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"Cissé hacía un cine valiente"

Entrevista a José Antonio Jiménez de las Heras, director del CAI de Creación de Contenidos Audiovisuales para la Investigación y la Docencia en la Universidad Complutense de Madrid

por Miriam Lafuente
28/06/2025 09:00 CEST
"Cissé hacía un cine valiente"

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Fue el primer cineasta negro en recibir un galardón  de Cannes. Cissé, pionero del cine africano, alzó su voz siempre contra el poder y a favor de los desfavorecidos, animándolos a tomar las riendas de su propio destino a través de la revolución. Nos dejó hace unos meses a los 84 años en Barmako, para conocer su obra conversamos con José Antonio Jiménez de las Heras, director del CAI de Creación de Contenidos Audiovisuales para la Investigación y la Docencia en la Universidad Complutense de Madrid.

-Mali. ¿Qué impresión le produjo el país?

-He visitado Mali en cuatro ocasiones, siempre siguiendo a mi buen amigo, gran científico y mejor persona Pedro Martínez, Catedrático de Hidrogeología en la UCM. Nuestros desplazamientos al país fueron siempre debidos a los proyectos de Pedro para la construcción y la enseñanza destinada a poblaciones rurales malienses sobre la mejor forma de construir pozos “Low Cost” con tecnologías y materiales locales y sostenibles. El agua potable, de tan fácil alcance para los ciudadanos de occidente es un “lujo” para una gran parte del mundo y, desde luego, supone uno de los mayores problemas para las poblaciones rurales africanas que representan un altísimo porcentaje de los habitantes del continente. La constante persecución de Pedro por abastecer de agua potable a esas poblaciones rurales me ha permitido acompañarle en esta aventura humana y científica con una cámara que registraba esos esfuerzos, así como se esforzaba en captar la realidad de un continente y su población, con la intención de hacer entender esta realidad, lejana e invisible, como el agua subterránea, para tantos hombres y mujeres occidentales, cegados ante ella.

-Mali, al igual que el resto del África Subsahariana, ofrece un paisaje natural y humano fascinante...

-Sí, y terrible, destinado a los viajeros cuya sensibilidad afilada les permita atrapar en su espíritu los colores de la tierra roja africana, las miradas profundas, directas e intensas de los africanos y la dura belleza del caos de sus urbes populosas y desestructuradas. Los olores, los colores y las gentes del África Subsahariana son distintos a cualquier otro lugar del planeta. Resulta fascinante esa tierra primitiva y salvaje que conquista al viajero desde la primera vez que la visita, inoculando en él una semilla de vida que le hará volver una y otra vez. África es imposible de explicar al que no la haya visitado y se haya sentido invocado en lo más profundo de su espíritu por una voz invisible, casi inaudible, que susurra los secretos más profundos del pasado de nuestro mundo a aquel que quiere y puede escucharlos: secretos difíciles de luchas y odios, de explotación extrema e inhumana, de esclavitud y muerte, pero también de hermosas verdades contenidas en cada uno de los atardeceres observados por el viajero sobre la tierra llana de la sabana africana, desafiándole a penetrar, arrastrándole, a una ineludible fascinación que le habla de su propia condición como ser humano frente al mundo.

-Háblenos del compromiso de Cissé con su país...

-Si ha habido un cineasta comprometido con la realidad de su tiempo y con sus raíces, ese ha sido Souleymane Cissé. Cuando camino de su casa, en uno de los más populosos barrios de su Bamako local, mi amigo Pedro Martínez, enrolado como interprete en la aventura de entrevistar al cineasta mailense por su generosidad como ser humano, preguntó, por mera curiosidad, al director africano, al que acababa de conocer, por qué nunca se había ido de su país para hacer cine en Francia -en donde había recibido numerosas ofertas para ello-, la contestación de Cissé explicó por sí misma ese compromiso. El director, con sus suaves, corteses y distantes modales, le explico a Pedro que fuera de su país, de su ambiente, de sus gentes no hubiera sabido que contar: necesitaba la realidad que conocía y amaba, a pesar de la dureza de esta, para contar las historias de su gente, de su país y de su propio interior. Y eso es algo que se refleja en todas sus películas, en donde Cissé mira de frente a la realidad del Mali contemporáneo y analiza sus problemas, los expone con rigor, valor y compromiso, con una sensibilidad de autor y con el convencimiento ideológico del que desea participar y provocar el cambio de las cosas; un cambio tan necesario como aún esperado en Mali y en buena parte del continente.

-¿Qué cuenta Cissé en su cine?

-Cissé aborda con una mirada casi documental, a través del docudrama, el melodrama y el cine político las consecuencias del post colonialismo, vertiendo una visión crítica con su país, sin mirar atrás, con lucidez y dureza, señalando de forma directa a los gobernantes africanos, que en lugar de romper con el mundo colonial, han escenificado una mera sustitución de los antiguos amos coloniales por una nueva casta dirigente que se aprovecha de las prebendas del poder, para instaurar regímenes corruptos que explotan al pueblo de la misma forma que lo hacían los antiguos colonizadores: un cambio de amo por otro. Cissé apuesta siempre por la revolución, protagonizada por nuevas y jóvenes generaciones que deben entrar en un conflicto intergeneracional, que no es otra cosa que un enfrentamiento político con las fuerzas corruptas y explotadoras de sus mayores, que han decidido sustituir a sus colonizadores sin descolonizar las mentes, como pide en su cine, su vida y su militancia otro gran cineasta africano: el etíope Haile Gerima, el más político de los cineastas africanos junto a Cissé y a Sembené, padre de los cines africanos.

-Den muso le valió la cárcel. Y la película fue censurada durante tres años.

-El cine de Cissé es metafórico y Den muso (La joven, 1975) tiene como protagonista a una chica muda, de la cual abusan de forma sistemática los hombres. Ténin, la joven y muda protagonista, vivirá bajo el yugo de una estructura heteropatriarcal que se refugia con hipocresía -puesto que no cumple lo que exige- en las tradiciones para ahogar la libertad y la sexualidad de la joven.

Cuando esta sea violada por Sekou, un joven perteneciente a la nueva burguesía maliense que explota sin piedad a sus conciudadanos, la chica será rechazada por su propio padre (tomando la injusta e hipócrita decisión de echarla a la calle) y también por su violador con el que creía haber iniciado una relación. La furia por el rechazo de toda la sociedad, representada en ambos hombres, le hará tomar una posición radical, de ruptura con todo: quemara la choza en donde Sekou se encuentra con una de sus amantes ocasionales, matándolos a los dos -en una castigo simbólico que Cisse vuelca hacia las clases dominantes- y volverá a su casa para suicidarse: una muerte que Cissé obliga al espectador a mirar en primer término, mientras la muchacha agoniza, dejando constancia de que si no actuamos (los hombres y mujeres malienses) seremos cómplices de esta tragedia. Las autoridades malienses, molestos con la película, por su capacidad de denuncia, por su furia hacia un sistema corrupto y su llamamiento a la acción directa, castigaron a Cissé a la cárcel alegando, de forma estúpida y falsa, que el director había infringido las normas de financiación aceptando capital extranjero para difamar al país a través de una historia que desnudaba a las nuevas autoridades, continuación autóctona de los modos, maneras y mentalidad colonial. Una experiencia amarga que le marcó, pero que no le haría renunciar a su compromiso político y social, como queda de manifiesto en el resto de su filmografía.

-Baara. Tema y simbolismo.

-El título en esta ocasión de Trabajo (1972) para su segunda película aborda la cuestión esencial de la dignificación del ser humano al tener unas metas, una ocupación que le permita ganarse la vida, además de ser útil y aportar a la sociedad. Una vez más el conflicto surgirá entre las viejas generaciones que han ocupado el poder político, pero también el de los medios de producción, frente a las nuevas generaciones de jóvenes malienses que desean enfrentarse a la corrupción y hacer prosperar su país. Los protagonistas son dos jóvenes primos, Balla Trouré y Balla Dioraké, que se conocen por casualidad al inicio del filme y que a raíz de este encuentro enlazaran sus destinos hasta la conclusión de la película; no es casual que Cissé haga coincidir sus nombres, para mostrar dos caras de la misma moneda: una juventud urbana que lucha por modernizar el país trabajando desde dentro del sistema y una juventud rural que acude a las ciudades a sobrevivir como pueda, con trabajos ínfimos y ocasionales, como Balla Dioraké que se gana la vida como carretero hasta el encuentro con su primo que le dará un empleo en la fabrica en la que trabaja como director adjunto; un empleo el de carretero tampoco casual para Cissé que, de esta forma, homenajea al que para él es un referente, Ousmane Sembené, como pionero y padre de los cines africanos, cuya primera película se titula así: Borom Sarret (1963), es decir, el carretero.

La imagen que abre y cierra la película es otra metáfora, como gusta hacer Cissé, que oculta y resume el tema de su filme: ambos primos, unidos de forma simbólica por su nombre, cruzan una hoguera que dejan atrás condensando en esa imagen la lucha revolucionaria contra las instituciones, incluidas las empresas y sus gobernantes corruptos, para lograr un nuevo país, libre por fin de cadenas del pasado. Y es que a pesar de que Balla Trouré será asesinado por encargo del dueño de la fábrica, debido a su empeño en modernizarla y sacar a la luz los sucios manejos de este, será su primo Balla Dioraké el que encabece una revolución en la misma fábrica, logrando desenmascarar a los asesinos y detener al dueño que pretendía huir antes de ser descubierto. De ahí que Cissé solo complete, al final del filme, como coda de cierre, ese camino a través del fuego de ambos primos, victoriosos de forma simbólica (a pesar de la muerte de uno de ellos) frente al capital y las viejas estructuras.

-Coméntenos sobre Finye y la lucha intergeneracional.

-Finyee (El viento, 1982) va a ser la primera y más explícita película política de Cissé, en la que apuesta de forma abierta por la necesidad de una revolución encabezada por los jóvenes encaminada a derrocar del poder a sus mayores, los mismos que han corrompido el país, traicionando los procesos de independencia al instaurar una oligarquía que repite patrones de la era colonial, sólo que con dirigentes autóctonos y una supuesta liberación que no es tal. Cissé aboga en la película por la aniquilación de las formas tradicionales, de las formas del pasado y sus tradiciones, para dar paso a una juventud, sin ataduras con dichas tradiciones, para que construya un nuevo Mali; y lo hará a través de una serie de personajes memorables, en concreto el interpretado por Ismaila Sarr, uno de los actores habituales de Cissé y que constituye el arquetipo de la tradición honesta, pero que no deja de suponer un pasado a superar. Sarr como Kansayé, el abuelo del protagonista, de clase baja como su nieto que está enamorado de Batrou, hija del gobernador militar, interpretado por Balla Moussa Keita, otro de los fijos de la Troupe de Cisse, y arquetipo inverso al de Kansaye: como el coronel Sangaré será el responsable de la tortura y aniquilación de los jóvenes universitarios que forman las fuerzas revolucionarias. Una vez más, la unión de Batrou, hija de Sangaré y de Bah, nieto de Kansayé será una apuesta de Cissé por el desclasamiento y la unión de las nuevas generaciones por encima de la clase social para afrontar con éxito la revolución; las semejanzas/ diferencias fonéticas entre los nombres de ambos dirigentes, el militar y el tradicional supone un simbolismo más que Cissé introduce para mostrar las semejanzas y diferencias que les unen y separan. Tras la detención y tortura de Bah, Kansayé se enfrentará con los poderes del pasado: el coronel Sangaré al que aplica un conjuro y amenaza con matarle si no libera a su nieto y, aún más importante, con las fuerzas mágicas tradicionales de las que él es servidor y custodio, que se expresan a través de ese viento del título y a las cuales Kansayé repudiará, después de enfrentarse con ellas, con un nuevo y definitivo gesto simbólico: quemará su traje tradicional de hechicero y renunciará a sus poderes. El círculo se cerrará cuando los jóvenes universitarios, tras la liberación de Bah, vayan a buscar a su abuelo, Kansayé, para pedirle que encabece la revolución: él se negará, traspasándoles todos sus poderes a ellos, el pueblo de Mali, pero decidirá acompañarlos en la revuelta, cerrando el circulo por el que la auto aniquilación de las tradiciones permite auparse sobre ellas para destruir, al fin, la mentalidad colonial e iniciar un nuevo camino propio para los africanos. Una película imprescindible en la historia de los cines africanos y del cine en general, clave para entender el discurso y los planteamientos ideológicos y narrativos de Cissé.

-Todo cambió en Yeelen, de 1986. ¿Qué cambio se produjo? Recibió el premio especial del jurado en Cannes.

-Pero al mismo tiempo, Yeelen no es más que una continuación de los planteamientos ideológicos, discursivos y narrativos de todo el cine de Cissé, en una muestra de coherencia creativa que apenas tiene parangón en la historia del cine. El cine de Cissé dará un paso de gigante en sus planteamientos estéticos con una película deslumbrante en su puesta en escena y en la realización. Si las anteriores películas de Cissé practicaban una estética povera, realizadas en 16 mm, sin apenas movimientos de cámara, con unos actores que declaman sus diálogos ante cámara y con los modos y maneras del docudrama, Yeelen va a crear un universo mitológico en torno a las leyendas Bámbara que entroncan con los planteamientos antropológicos del cine de Passolini, pero al tiempo aplica un ballet donde una cámara en continuo movimiento enlaza los espectaculares paisajes malienses - sin renunciar a una dura mirada sobre las tierras yermas de la sabana- con los personajes, creando una conexión orgánica, mágica y ancestral entre ellos, en un panteísmo cinematográfico que une narración, discurso y estética al unísono. La apariencia deslumbrante de cuento africano no evita una mirada realista de Cissé, que ha evolucionado y madurado desde su cine anterior, en una progresión que ya podía detectarse en Finye, claro antecedente de esta película. Cissé recurre a las leyendas del Komo, la cultura ancestral Bámbara, llegando a mostrarnos a la asamblea del Komo, en una secuencia que hibrida la mirada mágica y realista y que deslumbra para situar a la película en un lugar singular de la historia del cine. Una singularidad que fue reconocida en el Festival de Cannes al ser la primera película del África Subsahariana en lograr un premio del festival más importante del mundo: el Gran Premio del Jurado de

Cannes en 1987; un logró en el que se adelantará al pionero Semebené que ganará con Camp de Thiaroye el Gran Premio del Jurado en Venecia en la cuadragésimo quinta edición del festival de Venecia, un año después de Cissé. La película es una vez más una llamada revolucionaria al cambio, disfrazada con los oropeles de la leyenda: el enfrentamiento intergeneracional será una vez más la esencia de una trama en la que Nianankoro (Issiaka Kane, un bailarín sin experiencia como actor) se deberá enfrentar, tras una larga huida, a su padre, Soma, guardián de los secretos del Komo y como todos los anteriores patriarcas en el cine de Cissé un dictador egoísta que prefiere matar a su hijo que compartir los secretos del Komo con él. El enfrentamiento final entre ambas generaciones (el viejo y el nuevo mundo) conllevará un aniquilación total de ambos contendientes, en un duelo que remite a los Westerns de Sergio Leone, en el que mediante una luz cegadora (la Yeelen primigenia del título, creadora y destructora al tiempo), consecuencia del choque entre el mazo mágico y el ala del Kuore, herramientas ancestrales y mágicas perteneciente de forma respectiva a Soma y Nianonkoro, ambos contendientes se destruirán mutuamente, aniquilando de paso al antiguo mundo (Soma quedará cegado por la luz, en una nueva metáfora sobre la mirada ideológica al mundo de las viejas generaciones) y darán paso a un nuevo mundo salido de la revolución encabezada por Nianonkoro. La imagen final del hijo de Nianonkoro será la metáfora final de esa revolución que ha conducido al nuevo mundo: el niño recogerá de la tierra un huevo blanco que, junto a otro gemelo, ha aparecido en la arena (como si fueran los ovarios de la tierra creando nueva vida y un nuevo mundo tras la revolución). En ese nuevo paisaje surgido de la luz cegadora, el niño llevará el huevo a su madre ofreciéndoselo con el sol de fondo, mientras ella lo recoge y rescata el ala del Kuore, el legado de Nianonkoro y se encamina con su hijo, el fruto de la revolución y la esperanza futura, hacia ese sol que brilla con fuerza: hacia la luz/ Yeelen de una nueva esperanza y de un nuevo mundo, más justo y mejor, surgido de la revolución. Si Cissé no hubiese enmascarado este mensaje radical en las preciosas, precisas y deslumbrantes imágenes de su leyenda Bámbara habría sido imposible que semejante planteamiento, de una absoluta radicalidad, hubiera sido tan bien acogido y tan premiado. Solo por ello, Cissé debe ser considerado como uno de los cineastas más coherentes y honestos de la historia.

-El apartheid.  WAATI. ¿Cómo trata Cissé este tema?

-En Waati (El tiempo, 1995) Cissé vuelve a recurrir a un concepto, con toda probabilidad el más abstracto de todos los que titulan sus películas. Han pasado casi 10 años entre Yeelen y Waati, lo que da idea de que a pesar del premio en Cannes y el prestigio y reconocimientos subsiguientes, no era nada fácil para un cineasta tan singular, a contracorriente y combativo como Cissé poner en marcha un nuevo proyecto. Sí con Yeelen, Cissé había demostrado que no sea arredraba frente al cambio y la evolución, Waati viene a confirmar ese valor casi suicida del creador que es Cissé, así como la evolución continua de la narrativa del cine del maliense. Si su anterior película era una leyenda Bámbara de fondo político y revolucionario, Waati va a suponer una narración simbólica y experimental que da un paso más allá, sin olvidar nunca el realismo tras la metáfora. El primer salto mortal de Cissé es trasladarse a Sudáfrica para narrar los estertores del Apartheid y el nacimiento de la democracia y el nuevo estado sudafricano: una revolución tranquila que no podía dejar de llamar la atención del viejo combatiente radical que era Cissé y sobre la que no podía permanecer en silencio. En línea con la coherencia y honestidad intelectual de su cine, con su compromiso con la libertad y la igualdad, y en sintonía perfecta con uno de los temas transversales de su filmografía, Cissé hará protagonista de Waati a una niña Sudafricana, Nandi, a la que veremos crecer al tiempo que recorre el continente, en una maduración que es una metáfora esencial de su narrativa: la identificación de la tierra-madre africana con la mujer que la habita, luchando contra las desigualdades y por su libertad y su propia voz. Nandi es la cristalización de todas sus protagonistas femeninas de Tenin a Attou, la mujer de Nianonkoro, pasando por Batrou, mujeres fuertes, decididas y valientes que lucharan por su independencia y por encontrar nuevos caminos para Mali y para ellas mismas, madres del futuro de Mali: madres de la revolución. La película es así un resumen y una condensación de las preocupaciones esenciales del cineasta maliense que eleva su voz y su tono a todo el continente, en una evolución (y una generalización), una vez más coherente con sus planteamientos ideológicos y con la consecuente mirada al mundo que se deriva de ellos. Waati volvió a concursar en Cannes, como reconocimiento de sus méritos, pero no supuso, esta vez, ningún gran premio para Cissé y convirtiéndose a la larga en su última obra relevante, en una triste y lúcida constatación de que la rebeldía se paga, por mucho que se llegue a ser el más reconocido de los cineastas africanos de la historia.

-Cissé murió en febrero del 25. ¿Usted cree que pasará a la historia o que caerá en el olvido?

-Cissé estará siempre en la memoria y el corazón de aquellos cinéfilos, estudiosos, historiadores y amantes, en general, de los cines africanos subsaharianos y del buen cine. Pero también lo estará en la mente y los corazones de los que sepan apreciar un discurso valiente, personal, coherente, radical y comprometido con la realidad de su tiempo y de sus gentes, los africanos (los malienses), a los que nunca quiso abandonar. ¿Es eso suficiente para la posteridad? Quizá no lo sea para la historia y la memoria escrita con mayúsculas: unas falsas mayúsculas que pretenden borrar la historia que no escriben los ganadores, la que elude a los sicarios de la ideología dominante, siempre pendientes de silenciar la rebeldía, el pensamiento independiente y la radicalidad de planteamientos ideológicos que, en una moral suicida bien calculada y asumida, se niegan a la esclavitud moral e intelectual.

Tags: cineastapelícula

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