Melilla arranca 2026 con una iniciativa pionera que aspira a convertirse en un referente de inclusión social y visibilización: la futura Asociación de Tartamudos de Melilla. Impulsada por José Carlos Jiménez, esta propuesta surge con el objetivo de crear un espacio de encuentro, apoyo mutuo y sensibilización para todas las personas que tartamudean, así como para sus familias, amistades y personas afines.
La iniciativa parte con una convocatoria abierta a la ciudadanía para participar en una quedada que marcará el primer paso hacia la constitución formal de esta asociación. Aún no se ha concretado ni la fecha ni el lugar de la reunión, ya que se establecerán en función de la disponibilidad de las personas interesadas. Sin embargo, la intención es clara: comenzar a construir, desde el primer mes del año 2026, una comunidad cohesionada en torno a la tartamudez.
El lema que acompaña esta convocatoria, “Melilla dialoga, Melilla tartamudea, Melilla se une”, refleja el espíritu de unidad, empatía y visibilidad que motiva este movimiento ciudadano. José Carlos Jiménez hace un llamamiento a todas aquellas personas que deseen aportar, compartir experiencias o simplemente sentirse acompañadas, a sumarse al proyecto desde sus primeras etapas.
La tartamudez, también conocida como balbuceo o trastorno de la fluidez que comienza en la infancia, es una alteración del habla que interrumpe el ritmo y la fluidez normal al hablar. Las personas que tartamudean saben lo que quieren decir, pero pueden encontrar dificultades para expresar sus palabras con soltura. Estas interrupciones se manifiestan en forma de repeticiones, prolongaciones de sonidos o pausas involuntarias, lo que puede generar frustración y ansiedad, especialmente en situaciones sociales o de presión.
Se estima que la tartamudez afecta al 5% de los niños durante algún momento de su desarrollo del lenguaje. En muchos casos, esta alteración desaparece con el tiempo, pero en otros puede persistir hasta la adultez, convirtiéndose en una afección crónica. En estos casos, puede impactar negativamente en la autoestima, la vida social, educativa y profesional de quien la padece.
Actualmente, existen distintos tratamientos que ayudan a mejorar la fluidez del habla y a reducir el impacto emocional de la tartamudez. Entre ellos, destacan la terapia del habla, el uso de dispositivos electrónicos que facilitan el ritmo del lenguaje y la terapia cognitivo-conductual, que ayuda a gestionar el estrés y las emociones asociadas a la dificultad del habla.
A través de la futura Asociación de Tartamudos de Melilla, se busca también canalizar el acceso a estos recursos terapéuticos, además de promover campañas de concienciación pública para combatir el estigma y la desinformación que aún rodea esta condición. “Queremos que la tartamudez tenga voz propia en Melilla y que nadie se sienta solo o invisible por comunicarse de forma diferente”, subraya José Carlos Jiménez.
El carácter inclusivo del proyecto se refleja también en su apertura total a la ciudadanía. No solo está pensada para personas que tartamudean, sino también para quienes conviven con ellas, las acompañan o quieren apoyar el avance hacia una sociedad más empática y comprensiva con la diversidad en la comunicación.
Las personas interesadas en participar pueden contactar con la organización a través del correo electrónico ta***************@gm***.com, o seguir las redes sociales del proyecto en Instagram y Facebook bajo el nombre @tartamudezmelilla.
Con esta propuesta, Melilla se sitúa a la vanguardia del compromiso social con la diversidad comunicativa. La creación de esta asociación no solo permitirá acompañar a quienes conviven con la tartamudez, sino también fomentar un entorno más humano, donde cada voz, sin importar su ritmo, tenga un lugar y una escucha activa.








