El verano invita a disfrutar y aprovechar el tiempo vacacional en actividades lúdicas, encuentros familiares y chapuzones que alivien nuestro calor. En una ciudad como Melilla la playa se convierte en un reclamo para muchos ciudadanos durante la semana, pero, especialmente, los sábados y los domingos. Durante la mañana, las sombrillas se van ocupando. Los más madrugadores aprovechan para colocar sus enseres, darse el primer baño del día o pasear por la orilla. Las horas pasan y la playa comienza a invitar a más y más melillenses, hasta el punto en el que encontrar un espacio vacío con sombra donde acomodarse se vuelve tarea imposible a pesar de la amplitud de la costa. Ante el calor y la tentativa del mar, incluso, algunas personas optan por recogerse bajo la sombra de las palmeras más cercanas.
Los días de viento de poniente, la afluencia es menor, pero siempre hay bañistas que encuentran en la playa un refugio refrescante, una actividad que hacer junto a amistades o una forma de entretener a los más pequeños que llenan de palas y cubos la arena y disfrutan correteando al aire libre y chapoteando en el mar.
La playa se convierte en un espacio de encuentro en el que muchas personas aprovechan para comer en familia o con amigos. En ocasiones, nos planteamos los almuerzos como una forma de amenizar el día y compartir con otras personas unas horas de dispersión y degustación. La costa suele ser un espacio para aprovechar esos momentos. Algunos optan por prepararlo todo, llenar neveras y disfrutar desde la arena plantando mesas y sillas. Otras personas prefieren comer en casa o en la piscina. Por último, están las que hacen reservas en restaurantes de la ciudad sin tener que preocuparse de los quehaceres que implica prepararlo todo. Es aquí, donde estar cerca de la arena se convierte en una facilidad y en una opción cercana a la sombrilla.
Melilla cuenta con un amplio paseo marítimo, en cuya primera línea se encuentran diferentes servicios de hostelería a los que acudir. Aquí nos envuelve la brisa del mar y nos deleitamos con la imagen del mar ante nuestros ojos. No obstante, dentro de la arena, únicamente podemos divisar un chiringuito en activo en la playa de los Cárabos. El Soul Beach. En este restaurante, la cocina empieza a trabajar a las 11 de la mañana, el resto del personal se incorpora paulatinamente para acondicionar el lugar. Pues todo debe estar listo a la hora de recibir a los clientes y sacar las comandas. “Las preparaciones son complicadas porque aquí se juntan más de 100 personas los fines de semana”, asegura Luis, uno de los propietarios. Él confía en la cocina y sus profesionales asegurando que se trata del “motor de cualquier bar y si ellos funcionan lo demás ya tiene que volar”. Y es que, el Soul Beach ofrece una amplia gama de productos más allá del pescado en “un lugar privilegiado situado a 50 metros del agua”, resalta el propietario.
Este chiringuito no sólo es un reclamo turístico, al ser el único que se posiciona en la propia arena, sino que aporta a la ciudadanía a través de sus servicios gastronómicos y sus actuaciones como monólogos, conciertos o celebraciones. Cristina y Jorge esperan en la entrada del local. Sentados con sus trajes de baño y atuendo playero tras pasar la mañana en la playa han decido quedarse a seguir disfrutando. “Es el único y siempre apetece cuando uno viene a la playa desentenderse del momento de la comida y tener algo cercano” sostiene Cristina. Por su parte, Jorge señala que la extensión de la playa favorecería tener algún espacio más como este, “estás en la playa, improvisas y dices: en bañador mismo me tomo algo”.
Siguiendo la curvatura de las tres playas situadas entre los puertos de Melilla Y Marruecos, encontramos otro chiringuito totalmente desocupado. En pleno verano, el lugar está abandonado desde hace varios años. Las ventanas recubiertas con madera, el suelo levantado, las losas esparcidas y los toldos desgarrados. Un lugar que algunos melillenses recuerdan haber disfrutado dentro de la playa de la Hípica. “Esto es una pena, este chiringuito cerrado” sostiene Rosa desde una sombrilla frente al mismo. Una idea que comparte María José. El Bambú era un lugar que no sólo se comía, sino que también podía ofrecer un espacio a la juventud. Una alternativa que se mantiene cerrada y que muchos vecinos conciben con cierta desazón. “Al final, o lo quitas o lo dejas, pero es una pena verlo así, incluso puede suponer hasta un riesgo”, apunta Laureano mientras hace uso de las duchas frente al chiringuito mientras observamos su estado.
El restaurante Miguel Benítez es otra de las opciones que pueden disfrutar los bañistas para aprovechar el día y acogerse a una degustación de platos mediterráneos, principalmente basados en paellas, pescados y mariscos, pues son su especialidad. Miguel Ángel Benítez también echa de menos el ambiente que puede proporcionar tener más chiringuitos a su alrededor. “Me gustaría que hubiese tres o cuatro chiringuitos, porque esto da vida. Cuantos más restaurantes y más chiringuitos hubiese en el Paseo Marítimo sería mejor para la ciudad y para todos”, alega. Asegurando que “hay veces que es mejor tener competencia al lado, es bueno”. Su terraza está frente al mar y esto se convierte en un reclamo para turistas y melillenses que “vienen, comen y se vuelven a la playa u otra gente que llegan directamente desde sus casas”.
Ante esta falta de servicios hosteleros dentro de la arena, existen alternativas que, para algunos melillenses les ofrece un desasosiego y una comodidad. Al otro lado de la carretera, diferentes negocios ofrecen una amplitud variada de platos y cierta comodidad para desprenderte de los preparativos de las comidas. El restaurante Pizzería La Sirena comenzó su andadura hace un año y ofrece una variedad de comida desde pescado y paella, hasta pizzas, pasta y hamburguesa. María llegada desde la costa almeriense, ve en este aspecto la principal diferencia respecto a la costa de la que procede. En ella no hay chiringuitos en la arena, pero la oferta gastronómica aquí la contempla algo distinta. “No hay sitios donde vendan pizzas o hamburguesas, se trata más de tapas” sostiene. Por su parte, Geraldin resalta el privilegio de esta ciudad de poder disfrutar de la playa al tiempo que te sientas “a comer un buen plato de comida” y “económico”, añade su hermano. Bajo la tranquilidad y la paz de estar frente al mar.
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