Este fin de semana, la ciudad autónoma de Melilla se convierte en un escenario abierto a un viaje donde la danza contemporánea toma las calles, las plazas y los espacios patrimoniales como lienzo vivo. Bajo el nombre de Melilla en Danza, el nuevo festival internacional propone una experiencia cultural que rompe la distancia habitual entre el público y la creación escénica, integrando el movimiento, la arquitectura y la vida urbana en un mismo lugar destinado a la creación y la expresividad.
La iniciativa -presentada oficialmente este martes por la consejera de Cultura, Fadela Mohatar, junto a la directora del proyecto, Marina Varem - nace con la voluntad de consolidarse como una propuesta estable en la ciudad. En su intervención, Mohatar subrayó la vinculación de su consejería con la cultura, los artistas y los creadores locales, destacando la “apuesta fresca” que supone este nuevo festival para el calendario cultural local, aportando innovación, frescura y dinamizando el espacio cultural de la ciudad, engrosando la programación artística y cultural de la ciudad. La propuesta se concibe no solo desde lo contemplativo y del movimiento, sino como una forma de diálogo entre el patrimonio histórico y las nuevas formas de expresión contemporánea a través de la belleza de la danza.
Detrás de esta primera edición se encuentra la bailarina, creadora y coreógrafa melillense Marina Varem, que regresa a su ciudad natal con un proyecto que, en sus propias palabras, nace del deseo de compartir la danza en los espacios que la vieron crecer. Su trayectoria artística se entrelaza aquí con una mirada afectiva hacia la ciudad, en un formato que ya había explorado anteriormente con intervenciones en el Parque Hernández donde hace un año el baile se convirtió en vehículo para la historia de la danza. Ahora amplía su alcance al transformarse en un festival completo. Varem reivindica así una manera de entender la danza como lenguaje universal y cercano, capaz de adaptarse al entorno y de dialogar directamente con el espectador.
El festival sigue una línea ya presente en otras ciudades españolas, donde la danza contemporánea ha salido de los teatros para ocupar plazas y espacios patrimoniales. En este caso, la influencia de redes como Acieloabierto —que agrupa a festivales y compañías de referencia en el ámbito nacional e internacional— se hace visible con la presencia de tres compañías integradas en esta red, seleccionadas por su calidad y proyección artística. Esta conexión sitúa a Melilla en un circuito más amplio de creación contemporánea, situándola como punto emergente dentro del mapa cultural.
La programación se articula en dos jornadas principales, los días 19 y 20 de junio, con una serie de piezas independientes que se distribuyen por distintos enclaves de la ciudad. El recorrido escénico convierte la ciudad amurallada en una experiencia itinerante, donde cada espacio aporta una atmósfera distinta a las coreografías personales y diversas de cada compañía. El público no permanece estático, sino que acompaña el desplazamiento de las obras, generando una relación más cercana e inmersiva con los intérpretes.
El viernes por la tarde-noche se inaugura oficialmente el festival a las 20:30 horas en el Torreón de Bolaños, donde la propia Marina Varem presenta una pieza en solitario titulada Lenguaje Universal. Esta apertura marca el tono íntimo y conceptual del festival, donde el cuerpo se convierte en vehículo principal de comunicación. A continuación, el relevo lo toman dos propuestas de la compañía de David Grimaldi: Untitled Duet y Trash, que se despliegan en un recorrido que va desde el Torreón de las Cabras hasta la Plaza Pedro de Estopiñán. La jornada del viernes concluye en torno a las 21:10 horas con la última intervención coreográfica de la noche, cerrando un primer contacto entre ciudad y danza que busca sorprender al espectador en su propio entorno cotidiano.
El sábado, la programación continúa en otros enclaves emblemáticos. A las 20:30 horas, la Plaza de las Cuatro Culturas acoge la pieza Quema de Jacob Gómez, una propuesta de fuerte carga expresiva que dialoga con el espacio abierto y la presencia del público. Poco después, a las 20:50, la Plaza de Armas se convierte en escenario para Unarys, de Eszer, seguida a las 21:10 por Vibra! de Arnau Pérez, cerrando así un recorrido de tres piezas que, aunque comparten contexto, mantienen su independencia creativa. Tal y como señala la propia directora del festival, cada obra “expresa una cosa distinta, no están enlazadas ni vinculadas entre sí, son piezas únicas de distintas compañías”, lo que refuerza la diversidad de lenguajes dentro del programa.
Más allá de las representaciones del festival, el día 17 de junio, la Escuela de Música y Danza “Pilar Muñoz González” acoge dos sesiones de masterclass impartidas por Marina Varem, dirigidas tanto a niños como a adultos. Estas sesiones buscan acercar el lenguaje de la danza contemporánea a distintos públicos, fomentando la participación activa y la comprensión del proceso creativo apostando por la educación como una pata más de un proyecto que aspira a consolidarse y enriquecer el panorama de la danza local.
El carácter experiencial del festival se amplía también a través de la gastronomía y la convivencia. Durante las jornadas, el espacio contará con servicio de tapas y consumiciones a cargo de “El Saborío”, lo que añade un componente social al evento, permitiendo que la experiencia artística se extienda en un ambiente de encuentro y disfrute compartido. Con esta primera edición, el festival aspira a consolidarse en el tiempo, posicionando a Melilla dentro del circuito de la danza contemporánea en España.
En conjunto, Melilla en Danza se plantea como una apuesta por la descentralización de la cultura escénica y por la activación del espacio urbano a través de la belleza de la danza. La ciudad se transforma en escenario, pero también en protagonista, en un diálogo constante entre arquitectura, historia y cuerpo. Para Marina Varem, el proyecto tiene además una dimensión emocional: “yo he crecido aquí y me hace especial ilusión”, confesaba durante la presentación, subrayando ese vínculo personal que impregna toda la iniciativa.








