La editorial El Toro Celeste ha publicado recientemente De Nador a Nueva York, la nueva novela del autor melillense Antonio Abad, una obra que se presenta como una narración epistolar y que se incorpora al conjunto de textos literarios con los que el escritor ha explorado durante décadas la memoria, la identidad y los espacios culturales vinculados a Melilla y al norte de Marruecos. La obra aparece subtitulada La carta, una denominación que resume la estructura narrativa elegida por el autor para desarrollar el relato.
La novela está construida como una extensa carta que la protagonista escribe desde una residencia de ancianos en España. A lo largo de la narración, la mujer —de avanzada edad y afectada por problemas físicos como reuma y artrosis— dirige sus palabras a un conocido pintor que vive en Nueva York. El destinatario, sin embargo, no responde en ningún momento, por lo que el texto adquiere la forma de un diálogo unilateral que se desarrolla como un largo soliloquio. La historia se compone de ciento diez capítulos breves que conforman una única epístola en la que la protagonista rememora su pasado y revisa distintos episodios de su vida.
El relato se caracteriza por una estructura esencialmente retrospectiva. A través de los recuerdos de la narradora, la novela reconstruye una trayectoria vital marcada por experiencias personales y familiares que transcurren entre San Juan de las Minas de Uixan y la ciudad de Nador. Los hechos evocan tanto el periodo del Protectorado español como la etapa posterior del Marruecos independiente, situando la historia en un contexto histórico y social que influye directamente en la vida de los personajes.
En el centro de la narración se encuentra una historia marcada por sentimientos intensos y conflictos personales. La protagonista recuerda una relación traumática que sufrió siendo menor de edad con el marido de su tía, una situación que implicó violencia sexual y física y que dejó en ella profundas consecuencias psicológicas. A partir de ese episodio, la novela explora las secuelas emocionales que la acompañaron durante años.
En contraste con esa experiencia, el relato introduce otro sentimiento que adquiere gran importancia en la memoria de la narradora: el amor que ella sintió por un niño del pueblo, también menor de edad, que con el paso del tiempo se convertiría en el pintor al que ahora dirige la carta. Se trata de un afecto que nunca llegó a materializarse, pero que se mantiene vivo en la memoria de la protagonista como una pasión íntima y persistente. Este sentimiento aparece descrito como una emoción profunda que se desarrolla en oposición a las normas patriarcales que condicionaban la vida social en el entorno donde transcurrieron los hechos.
La historia de ese amor inconcluso se ve interrumpida cuando el joven abandona el pueblo para continuar sus estudios de artes plásticas en Sevilla. Con el tiempo, el personaje acaba consolidando una carrera artística que lo lleva a establecerse en Estados Unidos y a convertirse en un pintor reconocido. Este alejamiento definitivo refuerza el carácter nostálgico y evocador de la carta, en la que la protagonista mantiene vivo el recuerdo de ese vínculo.
El texto también refleja otros acontecimientos determinantes en la vida del personaje. Entre ellos se encuentra el periodo que pasó en distintas cárceles marroquíes tras ser condenada por el asesinato de su agresor familiar. Este episodio constituye una de las experiencias más duras de su trayectoria vital y forma parte del recorrido emocional que la narradora expone en su carta.
A pesar de ese pasado marcado por la violencia y la adversidad, la protagonista expresa en varios momentos un tono reflexivo que combina nostalgia y serenidad. La carta cumple así una función que no solo es narrativa, sino también emocional y terapéutica. A través del recuerdo, la mujer revive los acontecimientos de su vida y reafirma la continuidad del sentimiento amoroso que ha mantenido durante décadas.
En uno de los pasajes citados en la obra, la narradora expresa esa actitud al señalar que recordar equivale a volver a vivir, una idea que resume el sentido de la carta como ejercicio de memoria y reflexión. En este contexto, el relato presenta el amor como un elemento central que se mantiene por encima de las circunstancias adversas y que constituye una referencia constante en la vida del personaje.
Desde una perspectiva temática, la novela aborda cuestiones relacionadas con las relaciones de género y con las estructuras sociales que han condicionado históricamente esas relaciones. El texto plantea una reflexión sobre las dinámicas de poder que han marcado tanto el pasado como el presente, mostrando cómo determinadas formas de dominación social, patriarcal y sexual continúan influyendo en la vida de las personas.
La obra también mantiene vínculos con otras publicaciones anteriores de Antonio Abad. De Nador a Nueva York presenta resonancias de novelas como Quebdani, El cerco de la estirpe, La mudanza, Lucía o la inasible sustancia del tiempo y El renegado, así como de su poemario El arco de la luna. Todas estas obras forman parte de un conjunto literario que el autor ha desarrollado a lo largo del tiempo y que se caracteriza por situar la acción en espacios relacionados con Melilla y el norte de Marruecos.
Este conjunto narrativo ha sido descrito como el ciclo magrebí del autor, ya que en él se exploran escenarios y experiencias vinculados con su infancia y con los territorios donde transcurrió parte de su vida. En ese sentido, los lugares que aparecen en la novela —Melilla, Quebdani, Uixan o Nador— forman parte de un universo literario que Antonio Abad recrea mediante la combinación de recuerdos personales y elementos de ficción.
La novela también incorpora una mirada crítica sobre distintos contextos históricos. Por un lado, se alude al sistema colonial que existía durante el Protectorado español en el norte de Marruecos, una realidad que el autor ya había abordado en obras anteriores. Por otro lado, el texto también refleja el contexto del Marruecos posterior a la independencia, señalando aspectos relacionados con el poder político y las tensiones sociales en la región del Rif.
Desde el punto de vista literario, De Nador a Nueva York se inscribe en el ámbito de las novelas psicológicas e introspectivas. Se trata de una narración breve e intensa centrada en la vida interior de la protagonista y en su proceso de evocación del pasado. A través de una voz narrativa directa y reflexiva, la obra construye un relato que invita al lector a seguir la historia de forma continua hasta su desenlace.
Con esta nueva publicación, Antonio Abad continúa desarrollando una trayectoria literaria caracterizada por la exploración de la memoria personal y colectiva, así como por la construcción de historias que combinan vivencias, imaginación y reflexión sobre la sociedad en la que se sitúan sus personajes.








