Durante la jornada de este pasado viernes tuvo lugar un encuentro muy especial para el deporte local: la I Reunión de los Amigos del Balonmano Melillense, una cita que logró reunir a más de una veintena de antiguos jugadores de distintas generaciones y equipos de nuestra ciudad.
El acto se celebró con un almuerzo de confraternización en el Restaurante Miguel Benítez, donde los asistentes disfrutaron de un ambiente entrañable, lleno de recuerdos, anécdotas y emociones compartidas. Durante la comida se rindió un sentido homenaje a cuatro de los miembros más veteranos del grupo —José M. Arias Romero, Jesús Lucas Riado, José A. Jiménez Villoslada y Manuel Luna Porfirio—, quienes recibieron unos detalles en reconocimiento a su trayectoria y a su compromiso con el balonmano melillense.
El encuentro también sirvió para celebrar el 80º cumpleaños del empresario Juan Miguel Lucas Riado, gran impulsor del deporte melillense durante décadas y patrocinador de numerosas modalidades, tanto masculinas como femeninas. El grupo le dedicó un cálido “cumpleaños feliz” en agradecimiento a su constante apoyo y cariño hacia los deportistas locales.
Esta primera reunión nació de un grupo de WhatsApp que, en pocos meses, ha logrado reunir a más de 120 antiguos jugadores y aficionados. En este espacio virtual han revivido recuerdos, compartido fotografías históricas y reforzado los lazos de amistad que dejó un deporte que marcó una época en la ciudad. Durante el encuentro se evocaron nombres inolvidables del balonmano melillense —Magisterio, La Ahumada, Ebidem, Elorza, Regulares, Caballería, Ingenieros, Artillería, Tercio Gran Capitán Juan Lucas, Pub Bristol, La Casa del Neumático, entre otros— y se recordó con emoción a quienes ya no están con nosotros, como Jesús Rilova, Gregorio González, Mohamed Mimón “Chato”, Miguel López Caño “Diente”, Curro Torres, Martín Pérez, Alfonso Haro, Charo Sanmartín, Soraya Mohamed, Juan Grande o Juanjo García, entre otros muchos.

El balonmano en Melilla brilló gracias a la pasión y entrega de jugadores, entrenadores, directivos y aficionados, y a la fuerza colectiva de una generación que convirtió las pistas del Instituto Leopoldo Queipo y del mítico Pabellón Lázaro Fernández en escenarios de gloria deportiva. La jornada concluyó con un brindis cargado de ilusión y el deseo compartido de que esta reunión sea la primera de muchas más, manteniendo viva la llama del balonmano y la amistad que los une desde hace décadas.








