La retirada del alga invasora que llega a las costas de Melilla supone un reto técnico y logístico para la Consejería de Medio Ambiente y Naturaleza. Así lo ha explicado su titular, Daniel Ventura, quien ha detallado el proceso que se sigue para su correcta eliminación, así como las razones por las que no puede tratarse con maquinaria convencional.
El procedimiento comienza por dejar secar el alga, que debe ser retirada con maquinaria especializada capaz de separar la arena. “Si la maquinaria no es específica para retirar alga, se retira arena, y eso es un problema porque la arena no se puede valorizar”, explicó Ventura. La arena, al mezclarse con el alga, no puede enviarse a la planta de valorización ni ser incinerada, lo que complica su gestión.
Para evitar esta situación, la Consejería emplea maquinaria que trilla el alga en la misma playa, dejando la arena en su sitio. Una vez retirada, el alga se deja secar para poder ser valorizada energéticamente en la planta situada en la subida al Monte María Cristina. Allí, el residuo se convierte en energía eléctrica que posteriormente se comercializa.
En cuanto a los recursos destinados al estudio de esta especie invasora, Ventura recordó que hasta ahora se ha trabajado mediante convenios con la Universidad de Granada y la Universidad de Málaga, con una inversión de entre 30.000 y 40.000 euros anuales. Además, se han realizado algunos contratos menores para proyectos específicos relacionados con el seguimiento y análisis de la presencia del alga en la costa melillense.
Sin embargo, el consejero adelantó que a partir de 2026 se pondrá en marcha un contrato de mayor envergadura. Este nuevo marco incluirá no solo el estudio de las algas invasoras, sino también otras necesidades relacionadas con la protección del medioambiente. El contrato ya está preparado y cuenta con una dotación económica para el próximo ejercicio. La intención de la Consejería es agrupar bajo ese contrato mayor múltiples investigaciones necesarias para hacer frente a los retos ecológicos que afronta la ciudad.
Además del alga, la Consejería ha identificado la presencia de otras especies invasoras en el entorno marino de Melilla. Una de ellas es el cangrejo azul. No obstante, Ventura aseguró que, por el momento, no representa un problema para el ecosistema local ni para la ciudadanía. Según explicó, los melillenses lo capturan y lo consumen, lo que reduce su reproducción de forma natural. “El ser humano es el primer depredador. Si hay algo que le gusta, lo consume hasta que desaparece”, dijo.
A diferencia de lo que ocurre en otras zonas del país, donde esta especie ha generado conflictos ecológicos, en Melilla su impacto es mínimo gracias a esta peculiar solución basada en la presión humana. A día de hoy, no se ha registrado una proliferación significativa del cangrejo azul que represente un riesgo para la biodiversidad marina o el equilibrio del litoral.
Ventura también apuntó que la ubicación de la ciudad y las corrientes marinas juegan un papel importante en la llegada del alga invasora. Muchas de estas especies provienen del litoral marroquí, donde la situación es más grave. El consejero recordó que durante un taller celebrado en abril, una investigadora marroquí expuso el problema, aunque sin ofrecer soluciones concretas por parte de su país.
En Marruecos, explicó, no existe un plan específico para el tratamiento de residuos, que acaban vertiéndose en acantilados, ríos o directamente al mar. Estas prácticas afectan directamente a Melilla, ya que los residuos más cercanos terminan llegando a sus costas. Aun así, destacó que las corrientes a veces favorecen a la ciudad, impidiendo que las algas lleguen a tocar tierra en grandes cantidades o mitigando el efecto de las arribazones más intensas.
En cuanto a otras experiencias internacionales, Ventura señaló el caso de Portugal, donde una empresa privada ha diseñado un sistema de aspiración para retirar el alga directamente del mar antes de que llegue a la orilla. Sin embargo, esta técnica ha generado problemas colaterales al afectar a otras especies marinas, como peces y organismos pequeños, lo que ha despertado preocupación ambiental. A pesar de ello, el Gobierno portugués ha decidido contratar a dicha empresa como medida de emergencia ante la gravedad del problema.
Respecto al estado de limpieza de las playas de Melilla, el consejero aseguró que, salvo acumulaciones puntuales tras temporales de levante, no se detecta una gran cantidad de basura. No obstante, recordó que la ciudad tiene contratados servicios de limpieza durante todo el año y que la respuesta es inmediata cuando hay acumulaciones. Aseguró que cuando algún ciudadano informa de la presencia de residuos, el equipo de limpieza actúa rápidamente para retirarlos y garantizar un entorno adecuado para el uso público.
Ventura señaló que las playas dependen oficialmente de la Delegación del Gobierno, pero que la Ciudad Autónoma asume la gestión durante la temporada de verano, momento en el que se refuerzan los servicios de limpieza y mantenimiento. Subrayó además que las playas melillenses cuentan con mobiliario, servicios y equipamientos que muchas otras ciudades españolas quisieran tener. El objetivo, añadió, es mantener las playas limpias, accesibles y seguras para los residentes y visitantes durante todo el año.









Más que el alga invasora (qué también) a mí lo que me preocupa es la cantidad de basura (latas, botellas y demás residuos) que la mucha gentuza incívica que puebla Melilla deja en la playas, en las calles de la ciudad y en en cualquier lugar de estos benditos 12,5 km² de SUELO ESPAÑOL en África. A la silla eléctrica llevaría yo a estos salvajes