La proliferación de chabolas en las proximidades del CETI es otro asunto pendiente desde hace tiempo y que se ha agudizado con el paso de los meses. De nuevo surge el dilema de si las mejoras en la atención a los inmigrantes no actuarán como un imán que provoque aún más entradas ilegales en Melilla. Y al mismo tiempo se plantea el dilema moral de si es posible cerrar los ojos a una realidad como el asentamiento de chabolas de Palma Santa, un paisaje tercermundista que metro a metro se va extendiendo. De hecho ya llega a las cercanías del arroyo Sidi Guariach, como informa hoy El Faro.
Otra vez surge la lógica petición de soluciones por parte de vecinos, asociaciones y particulares a un problema que, en absoluto, ha sido generado por Melilla pero que sufren directamente sus residentes.
Los hechos se repiten en el caso de la sanidad pública, concretamente, en el Comarcal. En unos meses está prevista la progresiva entrada en funcionamiento del nuevo Hospital Universitario, cuya mayor capacidad y mejor dotación de medios no garantiza que en poco tiempo determinadas áreas acaben tan saturadas como lo están en la actualidad. Nuevamente, la situación no ha sido provocado por los melillenses, que, sin embargo, son quienes lo sufren de forma directa.
Son sólo dos ejemplos de cómo resulta difícil o imposible buscar remedios definitivos cuando no se quieren ver los verdaderos motivos del problema o cuando interesan que estas situaciones permanezcan estancadas para poder ser utilizadas como contraargumentos en las relaciones diplomáticas.
Hay que mirar por encima de la valla fronteriza para ver buscar soluciones, si interesa, claro.







