El filial de la UD Melilla arrancó el año 2026 con una derrota tan dolorosa como inmerecida. En un encuentro de alta intensidad disputado este fin de semana en el Estadio de Maracena, los azulinos cayeron por 2-1 frente al CF Motril en un partido que dominaron por tramos y en el que estuvieron muy cerca de llevarse, como mínimo, un punto. El equipo melillense, que firmó un encuentro serio, ordenado y con opciones claras de victoria, vio cómo un gol de libre directo en el último minuto le privaba del premio a su esfuerzo.
Pese a todo, las sensaciones fueron positivas para un grupo que compitió de tú a tú frente a un rival complicado, demostrando solidez, capacidad de respuesta y momentos de gran juego. El partido comenzó con mucha intensidad por parte de ambos conjuntos. Los locales aprovecharon su primera llegada peligrosa para abrir el marcador gracias a un tanto de Tomás de la Cruz, que colocó el 1-0 a pesar de que los azulinos se mostraban bien plantados sobre el césped del estadio granadino.
Lejos de venirse abajo, el filial melillense reaccionó con rapidez. Tras unos minutos en los que el Motril intentó imponer su ritmo, los de Melilla retomaron el control y comenzaron a generar peligro en campo contrario. La insistencia tuvo recompensa en el minuto 22, cuando Antony Nwafuru, tras una gran asistencia en profundidad de Alberto, cruzó el balón con precisión para establecer el 1-1. El gol dio alas a los azulinos, que continuaron proponiendo y disputando cada balón con intensidad. Aunque no se produjeron ocasiones claras en los minutos finales del primer acto, el duelo se mantuvo igualado en lo físico y en lo táctico, marchándose ambos equipos al descanso con tablas en el marcador y todo por decidir. Tras el paso por vestuarios, el filial de la UD Melilla volvió a salir mejor que su rival.
Durante los primeros minutos del segundo tiempo, los visitantes mostraron un planteamiento sólido y ordenado, dificultando las transiciones del conjunto motrileño y tratando de aprovechar los espacios para generar ocasiones. Con el paso de los minutos, el Motril fue ganando metros y posesión, pero se encontró con un sistema defensivo melillense bien estructurado, que cerró líneas y evitó que los locales pudieran conectar con sus jugadores más desequilibrantes.
Uno de los momentos clave del encuentro llegó a diez minutos del final, cuando el portero melillense Marco realizó una triple intervención providencial, desbaratando hasta tres manos a mano consecutivos a bocajarro que podrían haber decantado antes el partido para los andaluces. Y la oportunidad más clara para la remontada azulina también estuvo cerca. Fue nuevamente Antony Nwafuru, autor del tanto melillense, quien pudo hacer el segundo tras plantarse solo ante el portero rival. Intentó una vaselina con clase, pero el meta local leyó la intención y logró interceptar el balón en una acción que pudo haber cambiado por completo el desenlace del partido.
Cuando parecía que el encuentro finalizaría con empate, el CF Motril encontró la victoria en una jugada a balón parado en el minuto 90. Una falta directa desde fuera del área fue ejecutada con precisión por Carlos León, quien sorprendió a la barrera y al portero con un disparo que se coló junto al poste para establecer el 2-1 definitivo. El gol supuso un castigo inmerecido para un equipo melillense que había hecho méritos más que suficientes para puntuar en uno de los campos más complicados de la categoría. La decepción en el banquillo azulino fue evidente, pero también lo fue la sensación de que el equipo está creciendo y puede competir contra cualquier rival.








