El pasado día 16 de junio, a Yamal Zarioh y Sheima Mimun se les cayó el techo de la casa con sus dos hijos dentro. Afortunadamente no hubo que lamentar ninguna desgracia, pero podría haber pasado, y eso que llevaban más de ocho meses avisando a la Consejería de Políticas Sociales y a la Empresa Municipal de la Vivienda y Suelo de Melilla (Emvismesa) de que estaban malviviendo con dos niños pequeños y de que la niña había cogido asma por el amianto y la humedad. Lo del amianto fue una sorpresa para ellos, que no lo sabían hasta que se lo dijeron los Bomberos.
La Ciudad Autónoma les pagó unos días de hotel y luego los derivó al albergue de San Vicente de Paul, lo que ellos no aceptaron, porque, como dice Sheima, “no es un sitio para una familia con niños pequeños”. Ella piensa que no es más que “una cama prestada” y que “una cama prestada no es un hogar”. La situación se agrava si se piensa que en septiembre comienza el colegio sin que tengan visos de solución.
Un mes y medio lleva esta familia, desde que se cayó el techo de su casa, solicitando un informe de vulnerabilidad que les solicitan desde Emvismesa para poner una solución y que supuestamente tiene que elaborar la Consejería de Políticas Sociales. Ella cree que no se ha hecho dicho informe, aunque asegura que sí tiene constancia de que, desde la Consejería, se ha dado orden para que se haga en la oficina que hay en el barrio de Corea, que es el que les pertenece. Sin embargo, cuando fueron allí el pasado viernes, alguien les dijo que no sólo no lo habían hecho, sino que no tenían orden de hacer el preceptivo informe de vulnerabilidad que necesitan. Otro trabajador social les confirmó que sí sabían que tenían que hacerlo, con lo cual todo son contradicciones que no hacen sino aumentar la inquietud de esta familia.
En este punto, Sheima aprovecha para hacer público el “mal trato” que han recibido en esa oficina de la Consejería de Políticas Sociales en Corea, donde una trabajadora social les “vaciló”, se “cachondeó” de ellos y, para rematar, dio orden de que no se les atendiera y que no se les diera más información, tras lo cual les pidió que se marcharan.
Un mes y medio después del derrumbe del techo, esta familia se encuentra de casa en casa de amigos y conocidos, quien los acoja cada día, y, cuando no encuentran adónde ir, montan una tienda de campaña.
Rechazaron el albergue por varios motivos. De allí tendrían que salir todas las mañanas de 9 a 13 horas en pleno verano y, además, con dos niños pequeños -uno de ellos con autismo e hiperactividad- no pueden estar encerrados en una habitación. El albergue, por tanto, cree Sheima, “no es una solución viable”.
Una solución viable es precisamente lo que esta familia demanda a la Consejería mientras que se realiza el preceptivo informe de vulnerabilidad, que esperan que se haga lo antes posible. En este sentido, Sheima reclama a Políticas Sociales que llame a la oficina de Corea para ver qué está pasando y por qué no se ha emitido el informe, porque desde la Consejería les aseguran -dice ella- que ellos están esperándolo para entregarlo a Emvismesa. O sea, que Políticas Sociales se remite a la oficina de Corea, pero allí se les dice que no se está haciendo nada.
Sin respuesta
Su casa, según les comentaron los Bomberos, es “un sitio inhabitable” desde que se cayó la mitad del techo y corre el riesgo de derrumbe total, a lo que se suman la presencia de amianto y los problemas respiratorios que acarrea en los niños.
Desde Emvismesa se les asegura que buscarán una solución lo antes posible, pero que, para ello, necesitan ese informe de vulnerabilidad que nadie sabe dónde está.
Por ello, este martes, Sheima ha acudido a la sede de la Consejería de Políticas Sociales para hablar con Randa Mohamed, quien en esos momentos se encontraba en el pleno de control. Tampoco ha sido posible dar con ningún otro responsable que estuviera al tanto de lo que está sucediendo en la oficina de la Consejería en Corea. Una queja esta que no es solamente suya, cuenta Sheima, quien apunta que hay “muchos ciudadanos quejándose mucho tiempo de algunos trabajadores de Corea y de Las Palmeras, donde pasa prácticamente lo mismo y se deniegan ciertas ayudas que están disponibles para los ciudadanos que lo necesitan”.
Un grito de auxilio
“Quiero pedirle por favor tanto a la Consejería como a Emvismesa que se pongan en nuestra piel por un momento, que piensen que esos dos niños pequeños inocentes son sus hijos por un momento y que a nadie le agrada estar en una situación así. Que se pongan en nuestro lugar y así podrán comprender la situación tan extrema en la que estamos viviendo”, declara Sheima a El Faro.
El panorama, ya de por sí complicado, se agrava con los problemas de salud que sufre su marido, quien el lunes por la noche estuvo en Urgencias y este martes no ha podido acudir con ella a buscar soluciones a la Consejería. Tiene dos enfermedades: una subluxación de la que se tiene que operar y otra más grave de la que se tiene que tratar en Madrid, pero ahora mismo no es posible.
Sin trabajar ninguno de los dos, sobreviven como pueden con 800 euros de pensión. Con esos ingresos, evidentemente, no pueden alquilar una vivienda -que fue lo que se les sugirió- aunque se les ayudara con la entrada y el primer mes, porque, además, Sheima recuerda que “nadie en Melilla te alquila una vivienda con un sueldo de 800 euros, porque los requisitos principales son tener una nómina alta y un aval”. Ella comprende que, en esta situación, nadie les va a alquilar una casa.
Por eso, piden una vivienda de protección oficial (VPO), que sí podrían permitirse pagar, y teniendo en cuenta que sabe que hay algunas vacías. “Si no hubiera, lo entenderíamos, pero hay VPO vacías. Entonces ¿por qué se encuentran familias en la calle? Aceptaríamos una VPO y pagar esa cantidad. Eso sí podríamos permitirlo, pero un alquiler, tal como está el mercado, a 700-800 euros una habitación, con 800 euros malvives para comer”, argumenta esta ciudadana.
La necesidad de un hogar para Yamal y Sheima es cada día que pasa más urgente: dentro de poco empieza el colegio y además están pagando dos seguros de salud, porque “la sanidad en Melilla está como está” y se ven obligados a estar viajando constantemente para intentar solucionar esos problemas.
A última hora de la mañana, por fin, les han informado de que está todo en orden para emitir su expediente. Sin embargo, Yamal no tiene demasiada confianza en que ello vaya a suceder pronto, porque no es la primera vez que se lo han prometido, aclara.
Los dos adelantan que seguirán manifestándose y acudiendo a cuantas instancias sea necesario. No cejarán en su empeño en que las autoridades los escuchen y los ayuden a poder vivir dignamente después de la desgracia que sufrieron.









Buscad trabajo , para darle un buen futuro a esos niños , suerte un abrazo