A las 9:30 de la mañana no hay nadie en el parque de Las Palmeras. Por no haber, ni siquiera hay puertas, que han sido arrancadas. Papeleras quedan cada vez menos, ya que dos, al menos, han sido también arrancadas y alguna otra luce desvencijada. Cascotes de piedra tirados, bolsas de material de construcción, aceite por el suelo que llega hasta los bancos e incluso mancha la fuente.
Una mujer que pasaba por ahí cerca reconoce que es “una lástima”, pero que el parque está “hecho polvo”. La señora asegura que no sabe quiénes son los que cometen las fechorías, ni si son o no del barrio. Según parece, al no haber puertas, se cuelan por la noche y es entonces cuando hacen esos actos vandálicos.
Un trabajador de Valoriza, Pedro Cañones, realiza su labor a pocos metros del parque. A él, que además es del barrio, le da “asco” ver cómo está el lugar. Está de acuerdo con la mujer en que es “una lástima” esta situación y también cree que es gente que se mete por la noche, aunque tampoco sabe si son de Las Palmeras o de fuera.
Para él, la solución sería poner a la Policía Local o vigilancia privada por las noches para evitar que continúen los destrozos, porque, al haber “reventado” las puertas, prácticamente entran por donde quieran, incluso por una reja que está rota.
También hay bastante gente que dice que nunca ha entrado al parque. Otros muchos, que no son de la zona. Algunos otros no quieren hablar o directamente alegan que no saben castellano.
Bien cuidado
Pero siempre hay una nota discordante, y en este caso la pone Kassen Mohamed, sentado en la rotonda que separa Las Palmeras de la Cañada de Hidum. En su opinión, el parque está “bien cuidado”, “da gusto sentarse ahí al fresco” y la gente está ahí “normal y corriente”.
Desde su punto de vista, está “todo limpio” y, si alguien se bebe un refresco, tira el envase a la papelera. Él no ha visto papeleras arrancadas, pero apunta que pueden ser episodios de hace tiempo, o quizás “algún niño o algún gamberro”. O puede que simplemente del uso.
En cualquier caso, él ve el parque “muy bien” y añade que antes, cuando estaba “siempre” cerrado, era “una pena”. De hecho, quienes lo usan son los que mejor lo pueden cuidar. “Son los que más lo defienden, porque es su terreno”, anota.









A tan solo 20 metros de la puerta está el mercadillo de la droga, el grupito de camellos se han adueñado de esa zona. Ellos lanzaron la puerta al río y hay continua, ahora hacen sus negocios dentro del parque, al cobijo de la oscuridad y con la tranquilidad de que la policía no puede o no quiere meterles mano. Cuando tengamos noticias de un apuñalamiento, violación u otra tragedia, entonces nos echaremos las manos a la cabeza
No hay ninguna Asociación de Vecinos del barrio?
Para estos problemas...