Poco antes de esta pasada medianoche, fueron muchos los melillenses quienes quedaron sorprendidos al observar como de pronto varias estelas iluminaban el cielo de nuestra ciudad.
Una bola de fuego que, por otra parte, también fue visible en Murcia, Alicante, parte de Andalucía y en el norte de Marruecos.
La lluvia de estrellas de las Perseidas e incluso la entrada de un meteorito en la atmósfera eran las hipótesis más comentadas. Sin embargo, este ha sido un fenómeno totalmente artificial, pues se ha tratado de una reentrada de basura espacial en nuestro planeta.
Ha sido la cuarta etapa de un cohete chino, del modelo Jielong-3 lanzado por el gigante asiático el pasado viernes 8 de agosto, lo que ha provocado una bola de fuego artificial que tanta expectación ha despertado a lo largo de su recorrido nocturno por los cielos.
El Faro ha conversado con el investigador del Instituto de Astrofísica de Andalucía (IAA-CSIC) y del Proyecto SMART, José María Madiedo, quien confirmó que este "preludio de las Perseidas" no ha sido otra cosa que la desintegración de basura espacial.
Madiedo ha recordado como el cohete penetró la atmósfera terrestre a una velocidad de 29.000 kilómetros por hora, iniciando una bola de fuego a una altitud de 118 kilómetros sobre el Océano Atlántico.
Su recorrido arrancó en el Golfo de Cádiz, desde donde sobrevoló Andalucía, Murcia, Albacete y Alicante para volver a pasar sobre el Mar Mediterráneo. De hecho, el investigador ha asegurado que, en el caso de haber resistido la entrada, los restos del cohete han caído en el mar.

Un fenómeno el de la entrada de basura espacial que no es nada infrecuente. De hecho, en más de una ocasión los melillenses han sido testigos de como el cielo se iluminaba a causa de estos fenómenos. Y es que cada día la basura espacial alcanza la atmósfera terrestre y alcanza nuestro planeta. No obstante, la inmensa mayoría de los impactos suelen pasar desapercibidos, al darse en el mar o en territorios despoblados.
No en vano, la proliferación de basura espacial plantea sendos riesgos para las operaciones en órbita. Destacan los posibles daños a satélites activos, interrupciones en servicios esenciales como comunicaciones y navegación y la posibilidad de un efecto dominó de colisiones que podría inutilizar regiones enteras del espacio cercano. Además, algunos restos pueden contener materiales peligrosos.
Jielong-3
El cohete modelo Jielong-3, de 31 metros de longitud formaba parte de una misión china para poner en órbita un satélite de comunicaciones LEO para el fabricante de automóviles Geely Automotive, con el que buscan con probar servicios de conducción autónoma y comunicación entre vehículos.
Tras desplegar la carga útil en una órbita baja, la última etapa realizó una maniobra para situarse en una órbita de perigeo bajo, lo que redujo su tiempo como residuo espacial.
Bola de fuego previa
La bola de fuego de anoche ya estuvo precedida por otro fenómeno similar, aunque este no tuvo nada de artificial, pues se debió a un cometa que sobrevoló los cielos del centro y el este de la península el viernes 8 de agosto, a las 21:55 horas (20.55 GMT) y fue grabado por los detectores que la Red de Bólidos y Meteoros del Suroeste de Europa (Red SWEMN).
Un efecto de la lluvia de estrellas de las Perseidas que fue recogida por la Fundación Astrohita, que trabaja en el Complejo Astronómico de la Hita (Toledo). Este complejo forma parte del Proyecto SMART, una iniciativa del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) que se coordina desde el Instituto de Astrofísica de Andalucía (IAA-CSIC) que monitoriza el cielo para registrar y estudiar el impacto contra la atmósfera terrestre de rocas procedentes de distintos objetos del Sistema Solar.
También se registró por los detectores que este mismo proyecto de investigación tiene instalados en observatorios de Almería, Granada y Huelva, en el sur de España.
Según José María Madiedo, la roca que originó este fenómeno, procedente del cometa 109P/Swift-Tuttle, entró en la atmósfera terrestre a una velocidad de unos 217.000 kilómetros por hora.
El brusco rozamiento de la roca con la atmósfera a esta enorme velocidad hizo que el meteoroide se volviese incandescente, generándose así una bola de fuego que se inició a una altitud de unos 116 km sobre la localidad de Jarafuel (Valencia).
Desde allí avanzó en dirección suroeste, sobrevolando la provincia de Albacete y se extinguió con una gran explosión a una altitud de unos 86 km a la altura de la pedanía de Los Arejos (Murcia).
Su gran luminosidad hizo que este bólido se pudiera ver desde más de 600 kilómetros de distancia y según se ha determinado, recorrió una distancia total en la atmósfera de unos 182 kilómetros.
Según recoge la Fundación Astrohita, la mayoría de las perseidas se generan cuando entran en la atmósfera fragmentos del tamaño de un grano de arena desprendidos de este cometa, dando así a las típicas estrellas fugaces.
Cuando estos fragmentos son de un tamaño superior al de un guisante, el brillo es mucho mayor, lo que genera estrellas fugaces de alta luminosidad que se denominan bólidos o bolas de fuego








