El proyecto para la creación de un parque canino en el Parque Forestal Juan Carlos I de Melilla ya está en marcha, una iniciativa que responde a la demanda de espacios específicos para el ocio de mascotas. La actuación, que ya ha salido a licitación por un importe de 112.000 euros, contempla un plazo de ejecución de tres meses una vez adjudicadas las obras y busca dar solución a los problemas de convivencia e higiene detectados en uno de los principales pulmones verdes de la ciudad.
Esta idea nace en un contexto marcado por el incremento de la población canina en Melilla, donde los animales de compañía han pasado a formar parte habitual de los núcleos familiares. Esta realidad ha generado nuevas necesidades urbanas, entre ellas la habilitación de espacios adecuados donde los canes puedan ejercitarse y socializar en condiciones óptimas, sin interferir en el uso general de las zonas verdes por parte de la población.
Como señalan las memorias de la iniciativa, el Parque Forestal Juan Carlos I, ubicado en la zona sur de la ciudad, junto a la carretera de Alfonso XIII y colindante con el Barrio del Real, se ha convertido en uno de los puntos frecuentado por los melillenses. Con una superficie superior a los 100.000 metros cuadrados, este enclave reúne amplias zonas de vegetación, senderos y áreas de descanso que lo sitúan como un referente dentro de la infraestructura verde local.
Sin embargo, la elevada presencia de usuarios acompañados de perros ha evidenciado la ausencia de un espacio delimitado para estos animales, generando situaciones que afectan a la limpieza y al disfrute compartido del parque.
La futura instalación consistirá en un recinto cerrado específicamente preparado como parque canino, donde las mascotas podrán permanecer sueltas bajo la supervisión de sus propietarios. Este espacio estará delimitado mediante un vallado perimetral que garantizará la seguridad tanto de los perros como de los usuarios, evitando fugas y conflictos con otras zonas del parque.
Un equipamiento completo
El diseño del recinto incluye la instalación de bancos distribuidos estratégicamente para facilitar el descanso de los propietarios, así como dos pérgolas que proporcionarán sombra y mejorarán el confort térmico durante los meses de mayor temperatura. Además, se contempla la plantación de vegetación ornamental con el objetivo de integrar el espacio en el entorno natural del parque y mejorar la calidad ambiental del área.
Uno de los aspectos más relevantes del proyecto es la incorporación de elementos específicos para el bienestar de los animales. El parque contará con zonas de juego y ejercicio adaptadas, que permitirán a los perros desarrollar actividad física de forma segura. Asimismo, se habilitarán puntos de hidratación mediante una fuente accesible tanto para mascotas como para sus dueños, garantizando un uso funcional del espacio durante todo el año.
En materia de higiene, el recinto dispondrá de una zona de arena especialmente diseñada para facilitar la correcta gestión de los residuos caninos. Esta medida pretende fomentar hábitos responsables entre los usuarios y contribuir a mantener unas condiciones óptimas de limpieza, uno de los principales retos detectados en la situación actual del parque.
Estará abierto en horario nocturno
El proyecto también contempla la instalación de iluminación, lo que permitirá ampliar el uso del parque canino a horarios nocturnos con las debidas garantías de seguridad. Esta mejora responde a las necesidades de muchos propietarios que, por motivos laborales, utilizan estos espacios fuera de las horas diurnas.
Desde la Ciudad se considera que la creación de este parque canino tendrá un impacto positivo tanto en el bienestar animal como en la convivencia ciudadana. Este tipo de equipamientos urbanos se ha consolidado en los últimos años como una herramienta eficaz para ordenar el uso de los espacios públicos, evitando conflictos entre distintos colectivos y promoviendo una utilización más racional de las zonas verdes.
En este sentido, la concentración de la actividad canina en un espacio específico permitirá reducir el deterioro de otras áreas del parque no destinadas a este fin, como jardines, zonas infantiles o mobiliario urbano. Al mismo tiempo, facilitará el cumplimiento de la normativa vigente en materia de tenencia de animales, que en muchos casos limita la presencia de perros sueltos fuera de espacios habilitados.
Más allá de los beneficios prácticos, el parque canino de Melilla se plantea también como un punto de encuentro social. La experiencia en otras ciudades demuestra que estos espacios favorecen la interacción vecinal.








