Hace unos diez días se daba a conocer la fecha del 6 de junio para la celebración de la Conferencia de Presidentes que pretendía convocar Pedro Sánchez en Barcelona, aceptando así la invitación de Illa, que había propuesto como sede el majestuoso Palacio de Pedralbes allí en la Ciudad Condal. Sin embargo, a estas alturas, nada confirma que efectivamente vaya a celebrarse el encuentro en esa fecha, en dicho lugar y con el fin de hablar de vivienda, FP y Universidad, como quiere el Gobierno central. Tampoco hay certeza siquiera de cómo sería el desarrollo de la sesión, si un monólogo unilateral como quiere el PSOE o un debate como defiende el PP.
El caso es que la reunión de la comisión preparatoria, encabezada por el ministro de Política Territorial, Ángel Víctor Torres, se saldó ayer sin acuerdo alguno. Es más, podría hablarse de un bloque institucional ante la falta de consenso en cualquiera de los aspectos que rodean a esa Conferencia de Presidentes, cuyo antecedente hay que situarlo en el mes de diciembre y en Santander. Allí estuvo el vicepresidente primero del Gobierno melillense, Miguel Marín, en representación de la Ciudad Autónoma. Y fue un monólogo donde cada uno tenía un tiempo tasado para exponer su tema y cada mochuelo a su olivo.
El caso es que el PP ha dicho ¡basta! y quiere un formato muy distinto. Los presidentes de las autonomías populares, incluidas Ceuta y Melilla, quieren debatir con Sánchez y, además, proponen sus propios temas, entre ellos el contenido del próximo acuerdo sobre financiación autonómica, establecer un sistema de seguridad para evitar apagones como el ocurrido hace semanas o la adopción de medidas que impidan la okupación en todas sus variantes. Creen estos representantes públicos que la fecha, el orden del día y el método de trabajo debe ser consensuados, dándose la circunstancia de que el PP tiene bajo su siglas a la mayoría de los territorios de España.
Total, la reunión terminó como empezó: sin acuerdo alguno en ningún sentido. Es decir, la Conferencia de Presidentes está en el aire y no es de extrañar porque sus últimas reuniones han puesto de manifiesto que sirven poco al interés público de los españoles, cuyos problemas reales están muy lejos de que Pedro Sánchez quiera construir un nuevo relato y aparecer como estadista ahora que tiene tan difícil su situación política.








