Salí a la calle cuando se abrieron las puertas del Sagrado Corazón. La talla apareció a las 19:00 sobre el trono que compró la Congregación de la Victoria hace ya siete años. La Banda Ciudad de Melilla abriendo el cortejo. Cuarenta y cuatro portadores sosteniendo la talla. La marcha arrancó con paso medido y la policía serena garantizando el espacio.
El primer tramo fue por la calle Ejército Español. Las aceras estaban llenas. Familias en las esquinas. Gente mayor junto a jóvenes. Algunos grababan con el móvil. Otros pedían flores o estampitas a los niños que iban repartiendo.
En la Avenida Juan Carlos I se produjo la primera petalá. Las flores caían lentamente acariciando la cara de la virgen. El trono siguió su avance sin detenerse. Los portadores mantuvieron el ritmo. A su lado, el Regimiento de Regulares marchó al paso sin parar de obsequiar a los melillense el sonido de sus voces fuertes cantando el Himno de Regulares.
La comitiva entró en la calle López Moreno y la compañía Ballet Colores ocupó la calzada regalando un maravilloso baile a la Virgen de la Victoria. Tras la actuación, una segunda petalá volvió a emocionar a los melillenses. Frente al Sagrado Corazón los portadores alzaron la talla. El vicario episcopal Eduardo Resa pronunció una oración pidiendo protección para el pueblo de Melilla. La multitud respondió con aplausos intensos.
A lo largo de la tarde participaron autoridades civiles y militares. Presidieron la representación Juan José Imbroda, presidente de la Ciudad Autónoma; Sabrina Moh, delegada del Gobierno; y el comandante general Luis Cortés.
La Nuba del Grupo de Regulares nº 52 cerraba el desfile procesional.
La Virgen de la Victoria volvió al Sagrado Corazón sobre las nueve de la noche. La salida había durado alrededor de dos horas. Quedó en el aire la memoria de las imágenes vistas en la calle. La cita no se repetirá hasta el siguiente 8 de septiembre. Melilla cerró la jornada con la certeza de haber arropado con cariño y devoción a su patrona.
La leyenda de la Virgen de la Victoria
En torno a la Virgen de la Victoria circula una antigua leyenda que recuperó hace unos años Jose Luis Blasco. Según se cuenta, la imagen estaba destinada a América, pero nunca llegó a su destino. La nave que la transportaba sufrió un naufragio y, cuando se intentaba trasladarla a otra embarcación, la Virgen habría girado su mirada hacia Melilla. Ese gesto simbólico se interpretó como una señal de que debía permanecer en la ciudad, donde finalmente fue conducida.
El 3 de febrero de 1756 el mariscal de campo Antonio de Villalba y Angulo propuso a la Virgen como patrona y señora de Melilla, iniciándose así una devoción que se mantiene viva hasta hoy. Con el paso de los siglos, la imagen ha recibido distintos honores. El 13 de junio de 1948 fue coronada con rango de capitán general con mando en plaza. Aquella corona fue sufragada por los propios melillenses mediante una cuestación popular que alcanzó un millón y medio de pesetas, una cifra considerable para la época.
La pieza, obra del orfebre local José Madrid, está valorada en la actualidad en más de 200.000 euros. De estilo gótico e inspirada en la corona de plata de Isabel la Católica, luce 586 brillantes blancos, 186 zafiros, 203 rubíes y 15 placas de esmalte fino. La joya se ha convertido en un símbolo inseparable de la imagen.
Medio siglo después, el 13 de junio de 1998, la Virgen de la Victoria fue proclamada alcaldesa perpetua de la ciudad. La talla, de origen levantino, corresponde al tipo conocido como "virgen de galeón". Inicialmente se la veneraba bajo la advocación de Virgen del Mar de Alborán, pero tras la batalla de Lepanto, el papa Pío V la nombró Virgen de la Victoria, título con el que es conocida desde entonces.







