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Una Feria a la medida de los más pequeños en el interior de la Caseta Infantil

Juegos, hinchables, disfraces y manualidades llenan una Caseta Infantil pensada para jugar, crear e imaginar lejos de las pantallas

por Alejandra Gutiérrez
31/08/2026 17:45 CEST
Una Feria a la medida de los más pequeños en el interior de la Caseta Infantil

Área temática de espectáculos en el interior de la Caseta Infantil de la Feria. -Cedida por Abracadabra-


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A las dos de la tarde, cuando el calor todavía invita a buscar la sombra y buena parte de las familias hace una pausa para comer, la Caseta Infantil de la Feria de Melilla abre sus puertas. A esa hora el movimiento es todavía tranquilo, pero basta con que avance la tarde para que el ambiente cambie por completo. A partir de las cuatro, el espacio comienza a llenarse de niños y niñas que entran y salen, corren, saltan, juegan, dibujan, se disfrazan y buscan en cada rincón una nueva forma de entretenimiento. La carpa infantil se convierte entonces en un pequeño universo dentro de la Feria, un lugar libre de pantallas pensado para que los más pequeños encuentren algo más que atracciones: un espacio donde jugar, crear, imaginar y participar. Este año, además, la propuesta parte de una premisa clara: es una caseta libre de pantallas, donde el entretenimiento pasa por el juego físico, la creatividad, la interpretación y la interacción entre los propios niños.

Nada más cruzar la entrada se percibe que la distribución responde a una idea concreta. Cada zona tiene su propia función, pero todas forman parte de un mismo recorrido de juego. A la derecha se encuentra la zona recreativa compuesta por juegos de mesa, dispuestos incluso sobre mesas temáticas y personalizadas que reproducen grandes tableros de parchís, oca o ajedrez. Unos pasos más allá aparecen los juegos inspirados en las clásicas atracciones de feria: derribar latas, lanzar aros, jugar con bolos o probar la puntería. Son actividades sencillas, reconocibles y vinculadas a la propia esencia de la Feria. Es la primera de las cuatro áreas en las que el equipo de Abracadabra, empresa encargada de organizar este año el espacio, ha dividido la caseta. María Mansilla, una de las monitoras, explica que esta división pretende precisamente ofrecer alternativas y mantener a los pequeños activos durante su estancia. La idea, señala, es que puedan pasar de una propuesta a otra y descubrir diferentes formas de entretenimiento.

Frente a la puerta se abre otra de las zonas más llamativas, el área de espectáculos. Un escenario, acompañado de pequeñas sillas colocadas delante como si se tratara de un teatro, espera a que los niños ocupen las tablas. A un lado, un expositor reúne disfraces y objetos de caracterización: sombreros, diademas, escudos y diferentes complementos con los que cada participante puede inventarse un personaje. El escenario no está pensado únicamente para mirar, sino para actuar. Allí caben los desfiles, los bailes, el teatro o cualquier representación que los pequeños quieran improvisar. Quienes no se atreven a subir pueden ocupar las sillas y convertirse en público, aplaudiendo desde sus butacas a los compañeros que se lanzan a actuar. Su funcionamiento permite que sean los propios niños quienes creen buena parte de lo que sucede sobre el escenario.  Mansilla explica que la zona dispone de un fotocall y de una estantería de disfraces para facilitar esa transformación. Los pequeños pueden elegir un complemento, asumir un personaje y decidir después qué hacer con él.

La imaginación continúa en las mesas de manualidades. Cartulinas, folios de colores, lápices, tijeras, pegamentos, palos de madera, globos y otros materiales permanecen al alcance de los niños para que puedan transformar unos materiales sencillos en sus propias creaciones. La mesa se convierte así en otro escenario, esta vez sin focos ni público: el de la creatividad. Al alcance de las manos hay un expositor lleno de color y posibilidades, donde cada niño y cada niña puede decidir qué construir, dibujar o decorar. Es la tercera área de la caseta. Mansilla destaca precisamente el cuidado con el que se ha preparado esta zona y la variedad de materiales disponibles para que los talleres puedan desarrollarse durante toda la Feria. La intención, explica, es que no falten recursos para que los pequeños encuentren en la manualidad otra manera de permanecer entretenidos y, al mismo tiempo, desarrollar su creatividad. La propuesta no termina cuando acaba una actividad: cada espacio invita a continuar hacia el siguiente.

Al fondo de la carpa, diferentes estructuras hinchables sirven de juego, deporte y diversión a los más pequeños. Es la cuarta gran área del recorrido, la dedicada a las actividades deportivas, donde el ritmo cambia por completo. La colchoneta hinchable comparte espacio con otros elementos como una portería gigante de fútbol, aros, conos y balones. Aquí el juego se convierte en movimiento, saltos y actividad física. Mansilla explica que se ha buscado ofrecer distintas posibilidades dentro de este apartado para que los niños puedan cambiar de una actividad deportiva a otra y que la amplitud de la carpa permita distribuirlos de manera adecuada.

Las cuatro áreas —recreativas, deportivas, espectáculos y manualidades— no funcionan como compartimentos aislados. Precisamente una de las novedades de esta edición pretende que los niños recorran todas ellas. El equipo de monitoras está preparando de manera artesanal una especie de pasaporte de juego, inspirado en el peregrinaje y dividido en cuatro etapas, una por cada sector de la caseta. Cada infante recibirá su pasaporte y, a medida que pase por las distintas zonas y participa en sus actividades, va acumulando sellos como si completara una etapa del recorrido. Mansilla explica que los niños que consigan pasar por un mayor número de sectores irán reuniendo más sellos y que, al final, habrá un detalle para quien complete más etapas. El momento exacto de entrega todavía está por determinar. El equipo prevé que sea entre el jueves y el viernes, aunque durante estos primeros días de funcionamiento aún no se ha decidido cuál de las dos jornadas será la elegida. El pasaporte convierte así la propia distribución de la caseta en un juego y anima a los pequeños a descubrir actividades que quizá no probarían de manera espontánea.

 

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La amplitud de la propuesta requiere también una organización acorde con el volumen de público. El equipo de trabajo está compuesto por seis monitoras en la jornada, encargadas de supervisar las diferentes zonas, apoyar y controlar el movimiento constante de niños. La caseta mantiene un funcionamiento itinerante: los pequeños pueden entrar, jugar, cambiar de actividad y salir sin que exista un tiempo máximo de permanencia establecido. Muchos familiares los dejan durante un rato mientras recorren la Feria o disfrutan de las atracciones, por lo que el flujo de entradas y salidas es permanente.

A pesar del tamaño de la carpa, existe un límite de 40 niños simultáneamente. La razón es mantener una atención adecuada y evitar que una llegada masiva termine perjudicando la experiencia. Mansilla explica que el objetivo es que los niños estén "bien controlados y atendidos" y que el espacio se vaya organizando en función de la actividad. Las monitoras pueden distribuir el flujo entre las diferentes zonas, alternando juegos lúdicos, actividades deportivas, manualidades y espectáculos para evitar que todos los niños se concentren en un mismo punto.

La jornada comienza a las dos de la tarde y se desarrolla hasta las siete, cuando llega una pausa de dos horas. A las nueve vuelve a abrir hasta la una de la madrugada. Las primeras horas suelen ser más tranquilas debido al calor y a que coinciden con la hora de comer, pero a partir de las cuatro la situación cambia. Mansilla define ese momento como una auténtica avalancha de actividad y explica que el volumen de público se mantiene durante buena parte de la tarde y vuelve a crecer por la noche. El día anterior, calcula, habían pasado por la caseta alrededor de un centenar de niños, aunque de forma escalonada.

El calor es otro de los factores que obliga a mantener una atención constante. La caseta dispone de ventiladores de aire frío y de agua fresca para los pequeños, especialmente necesaria cuando la actividad física aumenta. Aunque el espacio esté acondicionado, los niños no dejan de correr y saltar y las temperaturas son elevadas. La función de las monitoras no se limita, por tanto, a organizar los juegos: también consiste en vigilar que los pequeños descansen, se hidraten y puedan continuar disfrutando de las actividades en buenas condiciones.

La programación se completa con espectáculos específicos. El escenario, además de ser un lugar de juego espontáneo, acogerá actuaciones destinadas al público infantil durante la Feria, entre ellas la presencia de Sarapín. Tanto el miércoles como el sábado está previsto un espectáculo a las 21:30 horas, lo que permitirá reunir a los niños frente al escenario y ofrecerles otra experiencia dentro de la misma carpa.

La respuesta de las familias está siendo, según Mansilla, especialmente positiva. Algunos niños regresan después de haber conocido el espacio en días anteriores y otros llegan porque ya conocen a las monitoras de las actividades que Abracadabra ha desarrollado previamente en los barrios de Melilla. Esa relación previa hace que algunos pequeños busquen expresamente la caseta durante la Feria. Para el equipo, que los niños repitan constituye una señal de que la propuesta está cumpliendo uno de sus objetivos principales: ofrecer un tiempo de ocio de calidad. En una Feria rodeada de luces, música y atracciones, la Caseta Infantil propone otra forma de diversión: una en la que el protagonismo vuelve a estar en las manos, el movimiento, la imaginación y el juego compartido.

Tags: Abracadabraactividades infantilesCaseta InfantilFeria de Melilla 2026

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