La Explanada Multifuncional de San Lorenzo acogió este sábado la XIX edición de la jornada social organizada por la Iglesia Evangélica Sendero de la Cruz, una iniciativa con la que esta comunidad religiosa vuelve cada año a trasladar a la calle la labor continuada que desarrolla con familias en situación de vulnerabilidad. En esta ocasión, la entidad logró atender a unas 300 familias melillenses a través de una red de servicios que combinó la cobertura de necesidades básicas con acciones de orientación y acompañamiento social.
Los preparativos comenzaron ya durante la tarde y la noche del viernes, cuando voluntarios y miembros de la congregación trabajaron en el montaje de las diferentes carpas para que todo estuviese dispuesto desde primera hora de la mañana del sábado. La actividad se prolongó durante toda la jornada, hasta aproximadamente las cinco de la tarde.
La iniciativa contó con 100 voluntarios procedentes de distintos puntos de la Península, entre ellos médicos, abogados, cocineros y profesionales de diversos sectores, que se sumaron a los miembros de la iglesia para atender a las familias participantes. Según explicó el pastor de la Iglesia Evangélica Sendero de la Cruz, David García, todos ellos asumieron personalmente los costes de viaje, alojamiento y manutención para colaborar en el proyecto.
El dispositivo se articuló a través de varias carpas temáticas. Una de ellas estuvo dedicada a la peluquería y al cuidado del cabello, mientras que otra se centró en la distribución de productos de higiene personal y bucodental, como champús, cremas, cepillos de dientes y otros artículos básicos. También se habilitó una carpa sanitaria en la que se realizaron controles de glucosa y tensión arterial, una atención de carácter orientativo destinada a ofrecer una primera valoración a quienes acudieron al encuentro.
La alimentación constituyó otro de los pilares de la jornada. Durante todo el día se repartieron hamburguesas y agua entre los asistentes. García explicó que algunas personas llegan con problemas relacionados con los niveles de azúcar o tras muchas horas sin haber comido, por lo que este servicio forma parte de la atención que se presta durante la actividad. También hubo reparto de bolsas de comida para aliviar las necesidades alimenticias de los hogares melillenses que lo necesitan.
Otro de los espacios más concurridos fue el ropero social. Gracias a las donaciones recibidas y a la colaboración de distintas entidades como Yo Dono y comunidades con las que la iglesia trabaja en red, se distribuyeron cerca de 3.000 kilos de ropa entre las familias participantes.
Más allá de la cobertura de necesidades básicas, uno de los espacios centrales de la jornada fue la carpa de Conexiones. Allí, los voluntarios mantenían conversaciones personalizadas con los asistentes para conocer sus circunstancias y detectar qué necesidades existían detrás de cada situación. Este espacio permite orientar a las personas en cuestiones relacionadas con la búsqueda activa de empleo, la elaboración de currículums o la derivación a otros recursos y asociaciones.
García defendió que la ayuda material es necesaria, pero insistió en la importancia de trabajar también en aquellos aspectos que dificultan que las personas puedan avanzar por sí mismas. En este sentido, explicó que muchas veces las carencias no son únicamente económicas, sino que también tienen que ver con cuestiones personales, formativas o sociales que terminan convirtiéndose en barreras para acceder a oportunidades laborales o mejorar su situación.
Según señaló, el objetivo es ayudar a las personas a superar esas limitaciones internas, abrirles puertas y acompañarlas en procesos que, en ocasiones, les permiten acceder a oportunidades que consideraban inalcanzables. Una labor que la entidad desarrolla posteriormente a través del trabajo continuado que realiza durante el resto del año con las familias.
La jornada se completó con actividades dirigidas a los más pequeños, organizadas principalmente por los jóvenes de la congregación, cuya implicación fue destacada por el propio pastor. Juegos, actividades infantiles y una representación teatral dieron contenido a una gran carpa cedida por la comunidad hindú, utilizada durante la celebración del Holi en Melilla.
La organización alcanza ya diecinueve años desarrollando esta iniciativa en Melilla y Ceuta. Aunque la valoración de la jornada es positiva por haber logrado atender a unas 300 familias —50 más de las inicialmente previstas—, García reconoció que el incremento de participantes refleja también la existencia de necesidades que continúan presentes en la ciudad.
Por ello, aprovechó la ocasión para realizar un llamamiento a las administraciones públicas y a las autoridades para que refuercen su implicación en este tipo de actuaciones. A su juicio, una mayor colaboración permitiría ampliar significativamente el alcance de proyectos como este y llegar a muchas más personas.
La cifra alcanzada este año supone para la entidad una satisfacción por el número de familias atendidas, pero también una constatación de la vulnerabilidad social que siguen detectando sobre el terreno. Una realidad que, según trasladó García, observan diariamente quienes trabajan de forma directa con las personas y que les impulsa a seguir desarrollando iniciativas de acompañamiento y apoyo durante todo el año para lograr no solo obtener recursos que ayuden a paliar las necesidades, sino también, poder trabajar con las personas y lograr que ellas mismas logren superar las barreras y limitaciones que no permiten romper un círculo, ya de por sí complejo de sobrevivir.







