Cultura y Tradiciones

Una mirada sensible que cristaliza el tiempo para convertir los recuerdos y las emociones en arte

La obra de Lubna El Filali Hamed parte de una forma distinta de mirar el mundo para transformar emociones, identidad y recuerdos personales en creaciones irrepetibles

Para Lubna El Filali Hamed, conocida artísticamente como Cyolubnan, crear comienza mucho antes de mezclar pigmentos, preparar moldes o dejar que la resina cristalice lentamente. Todo nace en la forma en que observa cuanto la rodea. Habla de percibir el mundo de manera diferente, de descubrir posibilidades donde otros ven un objeto acabado y de conceder una segunda vida a materiales que parecían haber perdido todo su valor. Una piedra recogida en la playa, un fragmento de cristal moldeado por el mar o un soporte destinado al olvido pueden convertirse en el punto de partida de una nueva creación.

Esa misma sensibilidad la acompaña durante todo el proceso artesanal: en la paciencia necesaria para dejar que cada capa cure a su ritmo, en la búsqueda del equilibrio entre colores y texturas y en el cuidado con el que cada elemento encuentra su lugar antes de dar una pieza por terminada. Es una forma de entender la artesanía que ha ido construyendo a lo largo de más de siete años de aprendizaje y experimentación, haciendo de la resina mucho más que un material artístico. Bajo su transparencia encapsula recuerdos, emociones e historias que permanecen suspendidos en el tiempo, transformando instantes efímeros en pequeñas obras destinadas a perdurar.

Ese modo de mirar comenzó a tomar forma siendo todavía muy joven, durante un viaje a Málaga junto a su madre. Allí conoció a una amiga de la familia que realizaba pequeñas piezas de joyería con resina epoxi como afición. Aquella demostración despertó una curiosidad que no se quedó en un interés pasajero. De regreso a Melilla comenzó un largo camino de aprendizaje autodidacta, impulsado por una necesidad constante de comprender el material más allá de su apariencia y de transmitir a través de ella, todo lo que el Mundo le hace sentir. No se conformó con reproducir técnicas vistas en internet; quiso estudiar qué era realmente la resina, cómo reaccionaban sus componentes, qué tipos existían, para qué servía cada uno y qué posibilidades ofrecían. Durante años reunió apuntes, manuales e información, experimentó con ello, hasta construir un conocimiento que hoy aplica en cada una de sus obras.

A esa formación autodidacta se sumó posteriormente su paso por la Escuela de Arte de Melilla, donde ha completado el grado —a falta únicamente de la presentación del proyecto final—. Los estudios de diseño reforzaron una intuición que ya estaba presente en su forma de crear: la importancia de la composición. La distribución de los elementos, la armonía cromática o el equilibrio visual forman parte tanto del diseño gráfico como de las piezas que desarrolla con resina. Para ella, ambas disciplinas dialogan constantemente. Diseñar un cartel, una camiseta o construir una bandeja, una mesa o un cuadro responde a la misma necesidad de ordenar visualmente una idea antes de materializarla.

La resina, explica, es un universo mucho más amplio de lo que suele apreciarse desde fuera. Bajo un mismo nombre conviven materiales con propiedades completamente distintas. Algunas formulaciones están destinadas a pequeñas joyas o llaveros; otras, más densas, permiten trabajar grandes formatos como los cuadros con efectos marinos que crea la artesana; existen también resinas específicas para superficies en contacto con alimentos y otras concebidas para mobiliario o decoración. Conocer esas diferencias resulta imprescindible para obtener el resultado esperado en una superficie específica.

El proceso tampoco consiste únicamente en mezclar dos líquidos. La resina epoxi combina una base con un catalizador que inicia el proceso de curado hasta convertir la mezcla en una superficie sólida con apariencia de cristal. A partir de ese momento entran en juego numerosos factores: la temperatura ambiente, la humedad, el grosor de la capa o la velocidad con la que se trabaja la mezcla. Cada uno de ellos condiciona el acabado final.

Por eso la paciencia ocupa un lugar central en su trabajo. Cada capa necesita su propio tiempo antes de recibir la siguiente. En verano, el calor acelera el endurecimiento y obliga a trabajar con mayor rapidez; durante el invierno, el proceso se ralentiza y los tiempos de espera se multiplican significativamente, alargando el proceso. Mientras tanto, la artista y artesana vigila la aparición de burbujas, controla el movimiento de los pigmentos y adapta cada técnica a la pieza que tiene entre manos. En sus cuadros inspirados en el mar utiliza resinas especialmente densas que le permiten moldear lentamente las olas con ayuda de una pistola de calor, consiguiendo ese movimiento característico que se ha convertido en una de sus señas de identidad.

Además de la resina epoxi, trabaja con otros materiales como la resina mineral, mezclada con agua y de secado mucho más rápido, que emplea para pequeñas piezas decorativas y cuyo acabado es más parecido a la cerámica. Se trata de una resina no tóxica que también incorpora a algunos de los talleres que imparte, especialmente con niños y niñas. Otra tipología es la resina UV destinada a joyería y elementos de reducido formato, cuyo endurecimiento se produce mediante una lámpara ultravioleta en cuestión de media hora.

La inspiración encuentra un reflejo constante en todo lo que le transmite en Mundo y, especialmente Melilla. El mar aparece repetidamente en sus creaciones a través de tonalidades azules, efectos de oleaje y materiales recogidos en las playas de la ciudad. Piedras, pequeños cristales erosionados por el agua o elementos naturales se integran en composiciones donde también tienen cabida conchas, pigmentos y texturas que evocan el paisaje costero. Ese vínculo con el entorno también se manifiesta en otros trabajos, como las camisetas ilustradas con referencias a la ciudad y la cultura rifeña. Teteras, vasos de té, frases en árabe, símbolos identitarios o palabras motivadoras aparecen en unos diseños que buscan reflejar costumbres profundamente arraigadas en la vida cotidiana melillense. También mira más allá de lo local, y realiza piezas con marcado carácter solidario, especialmente con piezas artísticas que recuerdan a Palestina.

Sin embargo, más allá del componente estético, El Filali persigue una idea que atraviesa toda su producción: la exclusividad. Procura que cada pieza sea diferente, incluso cuando parte de un diseño similar. Considera que los objetos artesanales deben conservar un carácter único, especialmente cuando están destinados a convertirse en un regalo o en un recuerdo personal. Esa filosofía alcanza su máxima expresión en los trabajos de encapsulado. Entre los encargos que realiza figuran ramos de novia cuidadosamente reconstruidos dentro de bandejas o cuadros de gran formato, donde cada flor vuelve a colocarse manualmente respetando su disposición original. También conserva mechones de cabello de animales, dientes de leche infantiles u otros pequeños recuerdos familiares que permanecen protegidos bajo la transparencia de la resina.

Más que preservar un objeto, estas obras buscan conservar una emoción. Cada pieza funciona como un pequeño archivo de la memoria, capaz de detener el paso del tiempo y transformar un instante efímero o un recuerdo en un elemento tangible que acompañará durante décadas a quien lo recibe. Con los cuidados adecuados, explica la artesana, estas creaciones pueden mantenerse en perfecto estado durante más de cuarenta años. Su catálogo continúa creciendo con lámparas iluminadas mediante luces LED encapsuladas, tablas de cocina elaboradas con resinas aptas para uso alimentario, mesas, bandejas, marcapáginas, joyería y objetos decorativos que exploran continuamente nuevas posibilidades del material.

Desde que obtuvo el carné de artesana, El Filali ha participado en distintos mercadillos y ha compartido sus conocimientos a través de talleres celebrados durante 2025, dirigidos tanto a adultos como a niños. Fueron experiencias que desarrolló junto a su amigo Óscar Jiménez, quien le cedió su local, colaboró en la organización de las actividades y dio visibilidad al proyecto mediante la difusión de cada convocatoria. Lubna recuerda hoy aquel respaldo con especial cariño y lo mantiene presente como un reconocimiento a quien la acompañó en una etapa decisiva de su trayectoria.

Después de más de siete años de investigación, estudio y experimentación, la resina sigue siendo para ella un material abierto a nuevas posibilidades. Cada creación comienza con una mirada distinta sobre lo cotidiano y termina convirtiéndose en una pieza irrepetible donde conviven técnica, paciencia y emoción. Porque, en el universo creativo de Lubna El Filali Hamed, la artesanía no consiste únicamente en fabricar objetos, sino en descubrir aquello que otros no ven y ofrecerle una nueva oportunidad para permanecer, una mirada delicada; una mirada artística.

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