Aduana comercial.
Más de cuatro años después de que se anunciara la reapertura de las aduanas comerciales de Ceuta y Melilla como uno de los grandes frutos del nuevo entendimiento diplomático entre España y Marruecos, la realidad se impone con una contundencia difícil de rebatir: la normalización comercial prometida sigue siendo una asignatura pendiente. Lo que debía convertirse en un símbolo de cooperación y desarrollo económico se ha transformado en un ejemplo de expectativas incumplidas.
La inauguración oficial de las aduanas en enero de 2025 generó esperanza entre empresarios y operadores económicos que llevaban años esperando recuperar una actividad esencial para el futuro de ambas ciudades autónomas. Sin embargo, los datos y los testimonios de quienes conocen la realidad sobre el terreno reflejan una situación muy distinta. El tránsito de mercancías continúa siendo mínimo, condicionado por autorizaciones específicas y limitado a determinados productos y volúmenes. Difícilmente puede hablarse de normalidad cuando el paso de camiones es una excepción y no una rutina.
Resulta especialmente preocupante la brecha existente entre el discurso oficial y la percepción de los sectores económicos afectados. Mientras desde el Gobierno central se insiste en que las aduanas funcionan con normalidad, empresarios de Ceuta y Melilla denuncian que la actividad real es prácticamente testimonial. La confianza, elemento imprescindible para cualquier inversión o iniciativa comercial, se resiente cuando las promesas no se traducen en hechos tangibles.
La situación adquiere una dimensión aún más preocupante porque afecta directamente a la diversificación económica de dos territorios que necesitan ampliar sus oportunidades de crecimiento. Melilla y Ceuta no pueden permitirse que una infraestructura estratégica quede reducida a una función simbólica. Una aduana comercial debe facilitar el intercambio regular de mercancías, ofrecer seguridad jurídica a los operadores y funcionar bajo criterios previsibles. Todo lo que se aleje de ese modelo genera incertidumbre y paraliza proyectos empresariales.
La inminente Operación Paso del Estrecho añade además nuevas incógnitas. Si, como ya ocurrió anteriormente, la actividad comercial vuelve a quedar subordinada a otras prioridades operativas, la sensación de provisionalidad se consolidará aún más. No es razonable que una infraestructura llamada a impulsar la economía local dependa constantemente de circunstancias excepcionales.
España y la Unión Europea deben mantener una posición firme en la defensa de unas fronteras que son también fronteras europeas. La cooperación con Marruecos es necesaria y deseable, pero esa cooperación debe traducirse en compromisos efectivos y verificables. Porque una aduana que apenas mueve mercancías puede estar abierta sobre el papel, pero para quienes esperan que cumpla su función económica sigue, en la práctica, cerrada.
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