La brutal agresión que tres jóvenes de origen magrebí proporcionaron a un anciano en la localidad de Torre Pacheco (Murcia) el pasado día 9 de julio desató una ola de violencia que derivó en varias noches de disturbios con barricadas y lanzamientos de objetos a gran escala.
En un pueblo con una alta tasa de inmigración, especialmente magrebí, movimientos de ultraderecha aprovecharon la ocasión para convocar por redes sociales a sus seguidores, muchos de los cuales entraron en el pueblo para armar más gresca de la que ya había.
Ello obligó a la Policía a multiplicar su presencia e incluso a cerrar los accesos al pueblo después de que ya hubiera habido varios heridos y múltiples detenidos.
Esto es el pan nuestro de cada día no sólo en España, sino en todo el mundo. No hay más que recordar, por ejemplo, los múltiples incidentes que han montado durante los últimos años los conocidos como supremacistas blancos en los Estados Unidos, a lo que en ocasiones contribuyó Donald Trump con discursos incendiarios.
La violencia es algo que no tiene ningún sentido, y menos por razones como esta, que no se sujetan ni cogiéndolas con alfileres. Ni el color de la piel, ni la raza ni la religión pueden suponer una excusa para la barbarie. Nadie es mejor que otro por profesar determinada fe, ni por el hecho de ser más blanco o tener los ojos más azules. Ya tuvimos una experiencia nefasta durante el nazismo con los judíos y, por desgracia, muchas veces da la impresión de que no hemos aprendido de los errores.
Sería muy necesaria una educación que prevenga de la comisión de estos delitos de odio, que en absoluto son justificables, y para aprender a vivir en armonía, ya que el mundo es lo suficientemente grande para que quepamos todos.
En Melilla la convivencia entre diferentes está mucho más normalizada que en otros lugares de España y, aunque se hayan vivido también episodios desagradables, por ejemplo, a cuenta de la guerra de Gaza -aunque, por fortuna, no tan graves como los que está habiendo en la localidad murciana-, la ciudad tiene una oportunidad para gritar al mundo que se puede convivir en paz entre distintos. No estaría de más hacer un poco de pedagogía en el resto de España, por lo que pueda servir.
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