Las personas solemos compartir reflexiones, indagar entre pensamientos, sacar conclusiones, definir actitudes, valorar posicionamientos o realizar introspecciones sobre nosotros mismos o sobre lo que ocurre a nuestro alrededor a través de la expresión oral. Estos diálogos, que fluyen en nuestro día a día, pueden ser simplemente ocasionales o, en otras ocasiones, intencionados, motivados y consensuados a través de encuentros concretos.
Más allá de la tendencia oral de transmitir estos pensamientos o descubrimientos, las personas también nos apoyamos en la palabra escrita. Dedicamos momentos a la distensión del tiempo y nos sumergimos entre bolígrafos y papel para plasmar impresiones, como si de un diario se tratase o de una simple hoja de anotaciones que cobra un valor trascendental en nuestro pensamiento en el momento. También son las hojas escritas con historias y relatos, ensayos o crónicas recopiladas por escritores y escritoras, las que nos ayudan a sostener nuestra imaginación, a alimentar nuestros pensamientos con nuevos descubrimientos e historias, o a fortalecer nuestras capacidades comprensivas sobre situaciones concretas o hechos históricos.
Invadirnos de palabras puede dotarnos de un momento reflexivo propio, pero también de un estado y una atmósfera de acompañamiento. Desde los textos escritos podemos encontrar diálogos fructíferos entre personas o grupos con los que alimentar nuestras conversaciones o percepciones del mundo. No siempre es ocasional, sino que se incentiva mediante actividades culturales que posibilitan a las personas describir sus impresiones sobre una temática específica, sostenida en base a textos escritos que leemos con interés. Un club de lectura no solo define la actitud lectora como una forma de ocio; también propicia el encuentro con semejantes, con personas que comparten pasiones por relatos y novelas. Compartir esos espacios significa apropiarse de un lugar donde la literatura es la protagonista y donde las voces se escuchan, se entrelazan y se piensan. No son solo sonidos o palabras, sino que son contribuciones para la persona que tenemos cerca; son perspectivas que se entrecruzan y posibilitan un valor añadido, inmaterial, que nace de un pedazo de papel que hemos decidido leer, el cual diseccionamos en preguntas e impresiones en un encuentro compartido.
Un club de lectura presenta esa dualidad de la palabra —escrita y oral—. A través de un libro y de nuestras anotaciones se producen conversaciones fructíferas. De esta forma, nos acercamos al desarrollo de la historia, a las actitudes de los personajes, al fondo del relato y también, por qué no, a la forma en la que se expresa el autor o se estructura la obra, de manera colectiva, arbitrando una interacción entre semejantes con impresiones variadas sobre un mismo texto.
Descolonizar desde la lectura es uno de los clubes que tienen cabida en la ciudad. Un espacio dedicado a compartir inquietudes desde textos escritos que nos acercan a historias que depuran concepciones y permiten una óptica ampliada del mundo a través de su narrativa y los personajes, de los conflictos y estilos de vida que recogen sus páginas. Las moderadoras, Mariem Mimun y Giulia Sensini, acercan, a través del diálogo, preguntas y traen al conjunto de participantes cuestiones que abordan las páginas y que se analizan de forma plural. No hay una impresión igual, no hay una palabra por encima de la otra. Las visiones son múltiples, una forma de garantizar el enriquecimiento de los participantes, del propio club y del bagaje de inmersión en un libro. Hablar sobre la trama es introducirse en significados y significantes, estilos narrativos, referencias a otras lecturas que complementan el conocimiento sobre el desarrollo de la historia que se está tratando, así como introducir conceptos literarios, históricos, sociales y filosóficos que ayudan a definir la obra y las influencias, además de plantear preguntas profundas. En estas conversaciones distendidas, el libro se convierte en el eje mediante el cual se adquiere una actitud crítica que disemina el lenguaje literario, los enfoques, los hechos, los espacios, las características de los personajes y las relaciones entre ellos, las escenas, el entorno y las palabras utilizadas. De esta forma, los participantes no solo concluyen una actitud de crítica literaria, sino que verbalizan las emociones que han sentido enfrentándose a cada historia. Sentados entre alfombras y sofás, cada participante busca la comodidad para expresarse y la seguridad de compartir sus ideas. Sensini y Mimun sostienen el diálogo, emitiendo preguntas abiertas que ayudan a profundizar en una lectura y complejizarla. El club es capaz de contener en un pequeño lugar una gran variedad de líneas de pensamiento y apreciaciones, todas ellas puestas en valor. Pues cada participante, marcado por su experiencia, sus ideas, sus pensamientos, sus valores, sus posicionamientos políticos, sociales e influencias, determina una lectura diferente, destaca una idea o aborda un hecho o situación descrito en el libro desde su propia óptica.
El Club de Lectura Decolonial comenzó a andar la pasada primavera de una forma casual. En abril, ambas moderadoras se encontraron y comenzaron a charlar sobre la necesidad de “promocionar el tema cultural crítico en Melilla”, explica Sensini. Tanto Mariem Mimun, de quien parte la idea de crear el club de lectura, como Giulia Sensini encontraron en los libros una forma de profundizar sobre el concepto de interculturalidad que describe la ciudad, su presencia o su ausencia. Ellas integraron la perspectiva decolonial en la forma de abordar esta complejidad melillense. “Decolonial, justo porque podemos ahondar sobre las diferentes particiones de poderes geopolíticos que siguen persistiendo en realidades tan complejas como, por ejemplo, la de Melilla, donde diferentes culturas comparten un espacio territorial muy limitado”, sostiene la moderadora. De esta forma, Sensini propuso a su organización Contrast Investigación y Acción Social, con base en Baleares, la posibilidad de llevar a cabo esta actividad cultural en Melilla. Llevan trabajando más de cinco años, junto con la Administración ibicenca, que financia el proyecto, en un club de lectura feminista en el ámbito balear. Su experiencia permitió aceptar y dar forma al reto de generar un club de lectura decolonial en la ciudad adaptado al contexto melillense. “El objetivo es generar un espacio crítico de debate” donde tratar diferentes temas “peliagudos que, en un contexto vinculado a una novela, pueden ser suavizados y, sobre todo, pueden generar aquella calma y tranquilidad producida a través del filtro de un libro”, argumenta Sensini. Se trata de “abarcar, hablar de los diferentes poderes que existen en el marco de la sociedad entre los diferentes colectivos y realizar este análisis crítico para que también las personas, a través de sus aportaciones, puedan reflexionar sobre esta riqueza de identidades plurales que tiene la ciudad desde una construcción crítica y, al mismo tiempo, se concluya en alternativas positivas”, puntualiza la moderadora.
Esta característica y la ciudad en la que nace propician las selecciones de los libros cuyo “hilo conductor son historias que puedan sonar en el contexto melillense”, argumenta Sensini. “Nos parecía interesante elegir literatura decolonial, pero que pudiese ser explícitamente cercana o con elementos en común a lo que es la realidad melillense", describe Sensini. El comienzo fue con El año del Elefante y Otros relatos, de Leila Abuzeyd, y ha continuado con El azul entre el cielo y el mar, de Susan Abulhawa. Tras estas lecturas, el Club está seleccionando la tercera novela a proponer para el siguiente encuentro donde, de nuevo, los lectores podrán enriquecer con sus aportaciones unos relatos sostenidos en palabra escrita.








