En Melilla, agosto no solo huele a crema solar y barbacoa. También huele a conciencia ambiental, creatividad reciclada y cuentos teatrales que capturan la imaginación de los más pequeños, -y no tan pequeños-. Así se vive la campaña de biodiversidad organizada por la empresa Talher junto con la Consejería de Medio Ambiente, una propuesta ya veterana en nuestras playas que combina educación, diversión y compromiso ecológico.
Cada año, esta iniciativa despliega un calendario repleto de actividades veraniegas pensadas para toda la familia. Desde los peques de 6 años hasta papás y mamás que terminan tan metidos en los juegos como sus hijos. Y todo para concienciar sobre el medio ambiente, la biodiversidad y el reciclaje, todo ello con una sonrisa (y algo de protector solar).
Este año, dos empresas están a cargo de los talleres, que se distribuyen a lo largo de agosto por las distintas playas de la ciudad, rotando para que nadie se quede sin participar. Las actividades incluyen desde gincanas temáticas hasta talleres artísticos con residuos, pasando por cuentacuentos teatrales y rutas naturales al caer la tarde.
Entre los favoritos del público destaca el taller de biodiversidad, un juego al estilo "Oca ecológica", donde los niños aprenden sobre la flora y fauna local mientras avanzan casilla a casilla. “Es un formato que engancha mucho a los niños porque van superando pruebas y avanzando mientras aprenden sobre su entorno”, explica Alejandro Robles, técnico medioambiental de Talher.
También hay un divertido taller de reciclaje, donde se transforman botellas, latas y tapones en pequeñas obras de arte: tiburones, barquitos o trampas marinas hechas a base de residuos. Aquí no se tira nada, ¡todo se reinventa!
Pero si hay una actividad que brilla con luz propia, esa es el teatro medioambiental. Un cuento original protagonizado por un niño que se enfrenta a los retos del entorno natural y la importancia de cuidarlo. Los pequeños espectadores no solo se sientan a mirar, sino que participan, juegan y viven la historia. Este sábado, en la playa de la Ípica, se colgó el cartel de “completo” pese a que el fin de semana venía pasado por agua y banderas rojas.
Otra iniciativa del programa son los paseos naturales teatralizados. Cada viernes al atardecer, un pequeño grupo (máximo 20 personas) recorre el litoral guiado por personajes que explican, con humor y conocimiento, los secretos de nuestras playas. “Son actividades familiares, muy visuales y dinámicas. Y este año incluimos una ruta en lengua de signos, porque la inclusión también forma parte del cuidado del medio ambiente”, destaca Robles.
Además, los domingos se lanza la campaña de recogida de colillas. Se reparten ceniceros cónicos reutilizables y se premia a quienes los devuelvan llenos. Este domingo, en la playa de Orcas Colorado, se repartieron 150, aunque el mal tiempo redujo la participación.
Un inicio con sabor a éxito (a pesar del clima)
Aunque el mal tiempo ha puesto algún que otro obstáculo en este primer fin de semana (en Galápagos, por ejemplo, la bandera roja impidió que el taller de reciclaje se celebrase con normalidad), la acogida ha sido muy buena. “Sabemos por experiencia que la participación se dispara con el buen tiempo. Y esto no ha hecho más que empezar”, afirma Robles.
Y es que esta campaña no es improvisada. Se trata de una propuesta consolidada dentro del contrato general de gestión de playas, con una inversión que supera los 15.000 euros. El objetivo es claro: educar, divertir y proteger el entorno, todo al mismo tiempo.
Y es que Talher no solo se queda en las playas. A lo largo del año, lleva a cabo campañas de biodiversidad como la que se celebró en el Rionano por el Día Mundial del Medio Ambiente, o la puesta de flores cada pocos meses para embellecer espacios públicos. Eso sí, las actividades escolares regresarán el próximo mayo, cuando vuelva el curso y los coles se llenen de propuestas educativas.
“Este tipo de acciones generan una conexión emocional con el entorno desde pequeños. Y cuando las familias se involucran, el impacto es aún mayor”, reflexiona Robles.
De momento, agosto promete ser un mes lleno de color, conciencia y risas saladas en Melilla. Porque cuidar del planeta también puede (y debe) ser divertido.







