Aunque es indudable de que este tipo de sorteos existían desde mucho antes y que se conocían popularmente de una manera similar, quizás por la proximidad a la Epifanía del Señor o Adoración del Niño por los Magos de Oriente, existe constancia de que el sorteo de la lotería del Niño fue institucionalizado en 1941.
Sólo un año después, a raíz del tremendo éxito que supuso en todo el país, se decidió transformarlo en sorteo extraordinario con el fin de dotarlo de una personalidad y denominación propias. Desde 1966 se le conoce como ‘El Niño’.
Hoy en día se ha convertido en el segundo sorteo en importancia de la Lotería Nacional en España, después del Gordo de Navidad, que reparte el doble de dinero.
Este año tampoco ha habido suerte y Melilla sigue siendo una de las únicas seis provincias españolas -junto con Cáceres, Cuenca, Guadalajara, Huesca y Tarragona- que jamás ha vendido el primer premio en sus administraciones.
Una vez, en 1928, tocó en Ceuta y también han resultado agraciados habitantes de municipios menos poblados que la ciudad autónoma, por lo que no parece tratarse tanto de una cuestión de tamaño como de desinterés, o quizás de falta de dinero, ya que Melilla figura la última en gasto por habitante en este sorteo. En las rebajas, por ejemplo, también aparece de las últimas.
Por lo menos, eso sí, este tipo de sorteos permiten mantener viva la llama de la ilusión en muchas personas que imaginan lo que sería su vida si les tocaran los 200.000 euros con los que cada décimo ganador es premiado.
Hablando de ilusión, con esto, y con el tan esperado (sobre todo, por los niños) día de los Reyes Magos han acabado las Navidades, un período que trae consigo una fraternidad que no debería olvidarse durante el resto del año.








