La mañana del domingo volvió a transformar el Parque de Educación Vial Manuel Ojeda en una pequeña ciudad a escala donde los semáforos, los pasos de peatones y las señales de tráfico convivieron con las risas de una veintena de niños y niñas que acudieron a una nueva jornada de educación vial organizada por La Casa del Detalle en colaboración con la Ciudad Autónoma.
Desde primera hora, los pequeños comenzaron a ocupar las mesas preparadas para la primera parte de la actividad. Lápices de colores, cartulinas, tijeras y pegamentos sirvieron para abrir una mañana pensada no solo para entretener, sino también para acercar a los menores a las normas básicas de circulación de una forma cercana y dinámica. Mientras algunos coloreaban señales de tráfico, otros recortaban figuras relacionadas con la seguridad vial antes de pasar a la parte más esperada del día: el circuito.
La actividad, ya asentada dentro de la programación infantil de la ciudad, lleva cerca de dos años celebrándose en este espacio. María Lozano, una de las monitoras encargadas de coordinar la propuesta, explica que el objetivo siempre ha sido combinar aprendizaje y diversión para que los niños interioricen normas básicas casi sin darse cuenta.
“Les enseñamos básicamente las normas de circulación de los coches, tanto de los peatones, de las bicicletas, de todo, y van aprendiendo un poquito lo que es la realidad también”, comenta.
Antes de arrancar los vehículos, las monitoras guían al grupo por las distintas zonas del circuito para familiarizarlos con las señales y explicarles cómo deben comportarse dentro de la vía. Los menores escuchan mientras identifican pasos de peatones, señales de stop o direcciones obligatorias distribuidas por todo el recinto.
El entorno ayuda. El parque cuenta con una estructura diseñada precisamente para este tipo de actividades y eso permite recrear situaciones muy similares a las de una ciudad real. “Ya está todo adaptado. Ponemos también edificios y hacemos como una pequeña ruta enseñándoles las señales”, señala Lozano.
Una vez terminadas las explicaciones, llega el momento de ponerse al volante. Los coches eléctricos esperan alineados mientras los pequeños se colocan en fila aguardando su turno con una mezcla de nervios y emoción. Poco a poco, el circuito comienza a llenarse de movimiento. Algunos avanzan despacio, concentrados en no saltarse ninguna señal; otros muestran ya cierta experiencia adquirida tras repetir la actividad en varias ocasiones. Otros se familiarizan con el volante y los pedales mientras tratan de seguir el recorrido.
Y es que muchos de ellos son habituales. “Hay aquí niños que siempre vienen y eso ya… son fijos”, comenta entre risas la monitora. “Siempre están, además se lo saben ya todo”.
La propuesta cambia ligeramente en función del número de participantes y de las edades de los asistentes. Cuando los grupos son más numerosos, la actividad incorpora juegos de roles para hacerla todavía más dinámica. Algunos menores conducen mientras otros asumen el papel de policías encargados de vigilar que se respeten las normas de circulación.
“Tienen que ver que todos cumplan con las señales, que no se salten ninguna, que dejen pasar a los peatones”, explica Lozano sobre una dinámica que convierte el aprendizaje en un juego colectivo.
Además de los coches eléctricos, la organización también incorpora pequeñas motos adaptadas para los niños más pequeños. La intención es que todos puedan participar independientemente de la edad.
“A lo mejor viene un niño de dos o tres años y los coches grandes no están preparados para ellos, así que usamos las motitos para que también se sientan integrados en la actividad”, relata.
Entre las propuestas que más éxito tienen entre los participantes se encuentra una versión infantil inspirada en el videojuego Mario Kart, donde los pequeños deben avanzar respetando las señales mientras interactúan con distintos elementos del juego preparados por las monitoras.
La actividad suele celebrarse varias veces al mes y las plazas acostumbran a agotarse rápidamente. El boca a boca entre las familias y la fidelidad de muchos participantes habituales han convertido esta cita en una de las propuestas infantiles más reconocibles dentro de la programación lúdica de la ciudad.
“Se llenan muy rápido las inscripciones”, asegura Lozano, que también anima a las familias a seguir las actividades de La Casa del Detalle a través de sus canales de difusión, donde anuncian nuevas jornadas y propuestas orientadas al público infantil.
Mientras la mañana avanza, los pequeños continúan recorriendo el circuito entre frenazos suaves, indicaciones de las monitoras y algún que otro choque. El parque mantiene durante horas una atmósfera singular, mitad juego y mitad aprendizaje, donde las normas de tráfico dejan de ser algo lejano para convertirse en parte de una experiencia divertida que muchos esperan repetir cada vez que vuelven a abrirse las inscripciones.








