Cerca de un centenar de personas han acudido esta tarde a la misa en honor a San Agustín, patrono de quienes buscan a Dios. La celebración comenzó a las 19:30 horas en la parroquia que lleva su nombre, situada en el barrio del Real, y estuvo presidida por el párroco Víctor Hugo Andrade.
La fecha reunió a feligreses y vecinos en torno a una figura que para la Iglesia católica ocupa un lugar central como obispo y doctor. La ceremonia se desarrolló en un ambiente de recogimiento y tuvo como eje la vida y el testimonio del santo nacido en Tagaste, actual Argelia, en el año 354.
El párroco ha abierto la homilía haciendo un recorrido por la biografía de San Agustín, desde su juventud hasta su conversión al cristianismo.
Andrade ha subrayado que Agustín vivió una adolescencia marcada por la búsqueda intelectual y las dudas morales, hasta que en Milán recibió el bautismo de manos de San Ambrosio. Tras esa etapa, regresó a África, donde llevó una vida dedicada al estudio de las Escrituras junto a un grupo de amigos. Años más tarde fue elegido obispo de Hipona, cargo que desempeñó durante 34 años, hasta su muerte en el año 430.
Durante ese periodo, recordó el sacerdote, Agustín escribió numerosos textos que se convirtieron en referencia para la doctrina cristiana, además de predicar con constancia. “Combatió los errores de su tiempo y expuso con sabiduría la recta fe”, señaló.
El párroco ha dedicado la Eucaristía a la comunidad, pidiendo la intercesión del santo. “Ofrezco esta misa por todos ustedes, por sus familias, por nuestra querida comunidad parroquial, pidiéndole al Señor que San Agustín interceda también este día por nuestras oraciones”, dijo.
Uno de los momentos de la homilía se centró en la figura de Santa Mónica, madre de San Agustín, cuya festividad se celebra el día anterior. Andrade destacó que las oraciones de ella fueron decisivas en la conversión de su hijo. “Estoy convencido de que San Agustín no es lo que es para la Iglesia sin la oración de su madre. Él vive su conversión por esta mamá, como las madres que hoy oran por sus hijos”.
El sacerdote se dirigió especialmente a las mujeres presentes en el templo. “Queridas madres, no se cansen de orar por sus hijos”.
En otro momento de la celebración, Andrade ha explicado el sentido de que Agustín sea considerado doctor de la Iglesia, título que la institución otorga a algunos santos por la importancia de sus enseñanzas. “Los doctores son doctores porque supieron descubrir la sabiduría, y la sabiduría en la Sagrada Escritura no es más que la personificación de Dios en el cual creemos”, señaló.
El párroco insistió en que San Agustín representa la búsqueda constante de la verdad. Recordó que el santo, antes de su conversión, transitó por diferentes corrientes filosóficas y vivió alejado de Dios. Sin embargo, la oración persistente de su madre y la experiencia de encuentro con la fe lo transformaron.
“San Agustín fue un hombre apartado totalmente de Dios y entre más apartado estaba, su madre oraba más por él”, relató. Según Andrade, esa experiencia lo convierte en referente para quienes atraviesan dudas o crisis de fe.
El sacerdote también ha recordado la faceta intelectual del santo. “Era un hombre erudito, conocía a Dios, veía con los ojos de Dios y llevaba en su corazón un pedacito del corazón de Dios”.
La misa ha concluido con la bendición final, en la que se pidió seguir el ejemplo de San Agustín como buscador incansable de la verdad y como testimonio de conversión.








