezcan nuevos focos de invasión, especialmente en espacios protegidos o en zonas donde la presencia del alga pueda afectar a especies de especial interés ecológico.
La experiencia que se obtenga en Los Galápagos servirá además para evaluar la eficacia de las diferentes técnicas que puedan aplicarse sobre una especie cuya expansión preocupa cada vez más en el Mediterráneo occidental.
La presencia de Rugulopteryx okamurae altera los ecosistemas marinos al desplazar a especies autóctonas y puede generar importantes acumulaciones de biomasa en las playas, con las consiguientes molestias para los usuarios y el incremento de los costes de limpieza de los arenales.
Con este proyecto piloto, la Ciudad Autónoma pretende disponer durante los próximos dos años de una herramienta estable para conocer la evolución del alga en Melilla, ensayar medidas de control sobre el terreno y actuar cuando las circunstancias lo aconsejen, dentro de una estrategia que combina la intervención inmediata ante nuevos focos con el seguimiento científico continuado de una de las especies invasoras que más preocupa actualmente a los expertos en biodiversidad marina.








